11 jul. 2013

Capítulo 4

Confrontación

— ¿Qué fue lo que le dijiste? —preguntó Vanesa, apenas entro en el departamento, luego de despedir a Niqui en el ascensor.
— Nada —Tony se encontraba recostado plácidamente en la cama, con las manos tras la nuca y contra uno de sus costados Fara se removía en la seguridad de la barrera de almohadones.
— No te hagas el tonto… —lo fulminó con la mirada, pero su hermano solo se limitó a encogerse de hombros— Entonces dame una razón creíble de porque se marchó, si todo estaba muy bien cuando baje a comprar. Los dejo un minutos solo y tú ya tienes que espantarlo.
— ¿Y qué más da? Por cierto, ¿quién era? —había dejado de negarlo optando por su actitud superada que a su hermana menor sacaba de quicio.
Es mi amigo y no tenias ningún derecho —caminó hasta posicionarse junto a la cama y puso los brazos en jarra—. Niqui quería pasar un rato con Fara.
— ¿Con que derecho? —incorporándose con cuidado en la cama para no asustar a su sobrina, Tony interrogó a Nes con la mirada.
— Con el derecho que le da el haber estado cuando tú me abandonaste, Antonio —ella había reconocido perfectamente el brillo que había en los ojos de su hermano, celos. Sabía muy bien hacia donde iba con sus reclamos—. Estuvo en los momentos en que nadie más estuvo conmigo, estuvo cuando no podía estar con Kevin, cuando nació Fara… Creo que eso le todo el derecho de verla o estar con mi hija, si se le da la gana.
— Caperucita… Yo… —la pena reflejada en el rostro de Tony, la hizo consciente de sus propias lágrimas que ardían por salir.
— No digas nada —Nes cerró los ojos un momento. Si continuaba con esa discusión iba terminar llorando y se había prometido no llorar más. Ni por Kevin, ni por ella. Respiró hondo y levantó la cabeza en alto, sonriendo a medias—. ¿Quieres quedarte a cenar?
Tony lo comprendió enseguida, no trató de continuar con su disculpa y le devolvió la sonrisa. Aun así desistió de la cena alegando que tenía que ir a buscar a Mara a la facultad. Los dos necesitaban estar a solas. Las palabras de su hermanita habían removido en él la culpa que lo consumía por dentro. Extrañaba demasiado a su amigo y se arrepentía de todo lo que le había dicho, de haberlo juzgado tan cruelmente.
Cuando salió de su última clase a las ocho de la noche, Mara encontró a su novio esperándola contra la pared junto a la puerta de su facultad. Se sorprendió de verlo allí pues suponía que estaría aún en casa de Vanesa. Le sonrió con sus dientes blancos en el momento que él clavó su mirada en ella, pero esta se desvaneció cuando notó la expresión de su rostro. Se le acercó y puso sus manos en cada una de sus mejillas. Al fin vio sus ojos rojos y no tuvo duda alguna de que había llorado. Sin decir nada, lo abrazó con fuerza y Tony le rodeó la cintura con sus brazos enterrando su cabeza en el hombro de ella.
— Nada fue tu culpa, Antonio —le susurró a ella sin soltarlo—. Ni que Vanesa se embarazara, ni que tu amigo muriera. Debes dejar de culparte por eso, amor… No puedes seguir así. Si te alejaste de tu hermana, ahora es tu momento de devolverle todo el cariño y la ayuda que no le diste antes.
Por unos minutos permanecieron así, con ella consolándolo. Cuando se calmo, se tomaron de las manos y comenzaron a caminar. Antonio seguía cabizbajo.
— ¿Quieres que dejemos al cena con tus padres para otro día? —preguntó Mara sin ver que su estado de ánimo mejoraba.
— No, si la seguimos estirando mamá comenzara a pensar que no quiero presentarte —la miro amorosamente, mientras que su pulgar realizaba círculos en la mano de ella—. No, no… Mejor no complicar más las cosas.
— Como quieras, pero ya deja de pensar en eso ¿sí? —le rogó deteniéndose para poder mirarlo bien a los ojos—. No me gusta verte así.
— Lo siento, Mara —le sonrió para tranquilizarla y antes de que ella le reclamara de nuevo la atrajo hacia su cuerpo para besarla de forma efusiva—. Te amo, nena.
Hacía tres días que no pisaba la casa materna y eso era el lapso más largo que había pasado desde un mes atrás cuando su padre había salido de viaje de negocios. Le alegraba que él volviera ese fin de semana.
Cuando llegaron a la casa, Patricia ya tenía casi todo listo. Solo faltaba sacar el pollo del horno. Se hicieron las presentaciones pertinentes y Mara tuvo que aguantar la mirada escrutadora de su suegra, hasta que esta al fin se digno a sonreírle. Había pasado la prueba. Se sentaron a la mesa con una conversación amena.
— Tal vez el domingo que viene Ramiro haga un asado, ¿Por qué no vienen a comer? —Pat repartía sonrisas a diestro y siniestro— Así Mara podrá conocer a papá, Tony.
— No lo sé, ma… —Tony tenía pensado que pasaran el domingo en casa de los padres de Kevin junto con su hermana menor y su sobrina.
— Ay, Antonio… Con lo mucho que tardaste en traer a la chica —con la mirada pidió disculpas a Mara que se dedicaba comer en silencio.
— No empieces con tus reclamos, mamá —él respiró hondo—. La última vez que quedamos me surgió un imprevisto y tuve que cancelar, durante estos dos meses estuvimos con exámenes no podíamos venir.
— ¿Qué imprevisto, Tony, es más importante que cenar con tus padres? —le preguntó ella medio quejándose en broma.
— Vanesa tuvo a su bebé, mamá —le soltó él enojado y Mara se encogió en su asiento tensionada.
Patricia se quedo estática con los cubiertos en las manos. Durante mucho tiempo, había sido un acuerdo de tácito para el buen llevar el no nombrar a su hermana. Y Tony se había relegado a eso, solo por no crear problemas en su relación con ella; pero después de la discusión que había tenido con Vanesa sabía que siempre se había corrido al costado cuando su madre la había humillado.
…ahora es tu momento de devolverle todo el cariño y ayuda que no le diste… Mara tenía razón. Era momento de actuar y dejar de mirar para otro lado.
— ¿Me pregunto si durante todo este tiempo fue tu orgullo o si de verdad no quieres saber nada de ella? —observó como su madre dejaba los cubiertos junto a los platos y dirigía sus ojos marrones hacia él— ¿De verdad no quieres saber nada de ella? ¿O de tu nieta?
— No creo que sea el momento para hablar de ello, Antonio —Patricia le dirigió una mirada a su cuñada que no atinaba a levantar la cabeza.
— No, quiero hablarlo ahora… Mara ya sabe todo, conoce a Vanesa —entrelazó los dedos sobre la mesa tratando de contenerse—. No entiendo cómo le diste la espalda a tu hija.
— No te hagas el santo, Antonio, hiciste lo mismo —le recriminó su madre.
— Si, lo sé, pero tú eres su madre. Además, yo no deje de hablarle. ¡Dios mío! Ella se fue, se escapó de casa y no te importó en lo más mínimo. Jamás te preguntaste donde estaba o si estaba bien —mientras hablaba sintió como la mano de su novia le apretaba con cariño la rodilla en señal de apoyo—. ¡¿Qué dicen tus queridas amigas de la iglesia de que tu negligencia como madre?! No, claro, eso no es peor que una niña que cometió el error de embarazarse a los dieciocho años.
— ¡Ya basta! —su madre se puso de pie y lo miró con los ojos llenos de furia— No sabes lo que me duele en el alma que mi niña no esté aquí conmigo. No lo sabes.
— Si tanto te duele, acércate a ella, pídele perdón por lo que la hiciste sufrir —Tony le rogaba que recapacitara. Se levantó y puso una de sus manos en el hombro de ella—. Ella te necesita, lo sé. ¿Sabes que Kevin murió? Nes está muy dolida por ello y muy asustada por tener que ser madre. ¿No quieres conocer a tu nieta? Se llama Fara…
— No quiero oír mas —Patricia se desembarazó de la mano de su hijo—. Me duele mucho que no esté aquí, pero me traiciono… Traiciono completamente la confianza que yo le tenía en el mismo momento que quedo embarazada. Si alguien tiene que pedir perdón no soy yo.

— Si es lo que piensas, no hay nada más que decir. Vamos, Mara —ayudó a su novia a ponerse de pie y antes de retirarse de la casa volvió a dirigirse a su madre—. Si quieres verme de nuevo asegúrate de arreglar las cosas con Vanesa antes. Ah, y dile a papá que me llame cuando llegue, voy a necesitar hablar con él.