28 jun. 2013

Capítulo 3

Café y chocolate

Con las mejillas encendidas en un tono escarlata y la mirada baja, Nes dejó una taza de café frente a Niqui. Y luego, se sirvió una para sentarse a la mesa de su departamento con él. Aprovechando que no le miraba, Niqui se dedico a observarla con detenimiento.
Llevaba unas calzas negras que se le adherían deliciosamente a sus piernas largas y un sweater mostaza de cuello vuelto que le llegaba a medio muslo. En los pies botinetas de un gris topo. Se había recortado el cabello que ahora creaba ondas rojizas en torno a su rostro pero sin tocar sus hombros. Parecía mucho mayor, más madura. Pero lo mejor de todo, pensó Niqui, es que esta renovada. Con energía.
— Dulzura, ¿puedes dejar de mirar tu taza y levantar tu rostro? —le cuestionó él, cuando el silencio entre ellos comenzó a volverse algo incómodo— No estoy enojado contigo, Nes —ella dirigió sus ojos aceitunados hacia su rostro y Niqui le sonrió con total sinceridad.
— Lo lamento tanto —ella pidió perdón compungida y sus palabras eran tan atropelladas que él tubo que hacer un esfuerzo para entenderlas—. No quise alejarte de mí, pero simplemente de pronto aleje a todo el mundo.
— No te estoy reprochando nada…
— Lo sé, pero me llamaste tantas veces y no te atendí —ella corrió su silla más cerca de él y le cubrió con la suya una de las manos con al que él sostenía la taza—. Ese día te manipule de manera horrible, tendría que haberte dicho que me daban el alta —ternura y gratitud se traslucían en su mirada—. Tanto que hiciste por mi aquellos días y mira como vengo a pagártelo…
— Sh, ya basta —Niqui soltó la taza para apretar una de sus manos entre las suya y acariciar su mejilla con la otra—. No me debes nada. Lo que hice, lo hice porque te quiero. Tampoco tienes por qué pedirme disculpas. Necesitabas un tiempo para ti misma y eso, después de todo lo que te sucedió. Yo lo comprendo. No es como cuando yo te deje —apretó la mandíbula—, tú tenías una buena razón.
— Te perdono. Gracias por ser el único que siguió insistiendo —ella se inclinó hacia delante, sin liberar su mano y apoyó su cabeza en el pecho de él.
Niqui respiró aliviado. Acarició su cabello con dulzura durante un rato, sabiendo que ella necesitaba esa paz y que a él mismo le agrada tenerla así de cerca entre sus brazos. Nes se dejo mimar, sintiéndose segura como lo hacía en mucho tiempo. Una sonrisa se le formó en el rostro y le dio gusto darse cuenta que el nudo que había permanecido en su garganta de forma constante durante las últimas semanas desaparecía.
— ¿Torta de chocolate? —ofreció Niqui cuando creyó que era el momento adecuado. Ella enarcó las cejas mientras se alejaba de su cuerpo. Él hizo una mueca entusiasta—. Un plato, una cuchara, como la primera vez —se estiró sobre la mesa y cogió el paquete envuelto en papel madera, el cual Nes se había preguntado que contenía—. Imaginé que un reencuentro necesitaba de un buen recuerdo.
Cuando Nes se levantó en busca de lo necesario, él pudo ver fugazmente como una sonrisa arrebatadora le cubría el rostro. Aun así se sintió satisfecho con haberla hecho sonreír y desenvolvió el paquete. Cuando ella volvió a sentase con la cuchara en su mano, él quiso arrebatársela, pero consciente de su intención le esquivó y fue ella quien, con una sonrisa de suficiencia, diera el primero y el segundo bocado a la torta, torturándolo al amenazar con terminársela sola.
— ¡Está buenísima! —Nes gimió de placer cerrando los ojos mientras sentía como el chocolate le revolucionaba la boca.
— Lo sé, es de aquel lugar donde comimos aquella vez. Ahora déjame probarla —frunció el ceño, cuando Vanesa negó como si fuera una niña pequeña, pero no pudo evitar que una sonrisa se extendiera por su cara—. Debí decir dos cucharas —y ambos soltaron una carcajada.
Nes tomo un trozo de torta bastante generoso en la cuchara y, con gracia, lo acercó a Niqui, quien lo cogió con la boca antes de que ella decidiera cambiar de opinión.
En un momento en que ella no estaba concentrada en él, Niqui se dedicó a observar a su alrededor, el loft estaba bastante ordenado, no había nada fuera de lugar y no tenía ni una mota de color a excepción de la cuna blanca con sabanas verde manzanas que se encontraba junto a la cama matrimonial cuidadosamente tendida. Y por primera vez en los minutos que llevaba allí, se preguntó dónde estaba la niña.
— Volverá enseguida —afirmó Nes fijando la vista en la cuna. Cuando Niqui volvió a mirarla, pudo notar que sus ojos verdes estaban humedecidos—. Pasa todos los días al menos una hora con alguien más. Si quiero trabajar debo acostumbrarme a estar sin ella por algunas horas al día.
— Entiendo —dejo la cuchara sobre la mesa, el ambiente que había sido hasta ese momento distendido de pronto se volvió algo tenso—. Debe ser muy duro para ti, siendo que han vivido sin separarse para nada estos dos meses.
— Si  —ella asintió y se dejó envolver por los largos brazos de él cuando este la invitó—, pero quiero darle lo mejor y eso no va ser posible si me quedo aquí en casa. Al menos sé que cuando comience el trabajo, si encuentro uno, Fara se quedará con alguien que conozco. Mi hermano va a cuidarla, por eso la estamos acostumbrando a pasar tiempo con él.
— Me alegro que las cosas entre tú y él estén mucho mejor, Nes —Niqui aún recordaba lo mal que estaban las cosas con su familia cuando recién la había conocido, aunque en aquel entonces ignoraba el motivo—. ¿Y…? Me refiero a cómo esta con…
— No, Niqui —Nes levantó su melancólica mirada hacia él—. Con mis padres no hay vuelta atrás.
— Lo siento.
Vanesa se limitó a permanecer abrazada a Niqui hasta que el teléfono de la casa sonó rompiendo el ambiente que se había creado entre ellos dos. Ella se puso de pie para contestar.
— Mi hermano y Fara han vuelto —sonrió visiblemente agradecida cuando volvió a colocar el auricular en su lugar, no sin antes apretar el botón para que la puerta de abajo se abriera.
— ¿Tu hermano ya está aquí? —Niqui se puso de pie torpemente de tal manera que tiro la silla en la que estaba sentado.
— Si, ya está subiendo.
— Tal vez, yo debería irme—levantó la silla y miró a la puerta con ganas de desaparecer de allí lo antes posible.
— ¿No quieres verla? —preguntó Nes sorprendida de su actitud
— Si, pero tal vez no sea el momento de encontrarme con tu hermano —después de haber dicho esto Niqui se sintió bastante tonto, sobre todo al oír la risa contenida de ella.
— Ay, ni que fuéramos novio —Nes dejó escapar la carcajada.
Camilo no contestó nada, tan solo agachó la cabeza en silencio y se volvió a sentar en la silla. Sintió como algo se rompía dentro de él. Sin quererlo, Vanesa había logrado que sus esperanzas se esfumaran. Tal vez, para él, ya no había segundas oportunidades.


1 comentario:

  1. K bien! Capítulo!!!!

    Uno k, aunke corto, ha sido bonito... pero con un final algo triste... me da pena Niki... A ver cuando Ness abre los ojos y se da cuenta d kien tiene delante ^.^

    Bs y asias x un capi más!

    Pd: yo también publiké el 23 de Sometida jejeje

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