20 ago. 2012

Capitulo 17


Acoso
— ¡EEEEE! —el grito retumbó entre las paredes de 5to A, junto con la campana que daba por finalizado el día y el año escolar. Todos salieron corriendo, no sin antes despedirse de su profesora de química.
Vanesa se retrasó un poco, su barriga que había crecido un poco mas durante las últimas semanas, la entorpecía de sobremanera. Pame la miró para esperarla, pero ella le hizo señas que siguiera, que disfrutara de su gran día. Emiliano tironeó de ella y su amiga desapreció por la puerta del aula, tras el barullo de alumnos desesperados por abandonar la institución. La profesora de química también se despidió de ella con una sonrisa y un deseo de buena suerte.
Había quedado sola, en un colegio que poco a poco se iba vaciando, pero no le molestaba. Se sentía segura en el silencio, le otorgaba el poder de escuchar, de saber quien le rondaba y que nadie la confundiera. Muy a pesar de eso, Nes no notó que no era la única en el aula y para cuando lo hizo ya era demasiado tarde. Al levantar la vista de su mochila, descubrió que Diego se interponía en su camino a la puerta y tembló.
— ¿Qué tal, nena? —la sonrisa socarrona de él logró que a Nes le diera un vuelco el estomago— ¿No me digas que te ibas sin despedirte?
Nes se mantuvo muda, con la boca seca y el corazón palpitante. Sabía que si hablaba, su voz le haría saber el miedo que la invadía. Ella no podía mostrar debilidad ante él.
— Me dijeron por ahí que estas preñada, dulzura —hizo un mohín de asco— ¿Es mio?
— No —la negación de ella fue rotunda, sin miedo, aunque por dentro estaba a punto de desplomarse—. Es de mi novio.
— Novio, bah, si quieres llamarlo así —Diego se encogió de hombros despectivamente antes de acercársele y tomarla de la mandíbula con fuerza—. Pero recuerda bien, Nes, que una putita como vos no tiene ese tipo de relaciones.
— Por favor, Diego —se esforzó por hablar claramente—. Me tengo que ir.
— No sin darme mi beso antes —la soltó y se sonrió—. ¿A qué esperas? —Nes intentó esquivarlo y correr a la puerta, pero él fue más rápido y la estampó contra el escritorio del profesor. Sus ojos habían adoptado un tono oscuro que pronosticaba peligro— Haber si lo entiendes, maldita puta, si no te comportas no tendré más remedio que hacerle daño a ese retoño que llevas ahí dentro. ¿Lo entiendes?
A Vanesa se le escapó el aire de los pulmones, se aferró al escritorio con ambas manos, mientras su máscara de falsa entereza se caía haciéndose añicos. Todo su cuerpo tembló. Diego disfrutaba con el miedo que causaba en ella. Esos ojos de cervatillo acorralado lo excitaban.
— Vamos, cariño. Ahora que veo que lo has captado —aflojó la presión sobre ella, pero no lo suficiente para que pudiera escabullirse—, quiero mi beso.
Aterrorizada, juntó sus labios con los de él en un corto roce que le produjo nauseas.
— Se que puedes hacerlo mejor —la agarró de las caderas con ambas manos—. Con más pasión, putita.
Nes quería llorar, pero decidida a defender a su bebé a toda costa, se forzó a imaginar que quien la iba a besar no era Diego, sino Kevin. Su dulce Kevin de la mirada celeste llena de bondad. Su héroe de cabellos de oro. Se obligó a olvidar que la había engañado y se concentro en todo el amor que sentía por él. Con manos temblorosas, que luchaba por corregir, le rodeó el cuello para enredar sus dedos en el cabello de la nuca de él. Se acercó a su rostro y cerrando los ojos lo beso con furia disfrazada de pasión.
“Es Kevin” se repitió una y otra vez “Son sus brazos los que abrazan tu cintura, son sus labios los que te devoran sin piedad y es su cuerpo el que sientes pegado al tuyo”. Estuvo a punto de creerse su ilusión, hasta que Diego sacando una de sus manos de su cintura, le presionó un pecho con lujuria. Nes gimió de dolor entre sus labios. El rompió el beso para hablarle con voz ronca de excitación al oído.
— Que ganas de cogerte, dulzura —le mordió el lóbulo de la oreja. Nes sintió como el bilis subía por su garganta, pero se negó a vomitar—. Veámonos mañana.
— No puedo —dijo casi por inercia.
— ¿Qué mierda tienes que hacer? —preguntó Diego ofuscado por su negativa.
— Tengo un chequeo médico —prefirió decir la verdad pues no tenía cabeza para inventar una excusa creíble en ese momento.
— Bien, bien... Todo sea por la cosa —le acarició lascivamente el vientre—. Entonces será el sábado y no puedes negarte, ya lo hemos charlado.
A ella le temblaron los labios cuando dijo que “si”. Con sumisión respondió a un par de besos más y, finalmente, lo vio marcharse antes de romper a llorar. Llena de rabia e impotencia se secó las lágrimas. No quería hacerlo, no quería ir a su casa el sábado, no quería volver a verlo. Con el puño golpeó el escritorio, y su niño, porque ella estaba segura que sería varón, secundo su rabia con una patadita.
— Sh, peque —su mano desarmó el puño y acarició con amor maternal su abultada barriga—. Ya sé que tienes miedo como yo —sus ojos volvieron a humedecerse—, pero te aseguro que, mientras este en mis manos, nadie va hacerte daño. Nadie.
Aún temblorosa, cogió la mochila, que se había caído durante el jaleo, del suelo y salió del colegio agradecida de que ya no tendría que volver allí. Y, si se le ocurría un modo de evadir el encuentro del sábado, tampoco tendría que volver a verlo a él.
***
Vitaminas. La médica le había recetado vitaminas y una crema para sus pies doloridos. Cinco meses, 24 cm. y 690 grs. aproximadamente. Todo marchaba bien, las vitaminas eran una simple precaución ante los cambios de temperatura que estaban sucediendo violentamente en los últimos días. Nada de lo que preocuparse.
Nené había visto la grabación que había hecho de la ecografía para ella y había llorado. Y ella había llorado también sin poder evitarlo. Ni cuando su hermana había estado embarazada de Milagros, había imaginado que sería algo tan desbordante, tan grandioso que una vida creciera dentro de uno.
Se acomodó el borde de la musculosa, mientras recorría la acera camino a la farmacia. Su vientre había crecido un poco en el último mes y ya no se le hacía tan fácil ocultarla en sus viejas remeras, no es que le importara, pero pronto necesitaría ropa de maternidad.
Aún se encontraba sonriendo cuando su celular sonó en algún lugar dentro de la cartera que colgaba de su hombro. Rebuscó en su interior, preguntándose quién le mandaría un mensaje. Su abuela a gatas lograba llamarla, no sería capaz de escribir un mensaje. Si mirar el remitente, abrió pulso a la tecla de leer a penas tuvo el teléfono en la mano y quedo de una pieza con su contenido.
“Mañana, en mi casa como la última vez... No sabes lo deseoso que estoy de verte, dulzura... No faltes. Dogo”
A fuerza de pensar en su bebé, se había olvidado de su “cita” del sábado. Pensar en eso de nuevo le revolvió el estomago. Reanudo su paso a la vez que volvía a meter el celular dentro del bolso. Desviando sus pensamientos, miró el suelo y se concentró en no pisar las ranuras de las baldosas de la acera. Un juego estúpido e infantil, pero infalible a la hora de lograr ignorar reflexiones o voces.
— Vanesa —esa voz temblorosa, que sonaba casi incrédula, le produjo cosquillas en todo el cuerpo y sabiendo quien era su dueño se negó a levantar la mirada.
No estaba lista para enfrentarlo, no a él... No era el mejor momento. Su mente estaba demasiado asustada como para enfrentar el dolor de las excusas que pudiera darle Kevin.

3 comentarios:

  1. Siiiiii!, capitulo d los buenos!!!, echaba d menos a Diego en escena, jejeje

    Me ha encantado!, y ya toy deseando saber k pasará a partir d abora... y k le dirá Kevin a Ness... A esperar!

    Saludos y besos guapa, muak!!!

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  2. Ohh my God!! Que impotencia me da ese Diego, que rabia. Pobre Nes. Me intriga que va a pasar si esto sigue así, sin que ella pueda confesar lo que le pasó. Tendré paciencia lo sé jeje. Un capítulo lleno de emociones, me has dejado con la intriga de Kevin, ¿qué le dirá?
    Un beso grande mi niña y gracias por el capi. Lou

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  3. Uyyy kiero leer esa charla!!! interesante, interesante :D

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