17 oct. 2012

Capítulo 24


Hola, mis fieles seguidoras... Aquí uno de los capítulos mas emocionantes que escribí... Léanlo y luego decidan que hacer conmigo... (ya verán por qué se los digo)


Malas noticias
Kevin detuvo el auto frente a la dirección que Joaquín le había dado, pero no parecía haber nadie, pues las persianas estaban bajas y no salía ningún sonido de la casa. Sin embargo se apeó y fue tocar la puerta. Nadie abrió.
— Si buscas a los señores no están —la vecina del lado le habló por encima del paredoncito que separaba sus casas—, se fueron de viaje.
— En realidad buscaba a Diego —todo esto lo dijo con una sonrisa para no levantar sospechas.
— Salió hace un minutito, pero debe estar en el kiosco de la esquina... —la mujer señaló hacia la derecha y Kevin pudo ver que a unos metros había un cartel verde que decía Maxikiosco Camelia
— Muchas gracias —Kevin volvió a su auto y arrancó.
Volvió a parar una cuadra más adelante, donde estaba el kiosco que la mujer le había dicho. Fuera había dos chicos fumando apoyados en la pared.
— ¿Quién es Dogo? —preguntó mientras volvía a bajarse del auto
— Yo, ¿quién pregunta? —Dogo se adelantó tirando la colilla de su cigarrillo al piso.
Kevin no esperó mas, salvó los dos metros que los separaban y estrelló su puño contra la cara de él. Dogo no se quedo atrás, respondió al golpe clavándole la rodilla en el abdomen. Kevin se retorció, pero volvió a enfrentársele y, dominado por las ganas de venganza, se le tiró encima haciendo que ambos cayeran contra el suelo. Rodaron asestándose golpes uno al otro.
— ¡¿Qué mierda...?! —tres chicos que salían del kiosco al verlos quitaron a Kevin de encima de su amigo.
Mientras dos sostenían a Kevin, otro ayudaba a Dogo a ponerse en pie.
— ¡Maldita sea! —Dogo escupió a un lado mientras se limpiaba la sangre de la boca— Te voy a hacer pedazos, boludo... Llévenlo al callejón voy enseguida.
Los tres chicos asintieron si decir más y, a golpes, arrastraron a Kevin a un callejón. Un rato después entró Dogo seguido del otro chico que fumaba con él.
— Se puede saber quien mierda eres... —se acercó a Kevin y lo miró cara a cara.
— No te importa quién soy... —Kevin mantuvo la compostura a pesar de ser superado en número—. Solo puedo decirte que venía a dejarte un pequeño regalito para devolver lo que le hiciste a mi novia.
— ¿Tu novia? —él aludido entrecerró los ojos serio—...Oh, tú debes ser el guardaespaldas de Nes, ¿verdad?
— ¡Maldito hijo de puta! —se removió entre los brazos que le apresaban con la intención de darle una patada, pero un puñetazo en el rostro lo obligó a dejarse caer de rodillas.
— ¿Qué fue lo que te dijo tu noviecita? —preguntó Dogo en tono burlón— Seguro te inventó una historia fascinante, pero te aseguro que nunca dicen la verdad... Ella lo disfruto... ¿Te dijo lo contrario? Si la hubieras escuchado gemir no le creerías tanto...
 Con la adrenalina provocada por la furia que se apodero de él, Kevin logró desprenderse de sus captores y golpeó a Dogo en el vientre doblándolo por la mitad. Enseguida fue reducido por demás compañeros de Diego.
— Te crees muy inteligente... —dijo colérico Dogo cuando recuperó el aliento— Vamos a ver cómo te va ahora.
Le sonrió con un brillo perverso en sus ojos. Con un gesto de la cabeza ordenó que lo soltaran y se lanzó a por él. Lo golpeó en el pecho y en la cara, no sin que Kevin intentara defenderse. Pero ellos eran más y los amigos de Dogo lo ayudaban golpeándolo también. Cuando ya no pudo seguir ni de rodillas recibió una patada en el pecho, que provocó un crujido. De seguro le habían roto una costilla.
El dolor que sentía en el pecho no era proporcional a la rabia que le invadía. Los recuerdos de Vanesa aquella noche en que la encontró en la mitad de la calle, de las noches en las que despertaba abrumada por alguna pesadilla y de su cuerpo aovillado en la ducha, se repetían una y otra y otra vez alimentando sus ansias de venganza. No le importaba estar tirado en el suelo, ni que cinco le estuvieran dando una golpiza. Aun entre todo ello se puso como pudo en pie, apretando la mandíbula, dispuesto a arrojarse sobre el malnacido...
...pero un empujón bien dado le hizo volar hasta dar con uno de los costados del callejón. Quedó tirado en el suelo con el cuello torcido contra la pared. La vista se le nubló de lágrimas que inevitablemente le llenaron los ojos, sentía el sabor de la sangre dentro de su boca y como se mojaba el cuello de su camiseta.
— ¡¿Qué has hecho?! —gritó uno de los dominados de Diego.
— Sh... Cállate... —el jefe lo fulminó con la mirada—. ¿No viste acaso que el me atacó primero? Yo solo me he defendido, pero desafortunadamente el pobre se ha caído y dado en la cabeza.
***
Eso no estaba bien. Joako se puso en pie por enésima vez en los últimos minutos. Miró su reloj, como si no hubiese comprobado la hora hacia segundos, y dedicó una mirada desesperada a la puerta del apartamento. Luego volvió la vista a su amiga, que aún dormía plácidamente. Él no quería estar allí cuando ella se despertara preguntando por su novio.
— Maldito seas Kevin —susurró enrabietado—. ¿Por qué diablos no has vuelto aún?
Nes se removió en la cama y Joaquín contuvo la respiración, pero ella no se despertó simplemente se acomodó y siguió durmiendo. Él se permitió soltar el aire. ¿Qué iba decirle si se despertaba? “Mira, no te preocupes, que Kevin solo ha ido a darle una golpiza a Diego. A por cierto descubrimos que él fue quien te violó.” Esa no era la mejor opción.
De repente, sin dejar que pensara en una mejor forma de decirle a Vanesa las cosas, el teléfono de ella sonó. Joako se apresuró por atenderlo antes de que la despertara, pero a pesar de que lo hizo lo más rápido que pudo, el embarazo había puesto a Nes en un estado de alerta y el corto momento en que este sonó la despertó…
— Hola... —saludó viendo como Nes se desperezaba en la cama— Habla Joako.
Vanesa le dedicó una mirada contrariada, no tenía idea de que es lo que hacía su mejor amigo allí. Ni sabía por qué había atendido su celular.
— Si, está aquí… —Joako respondió a la pregunta de su interlocutor— Ahora te la paso —extendió el celular hacia Nes—. Es para vos, tu hermano
Nes tomó el celular, con un feo presentimiento. ¿Por qué Tony había decidido acabar con su silencio después de tantos meses de no hablarle?
— Tony —es lo único que pudo decir cuando se acercó el móvil, después escuchó.
Joako la vio quedarse inmóvil de un momento a otro, al instante siguiente la vio negar con la cabeza. La observó ponerse en pie, caminar hacia la ventana y apoyarse allí aun con el teléfono en el oído. Fue testigo de cómo sus ojos se llenaron de lágrimas mientras se dejaba resbalar por la pared… de como colgó y con rabia arrojó lejos el celular, antes de recostarse en el suelo haciéndose un ovillo y llorando a lágrima viva. Él se le acercó, se arrodilló a su lado. Le acarició el pelo e intentó levantarla de allí sin ningún éxito. Le preguntó que sucedía, pero ella no contestó solo se cerró más en sí misma.
Luego de un rato, alguien abrió la puerta… Joako miró esperanzado, más quien entró no era Kevin, sino Tony. No se lo veía bien, tenía los ojos irritados como si también hubiese llorado, la mandíbula apretada y en su expresión se leía que no pasaba nada bueno.
— Esta así desde que hablaste… —le explicó— No he podido levantarla. ¿Qué le dijiste?
Antonio, agobiado, se pasó una mano por el rostro. ¿Por qué se lo había dicho por teléfono? Tendría que haber estado a su lado… Cara a cara. ¿Pero cómo? Si ni él mismo se sentía capaz de soportar eso. Sintió que las lágrimas volvían a él y se preguntó cuando había sido la última vez que había llorado así. Se adelantó y con todas sus fuerzas alzó a su hermana del suelo, para depositarla de nuevo en la cama.
— ¿Qué sucede? —preguntó Joaquín nuevamente.
— Kevin está muerto, Joako —le comunicó con la voz quebrada—. Alguien lo encontró herido en un callejón del barrio norte y dio aviso a la policía, pero para cuando llegó la ambulancia ya no había nada por hacer.
Joaquín abrió los ojos horrorizado. Era su culpa, el podría haberlo parado y no lo hizo. Volvió a mirar a su amiga que sufría enrollada en esa cama y salió corriendo del lugar, no tenía la fuerza de enfrentarla en ese momento.
Tony no prestó atención a lo que Joaquín hacía, se había acostado junto a su hermana y la abrazaba apoyándola contra su pecho.
— No puede haberse ido, Tony —Vanesa habló por primera vez desde que colgara el teléfono—. Él me había dicho que no me abandonaría…
— Caperucita —la meció intentando calmarla.
— ¡NO! —lo miró a la cara mientras temblaba por el llanto— ¡Él me dijo que jamás se separaría de nosotras! ¡¿Dónde está?! ¡Él tiene que volver! ¡Tony, no puede hacerme esto!



Ya se dieron cuenta de que les hablaba... mmm... Please... No me maten... Fue tan duro para mi como para ustedes pero así me imaginé esta historia y no quiero cambiarla... La vida no es un cuento de hadas.
Las quiero...

2 comentarios:

  1. Malaaaa!, asesinaaa!, k injusticia!... jejeje. Bromas a parte, me duele cómo ha acabado Kevin de esta manera... no se lo merecía, pero weno... komo tú bien dices, la vida no es un cuento dd hadas (aunke yo creí k t referías a Ness, nk también al resto d personajes)

    En fin, a.ks a ver k pasa ahora... sudos y bs!, muak!!!

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  2. Yo te entiendo Lulai no sabes como... y ya sabras porque... En fin. Muy buen capítulo a pesar de este aparente final. Las historias no son siempre cuentos de hadas. Es bueno tener de vez en cuando estos cierres de capítulos. Me gustó aunque tuve mucha pena. Un besote enorme escribes fantástico.

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