4 ago. 2012

Capitulo 15


Los odio…
Se sentí muy a gusto en la casa de Niqui, Dolores era un encanto de mujer y la trataba muy bien. Había aceptado sin problemas que se quedara en su casa, le había hecho la cena y le había prestado algo de ropa para dormir. Había dormido en la habitación de Camilo a pesar de que había insistido en que no era necesario. En secreto lo agradecía porque las molestias hubieran sido mayores al día siguiente de haber dormido en el sillón.
En la mañana, se despertó temprano, a pesar de que era sábado. Al entrar en la cocina se encontró con que Niqui y su madre  estaban a punto de desayunar. La invitaron a sentarse con ellos. Se sirvió solo leche, pues a pesar que le gustaba mucho el café estaba evitando la cafeína por el bebé.
Luego de que terminaran de desayunar, Niqui pidió el auto a su madre y juntos fueron a casa de Vanesa, pues esta necesitaba recoger algo de ropa para sobrevivir unos días.
— ¿Estás segura que no hay nadie? —Niqui miraba la casa desde el auto.
— No, te preocupes… No hay nadie, mi mamá tiene reunión en la iglesia y mi papá está trabajando —aseguró ella abriendo la puerta del copiloto—. Nadie más vive aquí. Vamos.
Se bajaron y entraron en la casa. Nes sacó una de las maletas del cuarto de sus padres, para llenarlo de ropa y otras cosas que necesitaría estando fuera de su casa. Cuando hubo terminado de empacar, se paró en la puerta de su habitación, no quería irse, dejaba muchas de sus cosas atrás… pero a su vez ya no soportaba vivir junto a sus padres que no hacían más que recordarle con su indiferencia aquello por lo que había pasado.
Echo un último vistazo antes de salir de allí. Niqui la esperaba cerca de la puerta sin moverse, como si estuviese ansioso por irse rápido de la casa. No espero a que ella llegase a él, se adelantó y la ayudó a cargar la maleta.
— Gracias —dijo Nes sonriendo—. Por todo.
Al decir eso, volvió a sus recuerdos aquella tarde en la que le había dicho algo parecido a Kevin, cuando le reveló que creía estar embarazada. Se le formó un nudo en la garganta. Su corazón, él se lo había roto. Lo amaba y él no. Tal vez era la culpa de él por engañarla, tal vez de ella por ilusionarse con poco.
— Sabes que te quiero, ¿verdad? —la pregunta de Niqui interrumpió sus pensamientos.
— Yo…
— Se que tienes novio, pero él no está acá ayudándote y posiblemente este al lado de alguien más —sonaba casi como un ruego—. También se que le amas, pero ¿no podrías quererme a mí?
— Si —afirmó Nes sin pensarlo solo siendo sincera con él que la había ayudado.
— Entonces, dame una oportunidad —se le acercó hasta casi quedar pegados—. Sé que puedo hacerte feliz, que puedo hacer que te enamores de mí…
Por algunos segundos ninguno dijo nada ni hizo ningún movimiento. Vanesa escudriñaba el rostro de Camilo, buscando una respuesta; a la vez que él la miraba impaciente con la esperanza de que ella lo aceptara. Algo la impulso, no supo que fue en ese entonces ni se lo volvió a preguntar más adelante, tan solo tomó ese rostro con esos ojos que le rogaban y lo beso.
Niqui, dio por sentado que eso era un si, por lo que le rodeó la cintura con sus brazos y la levantó en el aire sin despegar sus labios de los de ella. La depositó en el suelo, en el momento que notó que a ella le faltaba el aliento. Nes aún colgada del cuello de él, soltó una carcajada jubilosa. A Niqui le gustaba su risa, pero sobretodo le gustaban esos hoyuelos que se le formaban en las mejillas al sonreír.
— Eres preciosa —paso una de sus manos por el rostro de ella acomodándole el cabello que le caía sobre los ojos y, cuando ella le respondió con una guiño, volvió a besarla con más pasión que antes.
Todavía estaban besándose, cuando un carraspeó hizo que se separasen. Kevin, parado frente a ellos,  paseaba la mirada entre Vanesa y el morocho que le sostenía la mano. Tanía la mandíbula apretada, y a pesar de estar más consternado que otra cosa, no podía evitar sentir celos al ver como se entrelazaban sus manos.
— ¿A qué viniste? —indagó Nes, había perdido su sonrisa al recordar porque no lo quería cerca.
— Vine a verte, pero veo que ya tienes compañía —le contesto entre dientes.
— Si. Kevin, él es Camilo. Niqui, Kevin. —los presentó como no pasara nada, irritando a Kevin, y le apretó la mano a Niqui de manera significativa.
— Un gusto, Kevin —él lo saludo entendiendo el mensaje de ella—. ¿No vamos, cariño?
— Si, llévala al auto —señalo la maleta y le dedicó una sonrisa.
— ¿Te vas con él? —Kevin apuntó despectivamente a Niqui— Creía que te mudarías conmigo.
— Pues lo siento, pero hubo un cambio de planes. ¿No te llegó el telegrama? —interrumpió Niqui.
Kevin se adelantó con la intención de golpearlo.
— Kevin, lárgate de aquí…
— ¿Qué me largue? —Nes lo había descolocado— ¿Qué mierda significa eso?
— Ahora el hipócrita quiere un explicación —Niqui volvió a meterse poniendo a Kevin mas furioso todavía.
— Haber, hombre… Intentó hablar con ella, no con vos ¿no te entra?
— ¡¿Pueden parar los dos?! —gritó Vanesa y ambos le miraron al pendiente de sus palabra— Niqui, cálmate, es algo que tengo que arreglar con él —apretó su mano otra vez pero como muestra de cariño y luego se dirigió a Kevin—. De verdad no entiendes porque me voy con él, ¿no? Ayer discutí con Patricia. Me dijo que prefería que muriera… —creyó que lloraría la decirlo, pero estaba tranquila— Me fui de casa por eso…
— Y te fuiste con él directamente —le reclamó molesto.
— No, fui a buscarte a vos… —ella también se estaba enojando con él— pero estabas muy ocupado. Ya no importa.
— ¿Cómo no importa? ¿Qué va a pasar con lo nuestro? —Kevin no pensó lo iba a decir solo se dejo llevar por los celos— ¿Piensas engancharle mi hijo a él?
— ¿Hijo? ¿Qué hijo? —Camilo no entendía a que se refería ese tipo.
— Oh, no se lo has dicho —se jacto Kevin ante la mirada horrorizada de ella—. Está embarazada…
— ¿Es eso cierto? —Niqui se volvió hacia Vanesa desconcertado.
Ella asintió bajando la mirada. Sabía que algún día iba a tener que enterarse, pero no de esta manera, ella tendría que habérselo dicho.
— ¿Qué se suponía que ibas a hacer? —le preguntó Kevin.
— ¿Cuándo pensabas decírmelo? —le soltó la mano— ¿Cuándo naciera?
— No, iba decírtelo hoy… —se defendió ella.
— Yo… yo no puedo con esto, Nes —dijo Niqui disculpándose.
— ¿Qué quieres decir? Acabas de decirme que me quieres…
— Si, pero un crio Vanesa… —negó mientras se alejaba caminando hacia atrás— No estoy listo para arruinarme la vida de ese modo y menos por uno que no es mío.
Vanesa tomó aire y los observó a los dos por un segundo, entretanto reordenaba sus pensamientos.
— Ambos son una mierda —declaró segura, y continuó sin dejarlos hablar—. No me miren así. Kevin no puedes pretender que luego de haberme besado y de andar por ahí diciendo que soy tuya, me vaya a bancar verte luego con otra mina…
— Nes… —recién en ese momento entendió porque ella estaba molesta e intentó excusarse— Lo que viste fue…
— ¡Me importa un carajo que fue! Confié en vos y me defraudaste… —luego le hablo a Niqui— Eres un cobarde, inmaduro e idiota… porque si de verdad me quisieras me aceptarías como soy y estoy.
— No es justo… —repuso él acusado.
— Cierra la boca —dijo agarrando la maleta con la ropa que había ido a recoger—. Espero no tener que cruzármelos nunca más en mi vida… —se despidió y emprendió su camino.
— Vanesa, espera —Kevin la siguió a la vez que Niqui se subió al auto y se fue—. ¿Dónde vas?
— ¿Qué te importa? —espetó ella caminando más rápido.
— Estás embarazada, claro que me importas.
— Lamento desilusionarte, pero no pienso ser tu acto de tu caridad, Delgado —lo atacó ella.
— Sabes que eso no es verdad, Nes.
— Ya no se que es verdad y ya no me llames Nes —paró a un taxi que pasaba por la calle y se subió.
Era la tercera vez que subía a un taxi y cambiaba de rumbo su vida en menos de veinticuatro horas. Pero esta vez, a diferencia de las anteriores, sabía lo que le esperaba al bajar, no temía a ninguna sorpresa.
— Vanesa —la mujer que le abrió la puerta quedó gratamente sorprendida—. No te esperábamos tan pronto.
— ¿Cómo esta ella? —quiso saber al entrar y dejar su maleta a un lado.
— Muchísimo mejor desde tu última visita —aseguró la mujer—. Ahora está en el jardín arreglando plantas.
Nes no pidió permiso, solo se dirigió hacia allí a paso apresurado. Necesitaba volver a verla, abrazarla.
— Nené —la llamó cuando estuvo en la puerta que daba al jardín trasero.
— ¡Vanesita querida! —su abuela se levantó de al lado del jazmín que estaba abonando y fue a abrazarla.

2 comentarios:

  1. ¡Qué buen capi! Me encantó sobre todo porque creo que Nes tendrá una nueva esperanza con su abuela. Ya que todo el mundo le da la espalda, pobrecilla. ¡Ese Camilo un lujo de hombre! Jajaja. Aunque creo que Kevin insistirá.
    Un beso grande guapa, espero el próximo.

    ResponderEliminar
  2. Apa se calento vanesa!! Los puso a cada uno en su lugar. Que bueno reencontrar a Nené!! no me lo esperaba jajaja

    ResponderEliminar