28 oct. 2012

Capitulo 26


Cuestión de actitud
Lo primero de lo que fue consciente Vanesa fue del silencio, no del que había fuera... sino del silencio que había en su alma... Como si la tormenta se hubiese apagado, como si todo lo que la estaba volviendo loca se hubiese alejado. Se sentía bien, demasiado bien como para que lo sintiera normal o seguro. Se parecía demasiado a la calma que antecede al huracán. Pero acaso, ¿su huracán no había pasado ya por ahí? ¿Qué más podía sucederle ahora?
En cuanto mentalizó la pregunta supo la respuesta. Se arrepintió de todos sus pensamientos y deseos anteriores. Llevo sus manos al vientre para comprobar aliviada que todo seguía allí, que ese ser que era solo suyo seguía creciendo en su interior. Que no iba a dejarla. No podía dejarla, no en ese momento.
Abrió los ojos y lo supo, supo que se encontraba en un hospital y se sintió aún mas aliviada. Eso significaba que ella y su beba estaban en buenas manos. Que nada podía pasarles allí. La puerta del cuarto se abrió y Nes vio como una médica hacia acto de presencia.
— Veo que te has despertado —la mujer le sonrió—. Soy la Dra. Fernández. ¿Cómo te sientes, Vanesa?
— Bien —le costó encontrar su voz, hasta que al fin salió pastosa y ronca.
— Sabes porque estás aquí, ¿cierto? —Nes asintió sin querer escuchar su voz otra vez— Bien. ¿Qué es lo último que recuerdas?
— No quiero hablar de eso —dijo a media voz—. Lo recuerdo todo, pero prefiero no hablarlo.
— Comprendo, tu hermano me ha puesto al corriente —le comunicó la médica anotando cosas en su libreta—. Les has dado un buen susto a tus hermanos.
— ¿Están los dos aquí? —Nes no había pensado que Tony le avisaría a Sonia.
— Si y tienen ganas de verte, asique deja que te controle la presión y podrán entrar —le guiño un ojo y se puso a trabajar.
Viendo que todo estaba bien, pronto Sonia y Tony estuvieron abrazando a su hermana menor. Vanesa jamás había visto a sus hermanos tan tranquilos uno al lado del otro, por lo general no paraban de pelear; y Sonia jamás había visto a Nes tan triste, se le veía en los ojos, que ya no tenía ánimos y que si seguía respirando era gracias a su embarazo. Por primera vez tuvo miedo, miedo de perderla a ella, su pequeña niña... En los 18 años que llevaba compartiendo con ella, no había notado que la quería tanto ni la falta que le haría su rebelde hermana.
Sonia estaba sentada en una butaca junto a la cama y le tomaba a la mano a Vanesa, se la acariciaba con suavidad, dedicándole una sonrisa que intentaba ser consuelo. Tony no se atrevía a acercarse. La había abrazado a penas supo que estaba fuera de peligro, pero ya no se sentía lo suficientemente fuerte él como para darle ánimo a su hermana, cuando lo único que lograría seria deprimirla aún más. Estaba apoyado contra la pared, cerca de la puerta.
— Tony, ¿Por qué no le avisas a Nené que todo está bien? —Sonia miró a su hermano y este entendió que le daba la posibilidad de marcharse.
— ¿Se lo han dicho? —preguntó Nes cuando su hermano ya se había retirado.
— Si, llamó a tu teléfono para ver como estabas y tuvimos que contárselo —le acomodó los cabellos, esos que había envidiado en su adolescencia, porque a pesar de que también tenía los ojos verdes, solo Vanesa había heredado el cabello de su abuela materna—. Eres preciosa, ¿lo sabes? Cuando éramos chicas siempre estuve celosa de vos, de tu cabello, de tu sonrisa, de la soltura que tenias en todo, de que tenías amigos por todos lados... y de que te enamoraras... Ahora me arrepiento de ser tan tonta, de haberme alejado de ti por eso. Tendría que haberte aconsejado como lo haría cualquier hermana.
— Ya no importa —le aseguro abrazándola—. Ahora te necesito más.
— Lo sé y no me iré —le besó la frente—. Lo lamento tanto.
— ¿Dónde dejaste a la nena? —Nes cambio el tema, no quería hablar de él. No lo soportaba.
— Vanesa, en algún momento tendrás que hablarlo.
— Pero me duele... —se excusó ella como si fuera una niña pequeña.
— No puedo decirte que lo sé, que sé lo que se siente, porque no sería cierto. Tengo a todos los que quiero aquí —le dijo Sonia con sinceridad—. Lo qué si sé, es que no soporto verte así, que me duele tu dolor... y que no quiero perderte. Jamás había sentido tanto miedo como cuando Antonio me llamó diciéndome que te había traído al hospital... No te dejes vencer, si no lo haces por ti, hazlo por todos los que dependen de ti. Tu beba, Nené, Tony... Yo...
Vanesa observó a su hermana con un nudo formándose en su garganta. ¿Realmente era tan importante para ellos? Sintió que en su pecho el vacio que había sentido durante años se esfumaba. Por supuesto, que aun quedaba dentro de ella ese dolor, aunque momentáneamente aplacado, había generado la muerte de Kevin.
— ¿Cuándo nos podemos ir? —preguntó desviando la mirada para no demostrarle a Sonia lo destrozada que estaba por dentro, pero aún así busco su mano para apresarla entre las suyas.
— No lo sé, pero ya nos avisaran... —dejó que ella gobernara los silencios y las charlas, no quería presionarla.
Pasó alrededor de cuarenta minutos sin que ningún ruido más que los de sus respiraciones rompieran el silencio de la habitación. Vanesa, no hacía más que pensar en que haría en adelante. Se había recostado en la cama, pero no había soltado la mano de Sonia, que a pesar de sentir que se le acalambraba dejaba que su hermanita se la estrujara.
Cuando Sonia creyó que Nes se dormiría, la puerta de la habitación se abrió y Tony entró agarrado de la mano de una joven de cabellos negros hasta la barbilla con las puntas en un azul eléctrico. La joven, miraba hacia todos lados menos a la cama, como si se encontrara incomoda o desubicada estando en un lugar tan íntimo, pero Tony la había obligado a entrar con él.
— ¿Caperucita? —Antonio se acercó a su hermana sin dejar de sostener la mano de la chica— Ella es Mara, mi novia...
Vanesa levantó la vista de la almohada y miró a la joven. Era linda, siempre supo que su hermano encontraría una chica de buen ver como pareja. Sonrió desganada.
— Hola, Mara —Sonia extendió su mano sobre la cama y se la estrechó a su nueva cuñada—. Soy Sonia, la hermana mayor de estos dos...
— Antonio me ha contado sobre ustedes —dijo Mara con cordialidad y se vio interrumpida por la risa de Vanesa.
Tony y Sonia miraron a su hermana menor sin saber que era lo que sucedía. Nes al verse observada, se detuvo, también un poco desconcertaba por su arranque. Pero que la joven le llamara Antonio a su hermano, le dio risa. Nadie a excepción de sus padre le decían así, para todos él era Tony.
— Lo lamento —se disculpó sin mucha convicción—. Bienvenida a la familia Mara.
— Gracias...
Durante algunos minutos, hablaron de todo un poco. Nes, para entretenerse, les preguntó cómo se habían conocido y hacía cuanto que salían. Se enteró que Mara estudiaba veterinaria y que tenía tan solo un año más que ella, así como también que era hija única. Además, Nes combinó que se llevaría muy bien con ella.
— Fui a ver a Susana y a Julio... —soltó Tony de repente, en un momento en que las conversaciones habían cesado.
— ¿Cómo están? —preguntó Nes, que de pronto tenia la voz trémula.
— Eh... no muy bien, como es de esperarse —a él también se le había trasformado la voz; cada vez que hablaba de Kevin, se le hacía un nudo en el estomago—. Están preparando el velorio para pasado mañana.
Vanesa guardo silencio durante un momento. Sabía que Kevin estaba muerto, que no volvería, pero un velorio lo hacía aún más real y más doloroso. Se tendría que enfrentar a su cuerpo, a un Kevin tan frió y sin vida. Tragó en seco, pero ya había tomado una decisión.
— Quiero ir... —sentenció sin posibilidad de que alguien se lo negara.


20 oct. 2012

Capitulo 25


Irreversible
Vanesa probó abrir los ojos, pero desistió antes de lograrlo. No tenía ningunas ganas de levantarse. Le dolía mucho la cabeza y sentía las lágrimas secas que aun perduraban en su rostro. Tenía miedo, miedo de abrir los ojos y descubrir que era verdad... que todo se había terminado. Que ya no volvería a ver su sonrisa ni a sentir sus besos. Se dijo que todo era un mal sueño, se lo repitió una y otra vez...
...hasta que al fin abrió los ojos y miró alrededor. El loft estaba un poco desordenado, soltó una risilla y se dijo que tendría que ordenar. Se puso en pie con dificultad sobándose la enorme barriga. Se miró y descubrió que aún seguía vestida. Se peinó un poco con la mano y levantó la ropa de Kevin del suelo. Ese  chico jamás aprendería a doblar la ropa en vez de tirarla por ahí.
— ¿Qué haces? —la voz de su hermano le llegó desde la puerta.
— Ordeno... —le dijo ella doblando la camisa entre sus manos— No puede estar así.
— No te esfuerces.
— No te preocupes, yo y ella estamos bien —sonrió mientras sentía como su hija se movía en su interior—. Parece que está inquieta.
— ¿Siempre se mueve mucho? —le preguntó Tony fijando la vista en la barriga hinchada.
— No mucho, pero cuando se emociona no la para nadie.
— Se parece a ti...
— Si, tal vez...
Se quedaron callados mirándose uno al otro. Hasta que ella decidió que no lo aguantaba y corrió a abrazarlo. Se apretó contra su pecho cerrando los ojos con fuerza para que las lágrimas no brotaran de sus ojos.
— Te extrañé tanto.
— Yo también —le acarició el cabello y le beso la coronilla—. Lo siento tanto... yo debí estar a tu lado.
— No importa, estas aquí —levantó la cara de su pecho y le sonrió—. Verás que Kev te entenderá también.
Los ojos de Tony se abrieron por la sorpresa y en su mente repasó lo que su hermana mayor le había dicho minutos antes cuando hablaron por teléfono. El primer paso es la negación... Nes lo estaba negando, no quería creérselo y él hubiera hecho lo mismo, de no ser porque sabía que ella lo necesitaba lúcido.
¿Cómo se le daba a alguien una noticia así por segunda vez? Miró a su hermana a los ojos, esos ojos verdes que siempre la dejaban en evidencia, vio como brillaban y pensó que había sido tan injusto. Cuando ella mas lo había necesitado se había alejado por sentir su ego traicionado... Había perdido un amigo, que jamás podría recuperar. Un amigo que había estado en todas y que jamás lo había traicionado, que solo tuvo la mala suerte de enamorarse de su hermana. Su pequeña y linda hermana.
— Caperucita —la llamó cuando se alejo para seguir ordenando—, deja eso. No es momento.
— ¿Quieres té? Podría preparar un poco... —Nes caminó hacia la cocina, mirando el reloj que había en la pared sobre la mesada— No tardará en llegar y podrán hablar tranquilos...
— Yo... —Tony intentó decírselo pero ella lo interrumpió.
— Kev te quiere, estoy segura que estará encantado de verte aquí...
— No. Basta... —sus palabras le hacían daño, mucho daño... Le dolía verla así, tan metida en su fantasía, le dolía tener la certeza de que Kevin aún al final de sus días lo había seguido considerando amigo cuando él le había fallado...
— ¿Dónde se habrá metido? —se preguntó Nes a sí misma— Si  salió a comprarle algo mas a la bebé lo mataré. No puede seguir gastando de esa manera...
— Basta, Caperucita —su hermano había superado su shock y acercándosele la había tomado por los hombros—. No sigas diciendo que volverá. No lo digas mas, no te lastimes así...
— ¿No se a que te refieres? —dijo ella con la voz cortada a la vez que le esquivaba la mirada.
— Si lo sabes... Sé que te duele, a mi también —la tomó de la barbilla y la obligo a verlo a la cara—, pero no podemos hacer nada...
— Él me dijo que volvería —sus ojos dejaron de brillar y se humedecieron—. Lo prometió.
— Lo sé y también estoy seguro que jamás te hubiera roto una promesa de ser por él, pequeña.
Vanesa se desprendió del agarre de su hermano y fue a sentarse a una de las sillas. Respiró hondo mientras acariciaba su barriga, donde su beba se movía inquieta acompañando su estado.
— ¿Qué pasó? ¿Cómo fue?
— Nes, yo no sé si decírtelo es lo correcto...
— Dime que pasó, carajo —sus labios formaban una línea recta, sin alegría sin tristeza, llena de ira.
— No se sabe bien, pero la persona que llamó a la ambulancia dice que Kevin lo atacó y cuando el quiso defenderse lo empujó contra una pared. Cayó de manera tal que se golpeó en la nuca y tuvo un paro cardiorespiratorio —le dijo él—. Al menos eso es lo que se.
— No puede ser, él no es así... Kevin no ataca a nadie sin que lo provoquen —Nes negó con la cabeza mientras se encorvaba sobre su vientre—. ¿Sabes quién fue el que llamó a la ambulancia?
— No.
Vanesa cerró los ojos sin dejar de balancearse con el llanto pugnando por salir otra vez. Ella lo quería ahí, a su lado, susurrándole cosas tontas a su beba, burlándose de sus pucheros cuando tenía antojos, abrazándola, besándola, acariciándola... Mierda. Lo quería vivo. Daba su vida porque entrara por la puerta con su sonrisa de siempre. Pero se había ido... aunque no lo quisiera.
— Se fue... se fue... —miró a su hermano enojada— ¿Qué no escuchas que ya no está? Era tu amigo... ¡Era mi vida y se fue! —gritó a todo pulmón dejándose caer de la silla al suelo— Me quiero morir... me quiero ir con él...
— No, no... —Tony corrió a su lado, se sentó sobre el suelo y la abrazó desesperado— No, mi niña, no... Caperucita, tienes que seguir, tienes que seguir....
— ¡¿Cómo?! No puedo, me duele... me duele aquí —se golpeó el pecho con la mano.
— Piensa en tu bebé, piensa en ella... Piensa que una parte de él se guarda allí —intentó consolarla su hermano, sin saber, sin ser consciente de solo la estaba lastimando aún más.
El grito desgarrado que nació de la garganta de Vanesa retumbó en las paredes. Se removió entre los brazos de Antonio gritando y despotricando. Sin él no era capaz de hacerle frente a nada... no quería al bebé... no quería nada... Sin él no quería seguir viva, se dijo a si misma cuando la oscuridad se la llevo.


17 oct. 2012

Capítulo 24


Hola, mis fieles seguidoras... Aquí uno de los capítulos mas emocionantes que escribí... Léanlo y luego decidan que hacer conmigo... (ya verán por qué se los digo)


Malas noticias
Kevin detuvo el auto frente a la dirección que Joaquín le había dado, pero no parecía haber nadie, pues las persianas estaban bajas y no salía ningún sonido de la casa. Sin embargo se apeó y fue tocar la puerta. Nadie abrió.
— Si buscas a los señores no están —la vecina del lado le habló por encima del paredoncito que separaba sus casas—, se fueron de viaje.
— En realidad buscaba a Diego —todo esto lo dijo con una sonrisa para no levantar sospechas.
— Salió hace un minutito, pero debe estar en el kiosco de la esquina... —la mujer señaló hacia la derecha y Kevin pudo ver que a unos metros había un cartel verde que decía Maxikiosco Camelia
— Muchas gracias —Kevin volvió a su auto y arrancó.
Volvió a parar una cuadra más adelante, donde estaba el kiosco que la mujer le había dicho. Fuera había dos chicos fumando apoyados en la pared.
— ¿Quién es Dogo? —preguntó mientras volvía a bajarse del auto
— Yo, ¿quién pregunta? —Dogo se adelantó tirando la colilla de su cigarrillo al piso.
Kevin no esperó mas, salvó los dos metros que los separaban y estrelló su puño contra la cara de él. Dogo no se quedo atrás, respondió al golpe clavándole la rodilla en el abdomen. Kevin se retorció, pero volvió a enfrentársele y, dominado por las ganas de venganza, se le tiró encima haciendo que ambos cayeran contra el suelo. Rodaron asestándose golpes uno al otro.
— ¡¿Qué mierda...?! —tres chicos que salían del kiosco al verlos quitaron a Kevin de encima de su amigo.
Mientras dos sostenían a Kevin, otro ayudaba a Dogo a ponerse en pie.
— ¡Maldita sea! —Dogo escupió a un lado mientras se limpiaba la sangre de la boca— Te voy a hacer pedazos, boludo... Llévenlo al callejón voy enseguida.
Los tres chicos asintieron si decir más y, a golpes, arrastraron a Kevin a un callejón. Un rato después entró Dogo seguido del otro chico que fumaba con él.
— Se puede saber quien mierda eres... —se acercó a Kevin y lo miró cara a cara.
— No te importa quién soy... —Kevin mantuvo la compostura a pesar de ser superado en número—. Solo puedo decirte que venía a dejarte un pequeño regalito para devolver lo que le hiciste a mi novia.
— ¿Tu novia? —él aludido entrecerró los ojos serio—...Oh, tú debes ser el guardaespaldas de Nes, ¿verdad?
— ¡Maldito hijo de puta! —se removió entre los brazos que le apresaban con la intención de darle una patada, pero un puñetazo en el rostro lo obligó a dejarse caer de rodillas.
— ¿Qué fue lo que te dijo tu noviecita? —preguntó Dogo en tono burlón— Seguro te inventó una historia fascinante, pero te aseguro que nunca dicen la verdad... Ella lo disfruto... ¿Te dijo lo contrario? Si la hubieras escuchado gemir no le creerías tanto...
 Con la adrenalina provocada por la furia que se apodero de él, Kevin logró desprenderse de sus captores y golpeó a Dogo en el vientre doblándolo por la mitad. Enseguida fue reducido por demás compañeros de Diego.
— Te crees muy inteligente... —dijo colérico Dogo cuando recuperó el aliento— Vamos a ver cómo te va ahora.
Le sonrió con un brillo perverso en sus ojos. Con un gesto de la cabeza ordenó que lo soltaran y se lanzó a por él. Lo golpeó en el pecho y en la cara, no sin que Kevin intentara defenderse. Pero ellos eran más y los amigos de Dogo lo ayudaban golpeándolo también. Cuando ya no pudo seguir ni de rodillas recibió una patada en el pecho, que provocó un crujido. De seguro le habían roto una costilla.
El dolor que sentía en el pecho no era proporcional a la rabia que le invadía. Los recuerdos de Vanesa aquella noche en que la encontró en la mitad de la calle, de las noches en las que despertaba abrumada por alguna pesadilla y de su cuerpo aovillado en la ducha, se repetían una y otra y otra vez alimentando sus ansias de venganza. No le importaba estar tirado en el suelo, ni que cinco le estuvieran dando una golpiza. Aun entre todo ello se puso como pudo en pie, apretando la mandíbula, dispuesto a arrojarse sobre el malnacido...
...pero un empujón bien dado le hizo volar hasta dar con uno de los costados del callejón. Quedó tirado en el suelo con el cuello torcido contra la pared. La vista se le nubló de lágrimas que inevitablemente le llenaron los ojos, sentía el sabor de la sangre dentro de su boca y como se mojaba el cuello de su camiseta.
— ¡¿Qué has hecho?! —gritó uno de los dominados de Diego.
— Sh... Cállate... —el jefe lo fulminó con la mirada—. ¿No viste acaso que el me atacó primero? Yo solo me he defendido, pero desafortunadamente el pobre se ha caído y dado en la cabeza.
***
Eso no estaba bien. Joako se puso en pie por enésima vez en los últimos minutos. Miró su reloj, como si no hubiese comprobado la hora hacia segundos, y dedicó una mirada desesperada a la puerta del apartamento. Luego volvió la vista a su amiga, que aún dormía plácidamente. Él no quería estar allí cuando ella se despertara preguntando por su novio.
— Maldito seas Kevin —susurró enrabietado—. ¿Por qué diablos no has vuelto aún?
Nes se removió en la cama y Joaquín contuvo la respiración, pero ella no se despertó simplemente se acomodó y siguió durmiendo. Él se permitió soltar el aire. ¿Qué iba decirle si se despertaba? “Mira, no te preocupes, que Kevin solo ha ido a darle una golpiza a Diego. A por cierto descubrimos que él fue quien te violó.” Esa no era la mejor opción.
De repente, sin dejar que pensara en una mejor forma de decirle a Vanesa las cosas, el teléfono de ella sonó. Joako se apresuró por atenderlo antes de que la despertara, pero a pesar de que lo hizo lo más rápido que pudo, el embarazo había puesto a Nes en un estado de alerta y el corto momento en que este sonó la despertó…
— Hola... —saludó viendo como Nes se desperezaba en la cama— Habla Joako.
Vanesa le dedicó una mirada contrariada, no tenía idea de que es lo que hacía su mejor amigo allí. Ni sabía por qué había atendido su celular.
— Si, está aquí… —Joako respondió a la pregunta de su interlocutor— Ahora te la paso —extendió el celular hacia Nes—. Es para vos, tu hermano
Nes tomó el celular, con un feo presentimiento. ¿Por qué Tony había decidido acabar con su silencio después de tantos meses de no hablarle?
— Tony —es lo único que pudo decir cuando se acercó el móvil, después escuchó.
Joako la vio quedarse inmóvil de un momento a otro, al instante siguiente la vio negar con la cabeza. La observó ponerse en pie, caminar hacia la ventana y apoyarse allí aun con el teléfono en el oído. Fue testigo de cómo sus ojos se llenaron de lágrimas mientras se dejaba resbalar por la pared… de como colgó y con rabia arrojó lejos el celular, antes de recostarse en el suelo haciéndose un ovillo y llorando a lágrima viva. Él se le acercó, se arrodilló a su lado. Le acarició el pelo e intentó levantarla de allí sin ningún éxito. Le preguntó que sucedía, pero ella no contestó solo se cerró más en sí misma.
Luego de un rato, alguien abrió la puerta… Joako miró esperanzado, más quien entró no era Kevin, sino Tony. No se lo veía bien, tenía los ojos irritados como si también hubiese llorado, la mandíbula apretada y en su expresión se leía que no pasaba nada bueno.
— Esta así desde que hablaste… —le explicó— No he podido levantarla. ¿Qué le dijiste?
Antonio, agobiado, se pasó una mano por el rostro. ¿Por qué se lo había dicho por teléfono? Tendría que haber estado a su lado… Cara a cara. ¿Pero cómo? Si ni él mismo se sentía capaz de soportar eso. Sintió que las lágrimas volvían a él y se preguntó cuando había sido la última vez que había llorado así. Se adelantó y con todas sus fuerzas alzó a su hermana del suelo, para depositarla de nuevo en la cama.
— ¿Qué sucede? —preguntó Joaquín nuevamente.
— Kevin está muerto, Joako —le comunicó con la voz quebrada—. Alguien lo encontró herido en un callejón del barrio norte y dio aviso a la policía, pero para cuando llegó la ambulancia ya no había nada por hacer.
Joaquín abrió los ojos horrorizado. Era su culpa, el podría haberlo parado y no lo hizo. Volvió a mirar a su amiga que sufría enrollada en esa cama y salió corriendo del lugar, no tenía la fuerza de enfrentarla en ese momento.
Tony no prestó atención a lo que Joaquín hacía, se había acostado junto a su hermana y la abrazaba apoyándola contra su pecho.
— No puede haberse ido, Tony —Vanesa habló por primera vez desde que colgara el teléfono—. Él me había dicho que no me abandonaría…
— Caperucita —la meció intentando calmarla.
— ¡NO! —lo miró a la cara mientras temblaba por el llanto— ¡Él me dijo que jamás se separaría de nosotras! ¡¿Dónde está?! ¡Él tiene que volver! ¡Tony, no puede hacerme esto!



Ya se dieron cuenta de que les hablaba... mmm... Please... No me maten... Fue tan duro para mi como para ustedes pero así me imaginé esta historia y no quiero cambiarla... La vida no es un cuento de hadas.
Las quiero...

14 oct. 2012

Capitulo 23


Descubrir
¿Te lo dije o no te lo dije? Kevin se burló de ella mientras entraban en su departamento luego de la consulta con la obstetra.
Si, lo dijiste. Es una niña. ¿Contento? —Nes recorrió el lugar lo más rápido que su panza le permitió y se recostó en la cama enfurruñada.
¿Qué pasa, Nes? él se acostó a su lado y le acarició la barriga mirándola con entristecido ¿No te gusta que sea una nena?
Oh no, Kev... Que sea una nena es genial aclaró ella sonriéndole y luego hizo un puchero con sus labios. Lo que no me gusta es perder.
¡Que boba y susceptible! —le beso la frente con dulzura— ¿Has pensado en algún nombre?
— No, a decir verdad no... Primero quería estar segura que iba a ser.
— No importa ya los pensaremos...
Él le acariciaba el cabello con mientras ella tarareaba por lo bajo. De pronto, ella detuvo su melodía y se incorporó en la cama angustiada.
— ¿Y si... y si se parece a él? —le preguntó aterrada con los ojos abiertos de par en par— Yo la amo, pero no se si podré con eso...
— Sh... — Kevin la tomó entre sus brazos y comenzó a mecerla para tranquilizarla— No te preocupes, amor... Será una niña hermosa como su madre, de seguro heredara tu cabello rojo y esos ojos verdes como las aceitunas. Con eso será suficiente... Eres fuerte. Además estoy aquí, no pienso dejarte nunca... ¿Lo entiendes?
— Gracias, por todo lo que has hecho por mí... por nosotras —buscó sus labios y los besó con fervor, juntando los cuerpos lo máximo que podían.
— No hay casi ninguna cosa que no haría por ti —le confesó él antes de volver a besarla—. Te amo, pequeña Caperucita
El celular de ella interrumpió la romántica escena. Nes se levantó de la cama despacio, tratando de no hacer demasiado esfuerzo y fue a mirar el mensaje que le había llegado. Palideció al ver las palabras en la pantalla, pero creyendo que Kevin no lo había notado trató de disimularlo.
— ¿Pasa algo? —indagó Kevin que, desde la amenaza de aborto, estaba atento a cada uno de sus movimientos.
— ¿Qué? No, nada... —le sonrió con normalidad— Yo y ella —se señalo el vientre con dulzura— vamos por una ducha.
— Bien —él asintió sin creer en ninguna de sus palabras—. Ten cuidado. Cualquier cosa me llamas.
— Si, estaré bien —dijo encaminándose al baño.
Cuando ya no estuvo a la vista, Kevin se levantó de la cama y fue a buscar el celular de Nes que había quedado en la mesa. Tenía que saber que era lo que decía ese mensaje que tanto la había perturbado. Por suerte ella no lo había borrado.
“Hola, preciosa. ¿Te acuerdas de mí? ¿Por qué no respondes los mensajes? ¿No te parece hora de que el bebe conozca a su papito? De seguro tienes tantas ganas de verme como yo a ti. Estoy solito en casa... Ven. Dogo.”
Kevin apretó la mandíbula con ira. Ese malnacido la seguía molestando. Tenía que hacer algo al respecto, pero... ¿Quién era ese tal Dogo? Revisó los otros mensajes y terminó por descubrir que había más de uno; y que remontaban a meses atrás, pero en ninguno había información que pudiera ayudarlo. ¿Por qué ella no le había dicho nada? Kevin había creído que después de aquella última vez había habido sinceridad entre ellos, pero parecía ser que a ella aún le avergonzaba contárselo o era consciente de que él no iba a quedarse con los brazos cruzados.
Y tenía razón. Si quería saber quién era ese Dogo, solo había una persona a la cual podía acudir. Buscó su número en la lista de contactos de Nes, pues él en su vida hubiera agregado ese número a sus contactos. Aunque en ese momento era su única posibilidad. Marcó el número en su celular y le dio al botón de llamar.
— ¿Hola?
— ¿Joaquín? —preguntó para asegurarse.
— Si. ¿Quién habla?
— Kevin —se tragó su orgullo y fue al punto—. Necesito pedirte un favor.
— ¿Qué cosa? ¿Paso algo con Nes? —Joako del otro lado de la línea no entendía ni imaginaba que podía necesitar Kevin de él, a no ser que a Vanesa o al bebé le estuviera pasando algo.
— No... Bueno si. Ella está bien, pero él le sigue mandando mensajes... —se apresuró a explicarle mientras vigilaba la puerta del baño.
— ¿Él quien?
— El hijo de puta que la violó —estuvo a punto de gritar pero se controló—. Quiero saber quién es y como tú fuiste con ella al colegio y eres su amigo, tal vez lo sepas...
— Ella no me dijo quien fue.
— Me lo imaginaba, pero en realidad quiero saber si conoces algún tipo al que apoden Dogo.
— ¿Dogo? ¿Me quieres decir que quien le hizo eso a Nes fue Dogo? —Joako no salía de su asombro.
— Así firma el que le manda los mensajes —Kevin empezaba a perder la poca paciencia que se permitía tener con él—. ¿Lo conoces?
— Si era nuestro compañero de curso cuando iba con Nes, pero ahora está en otro. Su nombre es Diego —le contestó.
— ¿Sabes cuál es la dirección de su casa? —cada vez estaba más cerca de tener toda la información que necesitaba para vengarse.
— Si, ¿para que la quieres? —Joako comenzaba a presentir a donde iba todo esto y no le gustaba nada.
— Eso me lo dejas a mí... —le cortó Kevin sin ganas de discutir con nadie— Solo dímela y si puede vente a mi departamento porque no quiero que Nes se quede sola.
Aunque no muy convencido de ayudar, Joaquín apareció en el departamento de Kevin veinte minutos después. El dueño de casa le abrió la puerta y lo hizo pasar en silencio, pues Vanesa dormía plácidamente encorvada sobré su hinchado vientre para protegerlo.
— Siempre duerme así —le explicó Kevin a Joako cuando este se la quedo mirando—, y suele tener pesadillas sobre que le quitan el bebé. Ese malnacido se merece mucho más que ser encarcelado... Mira como la está haciendo sufrir...
Joako sabía perfectamente cómo se sentía Kevin al respecto, pues él también guardaba un odio asesino hacia aquel que le había hecho daño a su amiga. Sin embargo creía que lo mejor era dejar la justicia a manos de la policía y no de ellos.
Kevin caminó hacia donde estaba su novia y la despidió depositando un suave beso en la cabeza de ella. Luego caminó a la salida: — Me voy.
— No tardes... —dijo Joako, pero Kevin ya había cerrado la puerta.
Miró a Nes que seguía dormida y pensó que no le gustaría estar ahí cuando se despertara preguntando por su novio. ¿Por qué no lo había parado? Se dejo caer en una silla, aun con la vista fija en su amiga.

9 oct. 2012

Capitulo 22


Apostemos
El rostro de Kevin se descompuso al ver la sangre manchando las sabanas. El corazón se le desbocó y corrió hacia ella.
— Nes... ¿Te duele algo? —ella asintió sin poder articular palabra— Lo siento. No debí gritarte, cariño.
— ¡No me llames cariño! —le espetó ella tomándose del vientre— Llama a una ambulancia.
— Si, bonita, en eso estoy —dijo marcando el número de emergencia en su celular—. No quise molestarte. Todo irá bien.
Alguien atendió del otro lado de la línea y él se encargó de darle la dirección y las indicaciones. Cuando terminó, Kevin vio que Vanesa lo miraba sin expresión en el rostro. No lloraba, parecía tener sus emociones bajo control.
— ¿Puedes levantarte o prefieres esperar a  los paramédicos? —le preguntó con la voz dulcificada por el miedo que sentía.
— Prefiero no moverme —Nes se sobaba el vientre con una mano sin de dejar de mirarlo a él con los ojos verdes abiertos de par en par—. Kev...perdón no quise gritarte así...
— No te preocupes —le acarició la mejilla con ternura—. Entiendo, estas nerviosa y...
— No, no es eso —Vanesa dejó su vientre para tomar la mano de él entre las suyas—. No quiero que me llames nunca más “cariño”...
— Nes, yo... —quiso defenderse Kevin creyendo que ella quería terminar todo por su arranque de antes.
— No quiero que me llames así, porque así me llamaba él cuando me violaba —admitió ella agachando la mirada.
— De acuerdo, amor —Kevin le levantó el rostro y le besó los labios—. No te preocupes, todo va estar bien.
***
No lo dejaron entrar en la sala de revisión. Kevin tuvo que quedarse mirando la puerta de madera cerrada ante su nariz. Estaba asustado. Sabía que había una posibilidad de que todo terminara mal.
Si Vanesa perdía al bebé, Kevin sabía que nada volvería a ser lo mismo entre ellos. O lo peor nada volvería a ser lo mismo dentro de él. No quería ni pensar lo que significaría para él que ya no hubiera bebé. No se lo podían quitar, no cuando ya lo sentía propio.
Kevin se desplomó en una de las sillas de pasillo y apoyó la cabeza hacia atrás en la pared.
— ¿Sr. Delgado? —una mujer de ambo rosa, que debía ser la médica que la estaba atendiendo a Vanesa, lo llamó.
Él la miró sintiendo una presión sobre su pecho y asintió, esperando que ella entendiera que era él a quien buscaba.
— Su novia está bien —la médica le sonrió tranquilizadoramente.
— ¿Y el bebé? —preguntó Kevin con la respiración entrecortada.
— La señorita tuvo una amenaza de aborto que, afortunadamente, pudimos controlar con medicación justo a tiempo. El bebé esta en este momento fuera de peligro, pero ella deberá hacer reposo lo que queda del embarazo y seguir con la medicación —la mujer le dio la receta de los medicamentos a Kevin y antes de irse lo invitó a estar con Vanesa.
Cuando la médica estuvo fuera de la vista, Kevin permitió que lágrimas de alivio le corrieran por las mejillas. Se puso de pie y, controlándose, caminó a la habitación donde Vanesa iba estar en observación toda la tarde. Se limpió las mejillas antes de entrar, más fue inútil porque volvieron a brotarle lágrimas de los ojos al verla a ella recostada en la cama tarareándole una canción de cuna a su vientre hinchado con los ojos cerrados.
Ojos que abrió cuando lo sintió cerca.
— Oh, Kev —le sonrió y extendió su brazo llamándole a su lado.
El cruzó la pequeña habitación en dos zancadas y rodeó a Nes con sus brazos, estrechándola contra su pecho. Las manos de ella le recorrieron la nuca haciéndole mimos.
— Ya no llores —le rogó Nes, pues había visto sus lágrimas a pesar de que él intento ocultárselas—. Estamos bien los dos.
— Lo sé, pero casi no —Kevin le besó el cabello sin dejar de abrazarla—. Si algo le pasaba a alguno de los dos, me moría. Los amo.
— Yo también te amo, Kev —Nes tomó una de las manos de él y la apoyó en su barriga—. Él también te querrá.
— ¿Él? —cuestionó Kevin mirándola con una sonrisa asomándole entre sus lágrimas.
— Si, creo que es un niño —dijo ella y los pómulos se le colorearon de rojo.
— ¡Oh, no! ¡Claro que no! —dejó escapar una carcajada que le permitió relajarse aún más— Estoy más que seguro que es una niña, una hermosa niña como su madre...
— No lo creo... —Nes se encogió de hombros con una sonrisa burlona en el rostro— Tendremos que esperar un mes más para saberlo.
— Apostemos...
— ¿Qué?
— Que te apuesto a que va ser una niña...
— ¿Qué me apuestas? —ella entrecerró esperando su respuesta.
— Lo que quieras... —dijo él muy confiado en que iba a ganar— Ya sé, el que gane decide que es lo que quiere del otro... ¿Qué te parece?
— Muy bien, apostemos —acordó Nes y concluyó todo tomándolo del cuello de la remera para besarlo.
***
Todos estaban allí. Nes estaba sentada en una silla de la mesa a la que habían agregado almohadones para mayor comodidad. Alrededor, en otras sillas, estaban Joako, Pame con Emiliano, Kevin y Nené, a quien Kevin había llevado allí para ver a su nieta; todos con tazas de té en frente.
— Kev no me deja mover ni un dedo —se quejó Vanesa acomodando su remera sobre el vientre que le había crecido notablemente en el último mes desde que abandonara el hospital.
— ¿Y qué esperabas? Estuviste a punto de perder a mi sobrino —dijo Pame que seguía un poco resentida porque su amiga no la había llamado cuando estuvo internada.
— No es para tomárselo en broma, Caperucita —Nené, sentada al lado de su nieta, le acarició el brazo cariñosamente.
— Si lo sé, abu... —suspiró y le dedicó una mirada amorosa a Kevin a través de la mesa— pero me aburro terriblemente.
— Entonces tendré que venir a divertirte más seguido —anunció Joako feliz—. Puedo venir a cuidarte cuando Kevin este en la universidad.
Vanesa le sonrió a su mejor amigo y luego se mordió el labio viendo a Kevin desviar la vista. Sabía que a su novio no le gustaba la presencia de Joaquín cerca de ella, por su inestable temperamento más que por otra cosa, pero que intentaba no demostrárselo para no angustiarle. Dejó de pensar en eso y miró el reloj.
— Oh, Kevin... —las miradas de los dos se encontraron y él saltó de su asiento preocupado— En media hora tenemos cita con la obstetra...
Todos los presentes comprendieron de inmediato que era hora de marcharse, por lo que Pame y Emiliano fueron los primeros en despedirse y salir. Joako insistió en ahorrarles tiempo a ellos, que ya casi no les quedaba para la hora de la cita, llevando él a Nené a su casa.
Los cuatro bajaron al estacionamiento, los hombres acompasados a las mujeres quienes, cada una por su propia condición, caminaban con lentitud. Joako y Nené, luego de despedirse de la pareja, se subieron en el Ford Ka de él y se marcharon.
Kevin ayudó a Nes a subirse en el Fiata Palio, que había comprado vendiendo su moto y con ayuda de su padrino, y se encaminaron a su cita. Ansiando saber quien ganaría su apuesta.




Hola, aquí estoy... Se qué no es fin de semana pero tengo un nuevo capitulo para ustedes... Aunque falte algo para que ustedes conozcan el final de esta historia, a mi me quedan escribir tan solo tres capítulos, pues ya tenia varios adelantos hecho... Estoy feliz porque sera mi primera novela larga que terminaré...
Bueno, solo eso pasaba a avisar y que es probable que ahora publique alrededor de dos capítulos por semana...
Además quería aclarar que a pesar que la letra de la canción habla de bailar, yo lo tomo como una metáfora y da muy acertado a lo que están viviendo mis protagonistas...
Nada mas.
Besos y disfruten el capítulo...

6 oct. 2012

Capitulo 21


Rojo carmesí
— No me hagas esto —rogó Vanesa con lágrimas en los ojos—. Por favor.
— Oh, por Dios —los primeros diez ruegos le había causado gracia, pero ya empezaba a irritarse—. Haber, Nes... No voy a llevarte a la jaula de un león... No. Es mi casa, mis padres y mi padrino. No es nada raro —respiró hondo tranquilizándose—. Sé que estas sensible por el embarazo y que además tienes miedo de lo que puedan decir mis padres, pero yo los conozco y no van a juzgarte ni odiarte ni a abandonarme por esto... Vamos, amor —se acercó a donde ella estaba sentada y la tomó de las manos para depositar un beso en cada una de ellas—. Algún día tengo que presentarte como mi novia y madre de mi bebe. Lo mejor será que sea antes de que nazca, para lo cual no falta mucho.
— ¿Cómo sabes que no voy a crearte problemas con tu familia? —preguntó ella liberando una de sus manos para secarse la lágrimas.
— Porque los conozco, Nes.
— Yo también creía conocer a mis padres y mira como termino —argumentó ella angustiada.
— Ya basta, bonita... Deja de torturarte, mi familia esta ansiosa por conocerte, ¿sí? Yo ya les comenté la situación... No es que caeremos allí y se darán cuenta que estas embarazada... Ellos ya lo saben —se agachó frente a ella y le acarició la mejilla—. ¿Eso te tranquiliza? Bien. Ahora ve a arreglar tu lindo rostro, que lo que no tolerara mamá es que lleguemos tarde al almuerzo.
Vanesa asintió, se levantó de la silla y fue al baño a retocarse el maquillaje. Habían planeado esto juntos, pero justo antes de salir a ella le había agarrado pánico. No recordaba a los padres de Kevin más que de vista y no sabía cómo podía llegar a reaccionar.
Tenía que dejarse de llorisquear, se dijo irritada frente al espejo. No podía ser que siguiera causándoles problemas Kevin. Como un mantra se repitió que si él creía que todo iba ir bien, también ella se lo creería. Infundada de ese nuevo valor, esbozó una sonrisa y salió al encuentro de su novio.
***
— ¿Viste? No fue tan mal o ¿si? —preguntó Kevin serio mientras se dejaba caer en la cama de costado apoyándose en su codo, para quedar de cara a Vanesa. Aún tenía el cabello mojado por la ducha que se había dado al volver del almuerzo con sus padres y solo iba vestido con un pantalón corto de mezclilla.
— Tonto —Nes levantó un poco la cabeza de la almohada y lo golpeó suavemente en el pecho desnudo. Se acercó a él suspirando—. Tu familia es un encanto. Me siento tan cómoda con ellos.
— Te dije que no te morderían... —le sonrió de forma deslumbrante y después alzó una de sus cejas— Aunque creo que mi mamá pretende atarte a ella para ir a comprarle cosas al bebé.
Vanesa sonrió también y se pegó al cuerpo de Kevin mimosa. Kevin bajó la vista a su novia, que lo miraba con los ojos verdes brillando. Alargó su brazo libre y le acarició el redondeado vientre, mientras que acercaba su rostro al de ella para besarla.
Le rozó los labios con dulzura, cargada en el fondo de esa necesidad suya de hombre de tenerla entre sus brazos y de tocar la piel de ella contra la suya. Con movimientos pausados, prolongó el beso moviendo su boca con conciencia de que se alejaba de la de ella para mordisquearle el cuello.
Nes corrió su rostro para dejar expuesta mejor su garganta y, con manos tímidas, le acarició el pecho. Ella dejó escapar un gemido entrecortado, cuando él se colocó sobre ella sin aplastarla y la beso con urgencia. Kevin sintió como ella temblaba entre sus brazos. Estaba dispuesto a relajarla, por lo que le tasó la mejilla con una de sus manos y la miró a los ojos. Ella parpadeó tratando de dejarse llevar por esos ojos de cielo.
Kevin le posó un beso en la frente, otro en los labios y, sin quitarle la vista de encima, siguió bajando a su escote. Nes echó la cabeza hacia atrás y acarició la espalda de él, con el deseo brotando de su cuerpo.
Cuidadosamente y sin apresurarse, uno a uno, Kevin fue desabrochando los botones de la blusa de Vanesa, para acceder a donde la ropa no lo dejaba. Dedicó un beso a cada nueva porción de la piel de ella que descubría. Nes, que tenía la piel sensible por el embarazo, percibía a su cuerpo complacido con las atenciones que, las manos y la boca de él, le prodigaban. Conteniendo sus gemidos con dificultad, Nes quitó las manos de la espalda de él para rodearle el cuello y enredar sus dedos con los bucles rubios de este.
De repente, Kevin se detuvo en seco y se irguió un poco privándola de su placentero calor. Nes, temiendo haber hecho algo mal, retiró sus manos de donde estaban con rapidez.
— ¿Qué es esto? —Kevin presionó la piel de Nes justo sobre el nacimiento de uno de sus senos y ella lanzó un quejido ahogado al sentir una punzada de dolor.
Cerró los ojos escondiendo su mirada de la de su novio. Por dentro el deseó que sentía hasta hacia segundo se había ido y en su lugar había un nudo que se formaba en su estomago.
— Nes, ¿Cómo te hiciste esto? —preguntó Kevin que seguía mirando desconcertado aquella marca en la blanca piel de su Caperucita.
Ella no contestó. Seguía con los ojos cerrados. Él trago fuerte y, llevado por una intuición, le terminó de abrir la blusa, para descubrir horrorizado que había otro de esos botones morados en la cima del vientre abultado y otro más a un costado cerca de su cintura.
— ¿Te caíste? —indagó aún sabiendo que los moretones eran demasiado irregulares para ser producto de una caída.
Esperó unos segundos y cuando vio que no obtenía respuesta, salió de encima de ella sentándose a un lado en la cama. Vanesa, con trémulos movimientos, se volvió a cubrir el cuerpo cerrando la blusa. Kevin la observaba por el rabillo del ojo con la mandíbula apretada.
— Carajo, Vanesa —dejo escapar el improperio con rabia—, ¿me vas a decir como mierda te hiciste eso o dejaras que yo lo adiviné? —Nes, que estaba aguantando el llanto gracias a esquivarle la mirada, largó un sollozo cuando él se volteó para enfrentarla— Somos una pareja ¿no? Entonces se sincera conmigo. ¿Él volvió a tocarte? —al decir eso se puso de pie y apretó los puños a los lados— Por el amor de Dios, contesta. ¿Fue él quien te dejo esas marcas?
— Si —la afirmación surgió de sus labios seguida del llanto. Agachó la cabeza justo para no ver la reacción de Kevin, pero eso no impidió que la escuchara. Un gruñido bajo y gutural surgió del pecho de él. Ella se acurrucó en la cama, presa del miedo. No a Kevin, sino a lo que él pudiera pensar de ella.
— Sucedió ayer ¿no? —Kevin intentó calmarse sin mucho éxito— Por eso te encontré así en la ducha.
Por toda afirmación el cuerpo de Vanesa se encogió aun más.
— ¿Cómo?
— Él...él me encontró cuando volvía de la farmacia. Me amenazó con dañar al bebé y me obligó a subir a su auto —a Nes por poco no le salía la voz y le temblaba tanto que Kevin tuvo que hacer un esfuerzo para entenderle— y ahí volvió a violarme.
Kevin se llevó ambas manos a la cabeza, sin tener una idea de que hacer con toda esa información.
— ¡Mierda, Nes! ¿Por qué no me lo dijiste? —gruñó de impotencia.
— Yo...me sentía tan avergonzada.
— Por Dios, Vanesa, no es tu culpa —a pesar que intentaba calmarla, su voz salía como un grito—. Deberías haberme dado su nombre, yo lo habría matado —caminó por la cocina irradiando furia hacia todos lados—. Puta...puta madre. Deberías habérmelo dicho...
Vanesa dejó de escucharlo cuando una dolor agudo le recorrió las entrañas de arriba a abajo y sintió como algo líquido le corría entre las piernas. Por una inercia, llevó una de sus manos a donde estaba el líquido y lanzó un grito, que logró frenar la caminata de Kevin, cuando la levantó cubierta de rojo.
— ¡Oh, Dios mío! —chilló y miró a su novio desesperada— Dios mío, Kevin, estoy sangrando...