18 may. 2013

Capítulo 2


Un poco de Niqui
Marcó su número, pero a una sola tecla de llamar se arrepintió. Suspirando se quedó mirando el celular. Más de dos meses que no se hablaban. Maldita ella y su terquedad.
— ¿Qué chica te está comiendo la cabeza, corazón? —Dolores se sentó en la mesa frente a su hijo.
— ¿Por qué supones que es una chica, mamá? —Niqui puso los ojos en blanco tratando de disimular— Bien podría ser este libro que no termino de entender…
— Ay, Camilo. Te conozco, desde que eras así de chiquitito —ella juntó el dedo mayor y el índice frente al rostro de él, que la miraba divertido—. Te lo juro. Bien, a lo que iba. Como te conozco se que lo que te pone así es una chica. Y como además soy bruja, se que es la pelirroja que trajiste aquí el año pasado. ¿Me equivoco?
Niqui se rindió y dejó caer la cabeza sobre los libros que se proponía estudiar.
— Jamás te equivocas.
— Oh, mi niño, al fin una que se te resiste —se apiadó su madre medio en broma.
— ¿Y que tiene eso de gracioso? —él frunció en entrecejo ofuscado.
— Nada, corazón, pero si la quieres… pues tendrás que pelearla.
— ¡Lo hago! —le aseguró poniéndose en pie de un salto— Pero todo es tan complicado.
Ella se le quedó mirando a la espera de que él le contara más, para ver si podía ayudarlo en algo. Camilo caminó por el comedor frustrado con la toda la situación, hasta que de pronto, como su madre ya lo suponía, lo soltó todo. Sus sentimientos y todo lo que había sucedido con esa chica desde que se había quedado a dormir allí. En alrededor una hora, Dolores, conoció todo lo que a su hijo le había llevado casi medio año saber. Sintió cierta empatía por esa jovencita que sufría por un amor perdido y que llevaba una hija a cuestas.
— Ya no se qué hacer. Quiero llamarla, pero no ha respondido a los anteriores —se rascó la nuca con desesperación—. Ella jamás me dijo si me perdonaba y yo…
— Paciencia, es lo único que puedo decirte —su madre le miró apenada—. Reponerse de la muerte de un ser querido es muy difícil, Camilo.
Él asintió. Las palabras de su madre no ayudaron a calmar su corazón. Tenía tantas ganas de verla, de ayudarla y ahí estaba tan lejos de ella, sin dejar de lamentar el día en que se fue de su lado.
— Por eso fue que decidiste estudiar —Dolores sonrió al notar lo enamorado que estaba su niño, lo cual, después de tantas amantes transitorias, era todo un milagro.
— Ella… —a Niqui se le subieron los colores aun al saber que hablaba con su madre— se merece alguien que pueda ayudarla. Sé que tal vez el hecho de que ella tenga una hija ya es algo arriesgado y comprometido, pero yo la quiero y estoy dispuesto a hacerme cargo de la niña si ella decide estar a mi lado.
Su madre se levantó de donde se encontraba para acariciarle el rostro con amor. Su niño sufría y ella no podía estar más feliz, por fin parecía que tomaba un buen rumbo en su vida. Al pensar en el pasado, su rostro cambio. Si tan solo en aquel tiempo hubiese estado más pendiente de su niño habría notado que algo andaba mal y hubiera podido hacer algo para ayudarlo.
— Niqui, mañana se cumplirán treinta días màs  —le dijo preocupada y él suspiró sintiéndose culpable de la incomodidad que causaba en ella.
— Si, ma. No te preocupes por eso. Yo ya lo pagué, cancelé la deuda.
— ¿Cómo? ¿Cuándo? —Dolores abrió los ojos sorprendida y después se asusto aún mas— Camilo —le advirtió ella temiendo que su hijo hubiera cometido una imprudencia—. ¿Con que pagaste la deuda?
— Con plata que tenía ahorrada, mamá… Ya aprendí mi lección. No volveré a meterme en más deudas
— No me refería a eso. Creí que yo te daría el dinero.
— Tú no tienes que sacarme de los líos en que me meto, ma —se acercó a la menuda mujer que lo había criado sola y la abrazó con fuerza—. Te quiero mucho y te agradezco todo lo que haces por mí, pero estas son mis luchas y tengo que enfrentarlas solo.
— Bien, pero recuerda que estoy aquí Camilo. Siempre —le aclaró ella con lágrimas en los ojos.
Cuando su madre partió a la cocina para hacer la cena, Niqui volvió a mirar el celular con melancolía. ¡Maldita sea! Si tan solo no se hubiera dejado convencer por ella de volver a casa en lugar de quedarse en el hospital. Pero no, él había vuelto aquella noche a dormir a su casa y cuando por la mañana fue al hospital se había encontrado con que ya le habían dado el alta. No sabía donde vivía y no pensaba ir a la casa de sus padres a averiguarlo.
¿Por qué no contestaba a sus llamadas? Tal vez estaba sin celular. O, aunque doliera, no quería hablar con él. O algo le había sucedido. No, mejor ni pensar en algo así. Su pequeña pelirroja estaba bien, tenía que estar bien. La llamaría de nuevo. ¿Total que perdía con ello?
Tu esperanza de que conteste alguna vez, tonto. Se dijo mientras marcaba otra vez el número de Vanesa. Respiró hondo y le dio a la tecla de llamada. Mientras daba tono, Niqui trató de no carcomerse la cabeza con suposiciones.
— Niqui… —su corazón le dio un vuelco cuando la suave voz de ella pronuncio su nombre desde el otro lado de la línea. Sonrió como un idiota y se sintió uno por no haberlo intentado antes— Niqui, ¿estás ahí?
Solo un débil “Ajá” fue todo lo que pudo surgir de su garganta. Rogó porque ella le comprendiera, se diera cuenta que el estaba allí y que no cortara. Pareció que así era, pues Nes no colgó sino que se puso a hablar.
— Espero que estés bien. Yo lo estoy, ahora, lo estoy realmente —Niqui no pudo evitar sonreír al escucharla hablar así— Podrías, quizás, venir un día de estos a casa a visitarme, si quieres… —esperó una respuesta en silencio, pero él seguía sin poder pronunciar palabra. Vaciló la siguiente vez que habló— O podría ir yo. O tal vez tú no querías llamarme…
— ¡No! —Niqui se horrorizo ante sus palabras sabiendo que su silencio era malentendido.
— ¿No? —la voz de ella salió estrangulada y de pronto se enojo— ¿Para qué llamas, Camilo?
¡Uh! Camilo. Niqui se dio cuenta que el asunto se le estaba yendo de las manos. Respiró hondo para que se le pasara el estupor.
— Iba a decir que no se tu dirección —le aclaró lo mas concreto posible para que ella no tuviera tiempo a hacerse mas la cabeza—, pero si me das un minuto buscaré una lapicera para tomar nota.
— Bien.
¿Bien? Excelente. Iba a verla. ¡Yuju! Gritó internamente mientras corría por la casa en busca de un trozo de papel y una birome. Dolores que lo había oído de la cocina apareció de pronto con la libreta de los recados, sonriéndole con amor. Él beso a su madre con entusiasmo en ambas mejillas antes de agarrar la libreta e ir por su celular.