20 sept. 2012

Capítulo 20


Otra vez
Todo se encontraba en silencio cuando Kevin entró en su departamento. Solo cuando cerró la puerta, pudo escuchar el sonido de la ducha. Sonrió para sí mismo, mientras dejaba su mochila sobre la cama. Miró el reloj sobre la pared, eran las seis, uno de sus profesores había faltado y él había llegado una hora antes a casa.
Qué lindo era eso. Kevin sabía que llegaría cada día después de clases y el departamento ya no estaría vacio, sino que habría alguien esperándolo. Alguien que lo necesitaba y pronto serían dos los que lo iban a necesitar. Tendría que buscar un empleo por las mañanas, no podía seguir dependiendo de sus padres y padrino para todo. Iba a ser padre, tenía que volverse responsable.
Ser padre, lo asustaba más de lo que quería reconocer, pero a la vez le dejaba en el pecho esa sensación extraña y abrumadora de felicidad. Eso era lo que Nes no entendía, que Kevin no estaba siendo piadoso al cuidarla, sino tremendamente egoísta. Él la quería solo para él y a ese bebé también, los amaba a los dos, tanto si les pertenecía como si no.
— Amor, ya volví —anunció Kevin saliendo de su ensoñación y sacó el helado, que había comprado, de la bolsa para ponerlo en el congelador.
No recibió contestación. Tal vez ni lo había escuchado. Kevin se acercó al baño y entreabrió un poco la puerta, lo suficiente para hacerse escuchar sin que ella se sintiera incomoda.
— Bonita... —la llamó tratando de distinguir su silueta a través del vidrio esmerilado de la ducha.
La descubrió hecha un bollo en un rincón de la misma. Sin pensarlo corrió hasta la ducha y abrió el vidrio de la misma de par en par. El agua caía ya fría sobre el cuerpo desnudo de Vanesa, que tenía la cabeza apoyada contra el azulejo y la mirada perdida. El miedo corrió por la sangre de Kevin.
— Nes, ¿pasa algo? —ella no respondió— Vamos, amor, no me asustes... ¿El bebé está bien?
Vanesa levantó la mirada hacia él y una lágrima cayó por su mejilla. Ella no quería que él la viera así, había contado con que aún le quedaba una hora para recuperarse, pero no fue así. Y en ese momento no sabía que debía decirle. Los ojos llenos de terror de él la observaban esperando una reacción de su parte, pero como ella no podía dársela tuvo que hacer algo.
Kevin, pasando un brazo por debajo del agua, apagó las canillas; tomó la toalla que colgaba de gancho junto a la ducha y levantó a Vanesa, envolviéndola en ella. La acunó contra su pecho, sin prestar atención a su anatomía. Le aterraba la idea de que algo malo estuviera pasando. Aunque estaba mojada la deposito en la cama.
— Vanesa... —la llamó de nuevo y ella volvió a hacer caso omiso a sus palabras— Vamos, Caperucita, mírame... ¿Qué te sucede?

Flash back
Kevin se había ido a clase hacia como dos horas. Nes se entretenía leyendo, recostada sobre la cama. Luego de charlar con Nené había decido volver a su plan inicial e irse a vivir juntos al departamento de él. Y aunque su abuela estaba feliz de que ella lo fuera, sabía que la extrañaría mucho; por lo que Nes se prometió ir a visitarla seguido y hacerle prometer a Kevin que la llevaría al hospital el día que su hijo naciera.
Su celular sonó y ella dejo el libro de lado. Abrió el mensaje, era de Kevin, le recordaba que debía ir a comprar las vitaminas, que con todo lo de la reconciliación no había comprado el viernes por la tarde. Tampoco se había acercado a la farmacia durante el fin de semana pues había estado ocupada en su mudanza, a pesar de que no tenía mucho que mudar. Sonrió, feliz de que su novio se preocupara por ella. Salió de cama. Debía ir a comprar las vitaminas. Cogió el dinero, que a pesar de sus quejas Kevin había dejado para ello y se encaminó a la farmacia.
Le tomo alrededor de cuarenta minutos cruzar las diez cuadras que separaban el edificio de Kevin de la farmacia, la cual estaba abarrotada, y comprar lo necesario, pero al fin se encontraba en el camino de vuelta. Eran alrededor de las cuatro de la tarde y el sol calentaba bastante. Para variar, ya había comenzado la primavera y, con calor y todo, Vanesa se alegraba de estar afuera disfrutando del color y el aire puro. Caminaba tranquila, jugueteando con la bolsa con sus nuevas vitaminas.
— Puta traicionera —le susurró una voz junto a su oído—. No fuiste a verme. Te estuve esperando toda la puta tarde.
Paraliza a mitad de la vereda, Nes rogó que esa voz fuera fruto de su imaginación. Tuvo que desechar esa posibilidad cuando un brazo le rodeó la cintura y el cuerpo de él se apoyo en el suyo por detrás.
— Que bien hueles, cariño —Diego tenía su nariz pegada a la base de su cuello, donde deposito un beso—. Creo que solo por eso puedo perdonar su falta de educación al dejarme plantado sin siquiera un aviso.
Dicho esto poso una de sus manos en el vientre fecundo de ella, logrando que ella dejara escapar un sollozo. Tenía tanto miedo por su bebé, que apenas podía evitar temblar.
— Oh, no, lindura... Nada de llantos —de un tirón la volteó de tal manera que ella se vio enfrentada a la mirada lasciva y perversa de él—. No voy a castigarte, por haberme plantado, cariño... pero aún así me debes una compensación. ¿No te parece?
Vanesa parpadeó asustada ante las palabras de él, mientras sentía una de sus manos tasando su trasero y su boca besando su cuello. Un gemido ronco surgió de entre los labios de Diego.
— Salgamos de aquí, cariño —él separó un poco de ella y la tomó de la mano para llevársela—. Vamos a un lugar más conveniente. No aguanto más.
A Nes se le cayó el alma a los pies. ¿Qué se suponía que debía hacer? Ella estaba más que segura de que no quería seguirlo, pero no veía el modo de evitarlo, no sin que ella o su bebé sufrieran algún daño. Sin dejarla pensar más, Diego a arrastro por la calle apresurado. A la fuerza la metió en su coche y arrancó.
Ella creía que él la llevaría a su casa, pero no fue así. Luego de recorrer una par de cuadras, Diego se adentro en un estacionamiento en un subsuelo, alejado de todo movimiento. Aparcó en uno de los lugares y se volvió a mirarla.
— No tienes idea de lo que te he extrañado —dijo él apoyando una de sus manos en la rodilla de Nes y subiéndola hacia el muslo, de tal manera que le levantaba la falda que ella llevaba.
En un movimiento rápido, cambió de mano para poder seguir explorando su pierna, mientras que con la otra, tiraba el asiento del copiloto para atrás. Vanesa quedo recostada, observándolo horrorizada incapaz de decir palabra alguna. No dejaba de temblar y soltó un grito ahogado cuando Diego a liberó de su toque para poder desabrocharse sus pantalones. Se los bajo un poco junto con su bóxer y se subió a horcajadas sobre ella, besándola en la boca, obligándola a recibirlo.
Nes se limitó a llorar y desviar la cabeza aun lado cuando, luego correrle la ropa interior, él la invadió con brutalidad. Esta vez no pudo alejarse de la realidad. No, esta vez se vio obligada a escuchar todos y cada uno de los gemidos de satisfacción que producía él.
Cuando terminó, Diego volvió a su asiento acomodándose la ropa. Pasó una mano por encima de ella y le abrió la puerta del coche, invitándola a irse con una sonrisa despiadada. Vanesa, sin perder tiempo y con mas lágrimas pugnando por salir, se arregló su ropa y abandonó el coche.
Aturdida, se dirigió hacia la entrada del estacionamiento. Cuando estaba llegando a la calle, el auto de Diego pasó por su lado desacelerando.
— Que se repita —le deseó él bajando la ventanilla e iba a volver a acelerar cuando pareció recordar algo—. Ah, toma. Casi te lo olvidas —le arrojó un paquete que Nes cogió al vuelo—. Nuestro hijo debe crecer fuerte.
Sin más, aceleró desapareciendo de su vista. Nes bajo la vista a al paquete y descubrió que eran sus vitaminas. Volvió al departamento casi por inercia, con una certeza dándole vueltas en la cabeza. Diego sabía que el bebé era suyo.
Fin del Flash Back

— Pequña —Kevin la abrazó sobre la toalla—. ¡Por Dios! Dime que sucede. Me estas asustando, Caperucita.
La tomó del rostro y la obligó a verle a la cara. Kevin tenía la mirada vidriosa, se sentía tan aterrado como nunca. La última vez que se había sentido así, había sido cuando la había encontrado a ella tirada en la calle. ¡Que Dios no permitiera que le pasara nada malo! Suplicó él en su interior.
Nes salió de su trance al percatarse del sufrimiento que estaba causando en su novio.
— Oh, Kev —musitó con voz ahogada—. Lo siento
Ella apoyó su cabeza contara el hombro de él, a la vez que este dejaba escapar el aire en un suspiro de alivio.
— No soy más que preocupaciones para vos —se quejó ella lastimera.
— No, Nes, eres mi vida y todos nos preocupamos por nuestras vidas —la consoló Kevin besándole el tope de la cabeza.
Se quedaron abrazados por un rato, con Kevin susurrándole cariños mientras le acariciaba el rostro. Pasó un rato antes de que Nes se percatara de su desnudez.
— ¡Mierda! —gimió avergonzada y agachó la cabeza mientras sus mejillas se teñían de un rojo fuerte.
Kevin sofocó una risita, mirándola con atención por primera vez. Vanesa tenía el cabelló aplastado por la humedad y la piel de gallina por estar expuesta al aire, ya que la toalla no le cubría mucho. Él le acarició el hombro desnudo y acercó su rostro al de ella, llamado por esa mirada acobardada.
— Bonita —le susurró muy cerca de sus labios y ante la sorpresa de Nes le plantó un beso en la mejilla—, ve a cambiarte, así hablamos.
Sin esperar más, Vanesa tomó ropa del armario y se metió en el baño a cambiarse. Cuando salió vestía con un short blanco y una musculosa que dejaba un trozo de su vientre al aire. Se sentó la mesa donde Kevin la esperaba, untando con mucho ahínco una tostada con queso crema.
Él no hablo, mordisqueó su tostada y con una mueca le ofreció a Nes la taza donde le había hecho la leche con chocolate. Uno de sus antojos más recientes. Ella le agradeció con una sonrisa y le dio un trago, paladeando el dulzor de su bebida. Le gustaba que él no la presionara, que la dejara pensar un rato...
— Te traje helado de dulce de leche —le dijo Kevin antes de terminar su café de un trago y como respuestas recibió un suspiro de deleite de ella, que le hizo soltar una carcajada—. ¿No crees que nuestro bebé se vaya a empalagar con tanto dulce?
Vanesa lo miró sorprendida, era la primera vez que lo escuchaba decir “nuestro bebé”. Sabía que debía sentirse feliz al comprobar que el sentía que ese bebé también era de él, pero un nudo se le formó en la garganta al recordar lo que le ocultaba a su novio y las lágrimas volvieron a brotar, pensando en que Diego le haría la vida imposible.
— Ey, ¿qué dije? —preguntó Kevin a la defensiva viendo como Nes lloraba— No quise molestarte con mi comentario —frunció el ceño y se sintió un poco decepcionado de no haberle arrancado una sonrisa.
— No es tu culpa —Nes intentó componerse sin resultado—, las hormonas me alteran...
Kevin estiró la mano sobre la mesa y la colocó sobre la de ella. Con el pulgar le acarició la palma en círculos lentos y mimosos, mientras la miraba con candidez.
— ¿Qué sucedió hoy, Caperucita?
Y de repente, sin previo aviso la pregunta apareció. Certera a la yaga, comprometedora y complicada, acompañada de su sobrenombre cariñoso. Nes contuvo el aire por largo rato, bajo la mirada de Kevin, que sin intención, parecía presionarla para que diera una respuesta creíble.
— Tengo miedo —dijo finalmente. Verdad, totalmente verdad.
— ¿A qué?
— A... —le tembló el labio, no era buena mintiéndole a él— que él se enteré que es su hijo y quiera llevárselo —mitad verdad, mitad mentira.
Ese era su miedo, pero no era lo que la había hecho quedarse bajo el agua helada durante horas. Aún se sentía herida, denigrada, asqueada; pero no quería que Kevin lo supiera. No, él no tenía que cargar otra vez con sus dolores, no tenía que saber que otra vez le había quitado un poco más de su dignidad. No tenía que saber que su novia no era digna de su cariño. No podría soportar que él la dejara.
— Yo estoy aquí, amor, y no dejare que nada les suceda —le aseguró Kevin, y el peso de ocultarle cosas hizo presión en el pecho de ella—. Yo cuidaré de mi familia.


Hola! Espero que hayan disfrutado el capitulo... Debo pedir disculpas por el retraso, pero a decir verdad fue uno de los mas dificiles de escribir. Despues de mucho releer y arreglar cosas he quedado conforme con el resultado... Espero sus comentarios para ver que les parecio a ustedes... Un beso grande...

11 sept. 2012

Premio....

Hola, chicas... Acá me tienen, pero en esta ocasión no vengo a actualizar un capitulo, sino que vengo a mostrarles mi nuevo premio que muy amablemente me otorgo una de mis fiel seguidoras Lourdes... ¡¡¡Gracias nena!!! Bueno ahora a concentrarme en el premio...

Normas a seguir:

- El que recibe le premio deberá escribir 11 cosas de sí mismos (de cualquier tema)
- El que recibe el premio deberá responder las 11 preguntas que le ha enviado quien los ha nominado
- El que recibe le premio deberá crear 11 preguntas más para que las respondan sus nominados
- Los nominados deberán confirmar que han recibido la nominación
- La nominación no puede repetirse es decir los nominados no podrán enviar de vuelta la nominación a quien ya los ha nominado anteriormente (menos de 200 seguidores)

Once cosas sobre mí:

1) Vivo en la Provincia de Rio Negro
2) Soy Cordobesa
3) Mi vida es escribir
4) Estoy en ultimo año de la secundaria
5) Tengo un hermano.
6) No hay un día en que no escuche música
7) Tengo un carácter de m*****
8) Soy una romántica
9) Tengo una relación excelente con mis padres
10) Amo la lluvia
11) Mi perrita duerme conmigo :P

Preguntas de Lourdes que debo responder:

1) ¿Desde cuando eres parte del mundo Blogger?
    Hará alrededor de un año y medio, casi dos...
2) Virtud de la cual estas orgullosa
    Mi responsabilidad .... (creo :S)
3) Defecto que detestas de ti
   Mi costumbre de mandonear...
4) ¿Disfrutas de la soledad?
   Si, muchas veces si... Me gusta escribir cuando estoy sola...
5) Un día que recuerdes de tu vida y desees mencionar.
   No lo sé... Disfruto de los días que con mi familia nos quedamos de sobremesa hablando tonterías y riéndonos...
6) ¿Desde que edad escribes?
   Escribo desde que tengo 10 años mas o menos...
7) ¿De que signo zodiacal eres?
   Soy de sagitario, el centauro... 
8) ¿Que genero lees?
   De todo un poco, pero mi preferido es el romántico
9) Si tuvieras que elegir: ¿vampiresa o loba?
  Loba, definitivamente... no es que tenga algo con con los vampiros pero siempre vi al lobo como un símbolo de lealtad, honestidad y fuerza.
10) Asignatura que no te agrada del colegio o la universidad...
   Bueno, creo que Contabilidad... se que es necesaria pero no me gusta para nada... aunque me resulta fácil...
11) Te gusta comentar en los blogs
   A decir verdad si... A veces soy medio vaga y no comento, pero se lo lindo que es leer un comentario de alguien que lee y le gusta lo que has escrito y por eso me gusta comentar y hacerle saber a esa persona que si estoy leyendo sus escritos y que me han gustado...

Mis nominados:



Y mis preguntas para ellos son:

1) ¿Por que se decidieron a entrar en el mundo Blogger?
2) ¿De donde sacan la inspiración para escribir?
3) ¿Tienen algún ídolo?
4) ¿Que clase de música escuchas?
5) Una frase que te represente
6) Tu rasgo distintivo
7) ¿Que es lo que pase lo que pase jamas abandonarías? (puede ser objeto o no)
8) Canción que en este momento no puedes parar de escuchar y/o cantar...
9) Un deseo para el futuro
10) ¿Cual es la palabra que mas odias?
11) ¿Que piensas de mi?


Eso es todo, espero que mis nominados responda... Besos y pronto estaré aquí con un nuevo capitulo...

2 sept. 2012

Capitulo 19


La cosa más bella
— Siempre te consideré mi niña bonita —comentó Kevin mientras aún se mantenían abrazados y Nes escudriño su rostro en busca de algún indicio de broma—. No me mires así. Lo digo en serio. No te hace una idea hace cuanto que te miro, te quiero, te deseo... —acarició su cuello con la nariz de tal manera que un escalofrío recorrió el cuerpo de ella.
— Haber... ilumíname... ¿Hace cuanto? —disimuló sus ansias de saberlo con una risilla.
— Mucho —declaró él sin dejar de explorar su cintura.
— ¿Hace cuanto, Kev? —Nes no se dejó distraer por los mimos y rogó para que respondiera.
Kevin la miró con cariño, con amor... Sabía que ella necesitaba pruebas que le demostraran que no le mentía y él estaba dispuesto a tomarse la vida entera para dárselas, para probarle que realmente la amaba.
— La primera vez que te vi, tendrías unos cinco años... No me malinterpretes, no creo que en ese momento supiera que te amaba, pero me parecías de lo más linda y aunque no te miraba románticamente me encantaba pasar tiempo contigo —le acarició la mejilla mientras recordaba su infancia—. Me ilusionaba pasar los fin de semana en casa de Tony, antes creía que era porque era divertido estar con mi amigo, ahora sé que era porque no podía pasar una semana sin nuestros viernes de juegos —Nes sonrió compartiendo el recuerdo de esos días con él—. Eras endemoniadamente buena en el Scrabble —Kevin lanzó una carcajada al aire, pero luego posó su mirada dulce en ella—, y siempre escuchabas lo que tenía que decirte sin juzgarme... Charlábamos largo rato cuando tu hermano se dormía... Hasta que al final te dormías en mi hombro de tanta palabrería mía. Adoraba esos momentos, aún los adoro.
— Pero nos dejaste sin ellos al volver de España —lo acusó ella alejándose de sus brazos—. Ni siquiera me hablabas, más que para saludarme...
— Eso prueba que te amaba, que te amo —Kevin intentó volver a abrazarla, pero ella lo evadió y desde lejos lo observó dolida.
— Explícate, porque para mí lo que dices no tiene ni pies ni cabeza.
— Como ya te dije, me encantaba la relación que teníamos... Cuando tuve que irme de intercambio a España, me sentí triste de dejarlos a ti y Tony aquí, pero por sobre todo a vos. Así que para el momento en que debía volver me hallaba excitadísimo de verlos, de recuperar nuestros viejos tratos que se habían maltrecho un poco con la distancia... Recuerdo que mamá se enojo, porque a penas llegue, corrí a su casa a verlos sin dedicarle mucho tiempo a ella...
— ¿A dónde quieres llegar? —lo cortó ella— Aun no entiendo...
— Al irme, deje a mi amiguita de 14 años, que aún coleccionaba cosas rosas; pero al volver, ella se había ido... Quiero decir, ya no era una niña, te habías desarrollado, te habías llenado de curvas... Eras una mujercita de ojos verdes —suspiró a la vez que la escaneaba con sus ojos celestes—. Si me aleje, fue para protegerte...
— ¡¿De qué?! —tanta vuelta estaba exasperando a Vanesa.
— De mi... —se encogió de hombros— Me costó mucho, pero sé que fue lo correcto. Yo tenía 18 años, era un adolescente hormonal y tu demasiado inocente. Si seguía a tu lado, iba intentar llevarte a la cama, a mi cama... —una sonrisa pícara se extendió por su rostro— Pero solo había malos resultados para eso. Si me rechazabas iba ser horrible, para los dos; y si te dejaba llevar, también iba ser horrible. No me hubiera perdonado arruinarte la vida a esa edad, aún no era tiempo para eso...
— ¿En serio? —Vanesa levantó una ceja de forma acuciante— ¿En verdad pretendes que me crea ese cliché?
— Eso creo... —admitió él un poco decepcionado de la reacción de ella— Bueno, pero si no me crees no importa. Lo único que necesito que te creas y entiendas... —en dos zancadas se acercó a Nes y sin dejarla escapar la atrapó entre sus brazos— es que te amo con toda mi alma.
— De eso tampoco estoy segura —le aclaró acomodándose en su abrazo.
— Tampoco importa. ¿Sabes por qué? —sonrió cuando Nes negó desconcertada— Porque no te voy a dejar escapar y aunque me tome toda mi vida, me voy a pasar cada día de la misma demostrándote lo mucho que te amo.
Dicho esto tomo posesión de sus labios, besándola con devoción. Esta vez ella si se dejo llevar por los mimos, dejo que él la depositara sobre la cama y le besara el cuello, bajando hasta llegar a su vientre.
— A esta cosita también le amo —le levantó la remera depositando besitos en abultada barriga.
Vanesa soltó una carcajada debido a las cosquillas. Cuando Kevin volvió a estar a su altura, la miraba con un brillo en los ojos que ella no había notado antes. Él la beso en la nariz y se colocó a su lado, abrazándola por la cintura.
— Te amo, mi pequeña Caperucita —le susurró al oído y ella se dejo llevar por esa sensación placentera que sus palabras desataban en su cuerpo.
***
Besos pegajosos. Manos que no cesan de tocar. Gemidos. Llanto. Dolor. Humillación. Ella intentó desligarse de él, pero no pudo. Al igual que la primera vez, no logró sacárselo de encima. No logró que la dejase en paz. Y él siguió torturándola, usándola. Más besos, más manoseo, más llanto. Se sintió sola, se cansó de luchar y lo dejó hacer. Dejó que él hiciera lo que quisiera con su cuerpo, que lo maltratara. Cerró los ojos y lloró.
— Sh...Sh... Pequeña —unos brazos cálidos la rodearon—. Ya no llores, solo fue una pesadilla —Kevin le susurró al oído mientras la mecía para calmarla—. Abre los ojos, bonita. Mírame. Soy yo.
De a poco y con temor, Vanesa le hizo caso. Él tenía razón, solo había sido un sueño. Seguía en el departamento de Kevin, sobre su cama, donde se quedó dormida junto a él. Lo abrazó para reconfortarse, solo el sentirlo cerca borró el mal sabor que le había dejado la pesadilla.
— Lo siento —murmuró entre lágrimas contra su pecho.
— No tienes por qué disculparte... —le besó el tope de la cabeza estrujándola entre sus brazos. Aún tenía presente en su cabeza, los llantos que lo despertaron. Verla sufrir, aunque sea por un sueño, lo desarmó — Siempre estaré aquí para despertarte, amor. Yo te cuido.
Nes suspiró, ya no había mas lagrimas. Se acomodó en su pecho con tranquilidad, disfrutando de su aroma a ropa de lavandería. Sonrió, él estaba ahí para ella, eso significaba que la quería.
— Hemos dormido como cuatro horas... —comentó Kevin observando el reloj en su muñeca— Son las nueve. ¿Tienes hambre?
— Oh... Kev, debo volver a casa... Nené estará preocupada —Nes se levantó de un salto de la cama—. Al final no le he avisado.
— Te llevo...
— Sin ofender, prefiero no subirme a tu moto en mi estado —dijo ella riendo antes de darle un casto beso en los labios.
— Me refería a que llamemos un taxi y te acompaño... —refutó el poniéndose en pie también— A demás, supongo que tengo algunas cosas que aclarar con Nené, ¿no? Ahora que somos novios, digo, no sé que sabe ella de todo esto.
— Kev, mi abuela lo sabe todo y con todo quiero decir todo, como tu —se puso sería por un momento pero luego volvió a sonreír—. Ah, por cierto, ¿quién ha dicho que somos novios? —a Kevin se le desfiguró el rostro y ella no pudo evitar reír— Que yo sepa nadie me lo ha preguntado.
Él soltó un resoplido al escucharla y también rió. Sabía que ella le estaba haciendo pagar todas las veces que él los había alejado por tonterías. Pero con ella el estaba dispuesto a pagar lo que fuera.
— ¿Ah no? —la haló de la mano acercándola a su cuerpo y clavó su mirada en sus ojos aceitunados— Muy bien. Pequeña mía, ¿quieres hacerme el tremendo honor de perdonar mi estúpidos errores y ser mi novia?
Nes no dijo nada, se limitó a mirarlo como si hiciera mucho que no lo veía. Y en cierta forma era así, hacía mucho que no veía a ese Kevin del que se había enamorado cuando era más chica, ese que se pasaba las noches hablando y jugando juegos de mesa con ella. Pero al fin parecía, que él había vuelto y solo para ella.
— ¿Bonita? —Kevin esperaba su respuesta con ansias y ante su silencio temió que ella volviera a dudar de él, que no lo aceptara— Vamos no me tengas en ascuas...
— Si, tonto, si quiero ser tu novia... y también te perdono —lo besó por centésima vez y se separó de él—. Pero, se consciente de que me debes mucho partidos de Scrabble...
Kevin dejo salir la risa, visiblemente feliz. Y Vanesa mirándolo, pensó que todo parecía ir mejor. Que el rumbó de su vida comenzaba a ir por buen camino.