19 dic. 2012

Para pensar...

Hola, seguidores!! Bueno aquí les traigo algo que escribí hace casi un mes cuando les pregunte si debía seguir o no la historia.

Como vistes, Caperucita Roja no termina muy concluyente... Diego no esta tras las rejas, como a muchos les hubiera gustado. Ahora les explico el por qué. Yo en un principio lo hice así con la intención de continuarle, pero mas tarde vinieron las dudas de si sería conveniente o no.
Tengo la intención de que el segundo libro, sería diferente. Se basaría en la nueva vida Nes como madre aun con el mismo "villano", por así decirlo, y con eso no quiero decir que volveríamos a ver a Diego sometiendo a Nes. No.
Vanesa ha cambiado, su hija la ha cambiado. Intenta ser mas madura y sale a buscar trabajo para mantener a Fara. Ha dejado de ser esa chica que temblaba solo al escuchar el nombre de Diego y esta dispuesta a defender a su hija con uñas y dientes, mientras que lucha porque se haga justicia y el asesino de Kevin las pague.
Contará con mas gente que durante el embarazo. A pesar que Pamela, Emiliano y Joako esten un poco ausentes debido a la universidad, seguirá recibiendo su cariño. Mara (la novia de Tony, quien jugara un papel importante como niñera de Fara), el mismo Tony, Sonia, sus casi suegro Julio y Susana, Juan Pablo y, por su puesto, Niqui, seguirán a su lado apoyándola.
Tengo la intención de que reaparezcan sus padres y se ve una nueva relación con ellos.
Pero sobre todo, pretendo cambiar el rol que Vanesa lleva en la historia, dejará de ser la niña sufrida o damisela en apuros, aquella que todo hacia bien. De repente, comenzara a luchar por su cuenta, a prescindir de la protección de otros y a cometer errores grosos por pura negligencia.
Ama a su niña con toda su alma, pero se encontrara muchas veces con que le cuesta lo indecible ser un buena madres. Ella es joven y por momentos añorará las fiestas, el descontrol o, al menos, la libertad de salir a comer con amigas sin tener que cargar con pañales, leche y chupetes.
En definitiva esta es mi propuesta. Quiero que el segundo libro no sea tan melodramático como el otro, pero tampoco color de rosa. Algo mas realista, que he visto que sucede muy a menudo con madres adolescentes.

Yo lo escribiré de todas formas, por diversión y para saber que guarda mi imaginación. Ustedes ya dirán si luego de leer esto, quieren saber como continua o si prefieren dejarle así. De todas formas, agradezco que hayan leído y comentado la primera parte. Muchas muchas gracias, la historia no tendría mucho sentido sin ustedes que me siguen.

17 dic. 2012

Epílogo


Mi faro
Lo vio y no podía creerlo. Ahí estaba, de pie frente a ella, con esa mirada celeste que la atravesaba. Le dedicó una sonrisa genuina, de esas de dientes blancos y comisuras elevadas. Y ella no pudo hacer mas que corresponderle de la misma forma.
— Ven aquí, bonita —su voz fue como un bálsamo para el alma de Nes, que dejo atrás todos los recuerdos dolorosos y corrió a enterrar su rostro en el pecho de su hombre.
Kevin le rodeo la cintura delgada con los brazos haciendo desaparecer el espacio entre sus cuerpos. Nes respiró su aroma a perfume de lavandería y elevó su mirada para no perderse ni un segundo de su rostro. Le besó las mejillas, el cuello, el pecho, por todos los lugares a los que llegaba. Estaba desbordada por la emoción de tenerlo a su lado otra vez. Nes miró de nuevo su rostro, él también la miraba acariciando mientras tanto sus caderas. Sin resistirse, tomó posesión de sus labios, disfrutando de su sabor, de su calor...
— No vuelvas a asustarme así —lo regañó ella al separarse—. Te amo.
— Yo más... —le dijo Kevin y ella pudo vislumbrar como su mirada se entristecía— No lo olvides.
— Jamás, estas aquí...
— No lo olvides y no dejes de sonreír jamás. Te amo, mi pequeña Caperucita —repitió él separándose de ella, que quedó totalmente desconcertada.

Nes se sentó en la cama. Una lágrima solitaria, que se había retrasado, recorrió su mejilla. Sabía que era un sueño desde un principio, pero era tan lindo verlo que se permitió disfrutar aunque luego doliera. Arrastró sus piernas contra su pecho y las abrazó. Como lo extrañaba. Apoyó el mentón sobre las rodillas de tal manera que su cabello rojizo formó una cortina entre ella y el mundo exterior.
De repente, sintió como abrían la barrera y le depositaban un beso en la mejilla, con dulzura, con paciencia, con cariño...
— Gracias por insistir en quedarte —abrazó a su amiga con fuerza.
— Para eso estoy —dijo Pame recostándola de nuevo en la cama y correspondiéndole al abrazo. Se quedaron en silencio por un rato, con Nes recostada sobre el hombro de ella, hasta que un berrido rompió el aire—. Madre e hija se ponen de acuerdo —soltó una carcajada que hizo que Nes sonriera.
Se desprendió del brazo de su amiga y salió de la cama. Caminó hasta la cuna blanca de mantillas verdes. En su interior la diminuta beba se retorcía por el llanto. Nes alzó a su hija, le acarició la pelusa rojiza que tenía por cabello, mientras se ubicaba en la butaca, instalada prácticamente junto a la cuna.
— Sh... Sh... Ma ya te da de comer —le canturreó sacando uno de sus pechos de dentro del pijama.
Apenas tuvo oportunidad, la niña se prendió férreamente del pezón que le ofrecía su madre. Nes se limitó a mirar a su hija alimentarse, sin poder sacarse las imágenes del sueño de la cabeza. Suspiró angustiada.
— Cuesta, lo sé —la consoló Pame desde su posición en la cama—. Pero mírala, ella te hará seguir adelante.
A Nes se le enterneció la mirada. Su hija había cerrado los ojos y volvía a dormirse sin dejar de succionar. Delineó su cuerpecito con un dedo cuidadoso y maternal. Por ella sería capaz de todo. Por esos ojos grises, empezaría por levantarse cada mañana y por ella viviría. Ella era la luz que la guiaba a través de su tormenta. Y aunque su tormenta fuera muy alta, ella era su faro.


Y bueno, este es el último pedacito de esta historia que me acompañado durante el último año... Espero que les haya gustado... Igualmente esta no es la última entrada ya sabrán de nuevo de mi...

11 dic. 2012

Capitulo 30


La última caricia
Tomó el sobre entre sus manos, que temblaban. Disfrutó de su textura, de la lentitud de abrirlo. Aunque estaba desesperada por saber cuál era su contenido, no quería apresurar ese momento en donde parecía que iba a volver a encontrarse con él. Kevin le había escrito esa carta, con la intención de dársela ese día, como una manera arcaica pero innovadora para decirle algo. ¿Cómo iba imaginar él que sería lo único que le quedaría como recuerdo de su amor?
Caperucita:
Pequeña, mi niña bonita, si estás leyendo esto significa que ya llegó el gran día. Ya no eres la única mujer en mi vida, lo lamento, pero de ahora en mas tendrás que compartirme con nuestra nena. El osito de peluche es tu premio de consolación.
De seguro que estaré en el pasillo como loco por verlas, porque no voy a ser lo suficientemente valiente para entrar en la sala de parto. Lo siento, espero que no estés enojada por eso. Te amo.
¿Te preguntaras por qué escribo esta carta como dos meses antes del día? Pues es que acabo de conocer a mi hija, y si porque me da igual lo que diga el ADN, ella es solo mía. Y tuya. Nuestra. (Que bien suena eso. Nuestra hija). Bah, te decía, acabo de conocer a nuestra hija y descubrí que te amo más de lo que creía, que estoy dispuesto a mandar todo al diablo por vos, por ustedes dos.
Quiero estar con ustedes toda mi vida, darles todo de mí, lo mejor y lo no tan mejor. Quiero verte sonreír cada día que te despiertes a mi lado, y que esa sonrisa sea por mí. Quiero que seas feliz. Quiero que las dos sean felices y que podamos darle a nuestra niña la vida que se merece.
Espero que estos meses que pasamos juntos hayan logrado convencerte de mi amor por vos, porque para la siguiente pregunta solo aceptaré una respuesta: si. Vanesa, bonita mía, ¿quieres casarte conmigo?
Si lo he hecho bien (cosa que espero con toda mi alma) estarás llorando y riendo a la vez, mientras asientes con la cabeza. Yo afuera estaré ansioso por entrar, besarte y prometerte que seré el mejor esposo y padre que pueda haber.
Porque, sabes amor, yo daría la vida por vos y nuestra hija.
Te ama.
Tu disque-héroe.
Nes, que había mantenido el llanto a raya para que no le enturbiara la vista, dejo que todo la desbordara. Se consumió en lágrimas, convulsionando, mientras presionaba la carta contra su pecho, como si eso hiciera que sintiera a Kevin más cerca.
Por un momento, dejó de llorar de tristeza y pasó a llorar de rabia. Lo odio, lo odio tanto. Por abandonarla cuando le repitió que no lo haría nunca. Por meterse en algo que ella le había dicho que no se metiera. Por dejarle la puta carta. De a poco fue remontándose al pasado y también lo odio, por alejarla cuando eran chicos. Si hubieran sido novios antes, no estaría muerto.
— ¡¿Quién mierda te mando a hacerte el héroe?! —le gritó reverberó en las paredes de la clínica alertando a las palomas que se habían posado en el alfeizar de la ventana.
Tomó el oso de peluche que la observaba con sus ojos de plástico y lo arrojó lejos de ella. Siguió estrujando la carta contra su pecho, mientras volvía a llorar de pena con la cabeza gacha. De pronto, levantó la mirada y fijó la vista en el osito caído sobre el suelo al otro lado de la habitación.
Teniendo cuidado con los puntos en su abdomen, se bajó de la cama y fue a recogerlo. Una sonrisa se extendió por su rostro cuando lo tuvo entre sus manos otra vez. Le acarició las orejas con cariño y lo acercó a su rostro para sentir el suave pelaje artificial sobre su mejilla. Olía a Kevin, a su perfume... Era como si él la acariciara, por una única y última vez.
***
— Mira que sonrisa más hermosa.
— No digas bobadas, Pame —Vanesa miró a su amiga, que estaba inclinada sobre el moisés de su hija, con una mueca de burla—. Aún está muy chiquita para sonreír.
— No, no, no —dijo Pamela haciéndole caritas a la beba—. Ella le está sonriendo a la tía, ¿verdad, princesa?
Vanesa sonrió desde la cama abrazada a su oso, el cual no dejaba que nadie más tocara. Aún sonriendo al ver a su hija y a su mejor amiga juntas, no podía cerrar ese agujero que tenía en el pecho. No sabía que es lo que haría en adelante. Saldría del hospital en horas, tendría que volver al departamento, pero no sabía si sería capaz de enfrentar el silencio, el vacio que habría allí.
Le dolía el cuerpo, la mente. Estaba agotada de llorar, de sufrir... Sobre todo estaba agotada de sentir. Se levantó de la cama y caminó al baño, donde se miró al espejo vigilando que su cabello no se hubiese revuelto. Se acomodó la musculosa, el short. Bajó la tapa del inodoro y se sentó sobre ella. Cerró los ojos, mientras apoyaba la cabeza contra la pared, intentado escuchar lo que le rodeaba.
Oía los murmullos de Pamela, los gorgoritos que hacia su hija. Mas allá los pasos de gente caminando por el pasillo o voces que traspasaban paredes desde habitaciones y consultorios cercanos. Aún más lejos, los autos en la calle, las bocinas, los motores... Todo seguía adelante, nada había parado su movimiento. Un corazón se había detenido y miles no. Un corazón renunciaba al amor de su vida y millones no. Un corazón daba los primeros latidos... Ese era el único corazón del cual Nes debía preocuparse ahora.
Su hija dependía total y exclusivamente de ella. De que ella la cuidara, de que ella estuviera a su lado. Esa había sido su promesa. Nes le había prometido que jamás la abandonaría, se lo había dicho cuando aún no se notaba en su vientre y lo había repetido como un mantra todo el embarazo. No quería decepcionarla, le importaba poco que la bebé no lo entendiese, Kevin si lo entendía y no habría querido que su decisión cambiara después de su muerte.
Se alzó con fuerzas renovabas. Sacó del bolsillo del short la carta de Kevin y la besó como otra promesa silenciosa. Estaba casada con el recuerdo de él y con su amor eterno....
— Al final no me has dicho como se llama mi sobrina —le recriminó Pamela cuando Nes salió del baño.
— Fara... —sonrió inundada de felicidad y paz interior— Su nombre es Fara.
Casada con el recuerdo y comprometida con el futuro. Su futuro, que era ella, su niña.


Despues de esto el epíligo... Y ya se termina... Espero que lo disfruten.

7 dic. 2012

Capítulo 29



Luz
La luz se colaba por la ventana a través de las finas cortinas, amanecía y todo parecía tan cálido. A Vanesa se le cerraban los parpados del sueño, pero no se atrevía a dormir. Temía que de hacerlo esa sensación tan dulce que la rodeaba desapareciera. Sacudió la cabeza para despejarse y miró a su lado, a la pequeña beba que descansaba en la cuna.
A pesar de haber nacido un mes antes, tenía el peso justo y ningún problema de salud. La veía tan chiquita, con su piel sonrosada y esa pelusa rojiza que era su cabello. Dormía tranquila, después de haber obtenido su ración de leche materna, sus labios estaban entreabiertos, sus manitos a cada lado de su cabeza y sus piernas atrapadas en las sabanas, cuidadosamente colocadas por Susana.
Aún no podía creer que fuera madre. Sentía deseos de tenerla en sus brazos a todas horas, pero no se atrevía a hacerlo sin supervisión. Temía por su torpeza, su inexperiencia. Estiró la mano con la intención de acariciar su cuerpecito, pero la retrajo rápidamente asustada de despertarla, de hacerla llorar y no saber cómo calmarla.
De repente, los nervios la invadieron y ya no quería estar sola. Susana, su marido y Juan Pablo se habían marchado a terminar con el entierro. Nes gimió triste. Qué ironía que el mismo día que su gran amor era enterrado, su niña saliera al mundo.
Tomo su celular de arriba de la mesa de noche que había del otro lado de la cama. Y decidió que era hora de avisarle a su familia que había tenido a su bebé. No había visto a ninguno de sus hermanos por allí por lo que supuso que Joako no había tenido tiempo o cabeza para darles la noticia. Les escribió un mensaje a ambos y luego marcó para llamar a otra persona.
— ¿Hola? —la voz soñolienta de Pamela, le hizo recordar que era demasiado temprano para llamar.
— Yo lo siento.
— ¿Vanesa? —preguntó su amiga más despierta— ¿Sucede algo? ¿Estás bien? ¿Están bien?
— Si, no te preocupes... Lamento haberte despertado —Vanesa desvió la vista de su hija y miró las sabanas de su cama, sabiendo que le debía una disculpa a su amiga—. Yo quería pedirte perdón por como te traté ayer.
— ¿Para eso llamas a esta hora, Nes? —escuchó el gruñido bajo que dejo escapar Pame— No hay nada que perdonar tontaina, sé que no era tu mejor día. Además para eso están las amigas, para soportar los malos días.
— Gracias... —a Vanesa se le aguaron los ojos, a pesar de que después de llorar al ver por primera vez a su niña había prometido no hacerlo de nuevo. Se secó las lágrimas de un manotazo— En realidad, te llamaba para avisarte que ya di a luz.
— ¡¿Qué?! —el gritó que atravesó la línea sorprendió a Nes— ¿Cuándo? Pero si todavía faltaba un mes...
— Fue anoche, me tuvieron que hacer una cesárea de emergencia —mientras explicaba escuchó movimientos del otro lado—. Igual estamos las dos bien y ella es preciosa... y.... —volvió a lagrimear— soy feliz.
— Claro que eres feliz, linda —los movimientos pararon y Nes pudo imaginar cómo su amiga sonreía—. Bueno, dime donde estas que ya voy para allá.
— No hace falta... Estoy bien —le aseguró mirando hacia la puerta, sabiendo que Camilo estaría en el pasillo, porque a pesar de que ella lo había mandado a casa, él había abandonado su día completo para  quedarse a su lado—. No vengas ahora, duerme un rato y ven en horario de visita...
— ¿Estás bien de verdad? —cuestionó ella suspirando resignada.
— Si, mañana me dan el alta y volveré a casa.
— Ok, nos vemos en unas horitas... —aunque reacia Pamela aceptó— Te quiero, mamacita.
— Yo también... —le lanzó un beso a través del celular y su amiga se lo devolvió antes de cortar.
Sonrió dejándose reposar en las almohadas y bostezó, la noche en vela no se cansaba de pasarle factura. Mientras ella seguía luchando contra sus parpados, la puerta se abrió y Niqui entró en la habitación.
— ¿Has dormido algo? —le preguntó sonriendo y se sentó en la silla junto a la cama.
— ¿La verdad? —Nes encogió de hombros— No puedo dejar de mirarla.
— Es bonita —reconoció él echándole una mirada a la niña—, igual que su madre.
Ella se sonrojó terriblemente, hacía tiempo que no recibía un piropo así. Kevin no era muy dado a eso, él solo le besaba o le acariciaba el rostro con devoción y con eso a Nes le alcazaba para ver que le quería. Con Niqui era todo tan distinto, no es que ella lo estuviera mirando como candidato ya, pero nunca había sido igual ni siquiera cuando había sido amigos. Con él, ella no paraba de reír y se sentía relajada.
— Bueno, supongo que te dejo tranquila.... —Camilo se puso de pie— Yo, pensé que dormías y venía a ver que estuviera bien.
— No —Nes se aferró a la mano de él con fuerza, aún así bajó la cabeza sonrojada—, no te vayas —lo susurro tan despacio que Niqui tuvo que hacer un esfuerzo por oírla.
Volvió a sentarse en silencio y mantuvo la mano de ella entre las suyas con cariño. Cuando Nes se animó a levantar la vista, se encontró con que él le sonreía y no apartaba sus ojos de ella.
— Gracias por estar a mi lado.
— Lo hago porque quiero, ya deja de agradecerme —Niqui negó riendo antes de levantar una de sus manos y rozarle la mejilla—. Me quedaré a tu lado siempre que quieras.
Nes asintió algo perturbada por su confesión, pero no dijo nada. Se acomodó en la cama de tal manera que pudiera ver a su hija con comodidad, a la vez que no soltara la mano de él. Niqui acercó más su silla y se deleitó contemplando la imagen que formaban madre e hija, sobre todo cuando la primera siguió los pasos de la segunda y cayó profundamente dormida.
Vanesa, para alegría de Niqui, durmió hasta cerca del mediodía cuando su amiga fue a visitarla antes de ingresar a su trabajo de verano. Pamela quedó deslumbrada por la niña y con ilusión prometió buscarlas al otro día cuando a les dieran el alta.
La siguiente vez que la puerta se abrió, Susana ingresó por ella y Niqui salió a comer, animado por ambas mujeres. Susi llevaba una sonrisa tierna en el rostro, pero bajo sus ojos se vislumbraban ojeras. Nes la admiraba. Pudiendo estar consumida por el dolor de su perdida, estaba allí ayudándola a ella.
— Hola... —Susi ocupó el lugar de Niqui.
— Hola, ¿ya esta todo? —preguntó Nes tratando de controlar el nudo que se le formaba en el pecho.
— Si —suspiró y Nes la coreó—. Tenemos que hablar —espero a que ella el prestara toda la atención y continuó—. Con Julio y Juampa, queremos que te quedes con el departamento, el auto y todo eso.
— ¡¿Qué?! —Vanesa la miró aturdida— Son muy generosos, pero yo no puedo...
— Son tuyos, yo nos los quiero y mi Kev hubiera querido que tu y su niña los tuviera —Susana sonrió mirando a la beba y Nes se sintió terriblemente desesperada.
— No, ella no es...
— Su hija. Si lo sabemos —ella le dedicó una mirada de comprensión—. Cuando Kev nos contó que estabas embarazada, nos lo contó todo, pero nos pidió que no dijéramos nada por ti —a Vanesa se transfiguró el rostro y ella viéndolo se le adelanto—. No lo hago por pena, Nes. Lo hago porque mi hijo te amo hasta dar su vida por tu causa, no te culpo. Pero si él la consideraba su hija, será mi nieta aún no estando Kevin. ¿Lo entiendes? —la joven asintió agradecida por su apoyo y Susana la abrazó con fuerza— No lo discutiremos mas, esas cosas te pertenecen.
— Esta bien —la voz de Vanesa se volvió trémula, todas las emociones, desde la ternura al amor, se arremolinaban en su interior.
— Para hacértelo más fácil, nosotros ya hemos quitados sus cosas del departamento —ella la besó en cada mejilla con amor materno.
— Gracias.
Susana se levantó para irse, pero antes de llegar a la puerta recordó algo. De su bolso sacó una bolsa de mediano tamaño y volvió a acercarse a Vanesa.
— Casi me olvido —le entregó la bolsa—. Esto lo encontramos entre sus ropas y tiene tu nombre, también es tuyo.
Tras decir eso se retiró. Sola, Nes miró que había dentro de la bolsa. De ella extrajo un osito de peluche color marrón, con la panza blanca y un moño rosa en su cuello. Sonrió enternecida. Había algo mas en el fondo de la bolsa. Algo fino y crujiente. Cuando metió la mano, Nes descubrió la textura lisa de un sobre.
Con el corazón acelerado, lo sacó tirando la bolsa a un lado. Era blanco, un sobre común de carta, que delante tenía su nombre garabateado con la inconfundible letra de Kevin. Contuvo el aliento en un sollozo, tenía una carta de él.



Llega el final de la historia dos caps mas y ya esta... Me costo  mucho esta capítulo, lo hice lo mejor que pude espero que lo disfruten. Besos