23 feb. 2012

Capítulo 3

El confidente
Kevin se retorcía las manos inconscientemente. Oía le correr del agua dentro del baño hacia más de veinte minutos. Sino encontraba pronto algo más en que distraerse, nada impediría que entrara en el baño para ver que sucedía.
El pitido de la pava hirviendo le sacó de sus cavilaciones. Tomo dos tazas de la alacena y saquitos de tilo de su cajita. Sirvió el agua con exagerada lentitud y se sentó en la mesa frente a la suya. De a grandes tragos, que le quemaban la garganta, se tomó el contenido de su taza como si fuese un medicamento.
Miró la puerta blanca nuevamente y no aguantó más, se puso en pie dispuesta a proseguir con sus ideas, cuando esta se abrió y Vanesa reapareció. Llevaba puesto un buzo gris y una remera holgada, que el mismo le había dejado. Se le había ido esa imagen demacrada, pero seguía si expresar sentimiento alguno en su rostro.
Caminó hacia la mesa y tomó asiento en una de las sillas, Kevin la imitó. Empujó la taza que había preparado para ella en su dirección. Nes cogió la taza entre sus manos y se la acercó a los labios. Agradeció enormemente el silencio que se prolongó en el rato que ella tardó en terminarse el té.
Gracias musitó bajito Nes al dejar la taza vacía sobre la mesa. Por el té… y por todo lo demás.
Él le sonrió amablemente, pero no dijo nada. Esperaba con impaciencia que ella le explicara que le había sucedido. A su vez ella, recibió la sonrisa con cierta alegría, pero no pudo corresponderla pues la invadía el miedo de saber lo que él esperaba.
No creo poder confesó ella al fin. No me malinterpretes. Me gustaría contártelo, pero no sé si prode aguantar revivir todo otra vez.
Kevin reaccionó con preocupación ante las palabras de ella.
Lo siento… era sincero—, pero necesito saberlo eso no era del todo mentira. Él realmente necesitaba saber que le había sucedido para calmar sus propios miedos o para simplemente confirmarlos. ¿Qué te paso? ¿Por qué estabas sola en mitad de la calle y a estas horas? Que se yo… contesta algo.
Nes tragó con fuerza y decidió que lo mejor era hablar, desahogarse ahora que podía.
Fui a una fiesta en casa de un compañero del colegio comenzó algo titubeante. Todo parecía tan divertido, o eso suponía hace algunas horas. Nos habíamos arreglado en casa de Katy, una amiga. Yo le había dicho a mi vieja que me quedaba en lo ella a dormir… No sabía nada de la fiesta.
Sus ojos reflejaban el arrepentimiento que la inundaba, así también como el temor que tenía a esos recuerdos.
¿Y? ¿Qué paso? Kevin intentaba no apurarla, pero como ella no continuaba insistió con suavidad. Nes comenzó a juguetear con sus dedos sin mirarlo a los ojos.
Bueno… todos se fueron yendo… Katy también… Quedé sola con un chico… Me invito a pasear en su coche… y luego... su casa…
Se detuvo ahí, no quería seguir adelante y dejar más claros los recuerdos aun tan recientes. Sabía  que si seguía lloraría de vuelta y no lo quería. Ya estaba harta de ello. Restregó el dorso de la mano por sus ojos, como si quisiese borrar lágrimas que aún no brotaban. Levantó la vista, para descubrir que Kevin no estaba más sentado, sino que se paseaba de aquí para allá recorriendo en segundos los pocos metros de la cocina.
En su casa… escuchamos música… cantamos… bailamos continuó con su voz temblorosa y se reprendía el haberse sentido tan feliz en aquel momento. Todo bien… hasta que…
Kevin frenó en seco cuando ella dejo de hablar. Ojos húmedos… un chico… música… No sabía qué, pero sabía que había algo que no cuadraba. Tal vez él la había rechazado… tal vez no era algo malo. Quería creerlo así, pero tenía el mal presentimiento de no era tan fácil.
¿Hasta qué? volvía a apurarla, pero no podía esperar más y con sus cavilaciones no llegaba a ninguna parte.
Él… él me beso a la fuerza las lágrimas amenazaron con brotar de un momento a otro… y luego… no logró continuar, rompió a llorar cuando las imágenes le inundaron.
Él la contempló un momento en silencio absoluto. Un beso forzado. ¿Qué más?
Vanesa… le llamó la atención con dulzura Te beso… ¿y luego? se le acercó con lentitud y le quitó del rostro las mano con las que se había cubierto.
Quise detenerlo… Lo juro… No pude, era más fuerte que yo ahora además de llorar había comenzado a gritar. ¡Te juro que no pude!
Quiso calmarla e intentó abrazarla, pero ella rehuyó a su contacto y saltó hacia atrás. Ese gesto sumado a sus palabras, hicieron que todas las ideas cobraran sentido para Kevin. Solo necesitaba una confirmación que lo desatara todo.
¡Vanesa, mírame! le ordenó tratando de no asustarla Respóndeme. ¿Te violó? su voz salió como un siseó.
Toda confirmación fue dada, cuando Nes cayó de rodillas contra el piso. La vista de Kevin se nubló, comenzó a ver todo rojo. Su mente se debatía entre consolarla o sacudirla hasta que le rebelara el nombre del hijo de puta que le había hecho eso e ir a matarlo a golpes.
Definitivamente luego habría tiempo para vengarse… ahora todo lo que le importaba estaba ahí. Nes seguía desplomada en el suelo, sacudiéndose violentamente debido al llanto que la consumía. Deseaba abrazarla, demostrarle que estaba a salvo, pero el recuerdo de su reacción momentos antes le detenía.
 Dio un paso hacia ella con precaución, midiéndola. Nes no se movió, ni siquiera se percato de él. Se atrevió a moverse más deprisa. Le ayudó a levantarse, y con amabilidad la llevo a la cama donde la dejó recostada. Buscó una frazada en el armario y la cubrió con ella, rogando que pudiera descansar un rato.
Vanesa se quedó allí, inmóvil, lagrimeando y tratando de no pensar en nada. Él se apoyó en la pared hirviendo por dentro. No podía, ni se le antojaba, imaginarse a ese tipo poniendo sus manos sobre ella, sometiéndola. No a ella, a esa mujer que el amaba con tanta ternura desde hacia tantos años.
***
Se despertó con un desgarrador grito resonándole en sus oídos. Su grito. Había soñado con él, pero ya se había despertado. Por un momento creyó que su espalda estaba contra la estantería otra vez y no pudo evitar comenzar a llorar. Reaccionó. Su espalda estaba en contacto con el mullido colchón de una cama de dos plazas.
Buscó a Kevin con la mirada. Él no estaba en el departamento. Suspiró aliviada. No quería que él la viera otra vez así, no hacía falta que le preocupara mas. Él había sido tan bueno, tan comprensivo. Se puso en pie y secándose las lágrimas se dirigió a baño.
Se miró al espejo, tal y como había hecho la noche anterior, y tuvo ganas de romperlo en mil pedazos. Un pequeño cardenal había terminado de aparecer en el borde de su mejilla. ¿Cómo haría para esconderlo? Su madre preguntaría… ella no podía decirle la verdad… No le creería.
Comenzó a dolerle la cabeza. Apoyó la frente en el frio azulejo de la pared. Con los dedos intentó peinarse un poco. Se volvió a lavabo y se enjuagó la cara con agua fresca. Salió de allí, mientras rozaba el cardenal suavemente con un dedo e hizo una mueca al ver que le dolía. Se acercó a la heladera. La puerta se abrió y Kevin ingreso con una bolsa de nylon en la mano.
Hola… Kevin le sonrió intentando infundirle buen humor Veo que ya te has levantado.
Nes asintió sin saber que mas decir. Tuvo el impulso de correr hacia él y enterrar su rostro en su pecho, mas se contuvo.
¿Qué haces ahí? preguntó el al ver lo cerca de abrir la heladera que estaba ella ¿Tienes hambre?
No, no es eso… murmuró ella mientras el color subía a sus mejillas Iba por hielo.
¿Hielo?
Quiero ver si con un poco de frio se le va el color se señalo la base de la mandíbula.
Kevin observo con gran disgusto el cardenal que ella le señalaba. Se le acerco con paso decidido y le cogió el rostro con dulzura.
¿Te duele?
Solo un poco ¿cómo podía ser que el tacto de Kevin le infundiera tanta confianza cuando había pasado su peor momento hacia menos de un día?
Kevin entrecerró los ojos. Buscó unos hielos del congelador y los envolvió en una servilleta antes de aplicársela con cuidado al rostro de Nes. Ella se dejó, le tranquilizaba su cercanía y sus cuidados.
Tómalo… Kevin le tendió los hielos con la intención de alejarse un poco. No quería hacerle más daño del que ella ya tenía Te traje algo de comida… Si quieres.
Desempaquetó las facturas que había traído en la bolsa de platico y la dispuso sobre la mesa. Nes que sostenía el hielo junto a su mejilla, se sentó a la mesa solo por darle el gusto a él.
Patricia… ¿a qué hora te espera? Kevin se arrepintió de hacer esa pregunta a penas las palabras salieron de su boja, porque la cara de Nes se descompuso totalmente Lo siento… No quise molestarte… Aquí puedes quedarte el tiempo que quieras… Tan solo que no quiero que tengas problemas… Ya sabes… sus palabras se entrecruzaban por los nervios.
No importa. Mamá no me espera hasta mañana en la noche dijo a sabiendas que su madre creía que pasaría el fin de semana en lo de Katy. Igual yo me iré dentro de unas horas… Tal vez a lo de Katy. No quiero que mi familia lo sepa.
De ninguna manera… Si no vas a volver a tu casa te quedas aquí afirmó Kevin sin dejar que discutiera nada. No dejaré que nada malo te pase…

14 feb. 2012

Capitulo 2


…y tendrás consecuencias.
Se encontraban tan cerca uno del otro, que Vanesa podía sentir el hedor a alcohol que emanaba de su boca. Intento apartarse de Diego, pero sus brazos la asían con fuerza
No seas arisca, nena -le susurró junto al oído produciéndole a ella un estremecimiento en todo su cuerpo.
Vanesa cerró los ojos y deseo poder librarse de esta. De repente su boca se abrió en jadeo por el contacto forzoso de los labios de él. Desesperada intento golpearlo, pero solo logro que ambos perdieran el equilibrio y finalmente cayeran al sillón quedando ella atrapada por el peso de Diego.
A él la caída no pareció molestarle pues se acomodo mejor y comenzó a recorre el cuello de Vanesa con sus labios. Ella aprovechado que tenía la boca libre respiro con dificultad intentando encontrar su voz para gritar, pero no lo logro. Inmovilizada como estaba solo atino a morder con toda sus fuerzas el hombro de él.
Diego se quejo ante el dolor. Levanto la cabeza y la miro con una irónica sonrisa. Puso una de sus manos en alto y con el dorso de ella le pego en el rostro. Vanesa a pesar del dolor que sentía en su mandíbula quiso seguir luchando. Él comenzaba a cansarse por lo que volvió a pegarle, esta vez más violento. Vio con dicha como las lágrimas corrieron por sus mejillas y poso suaves besos en ellas.
Como Nes había quedado inmóvil, decidió proseguir por donde estaba. Volvió a su cuello, en tanto con las manos tanteaba sus piernas cada vez más arriba. Nes empezó a marearse y con cada minuto que pasaba se sentía más aturdida.
Él la levantó por las muñecas separándola del respaldo del sillón lo suficiente para que pudiera quitarle la campera de jean y arrojarla al suelo. Beso sus hombros desnudos con deleite. Y escucho los sollozos de Vanesa cuando rasgo la tela de su remera. Estaba ansioso por seguir adelante... se quito a sí mismo la remera y continuó.
Posó una de su mano en uno de los pechos de ella apretándolo con satisfacción. Le arrancó el corpiño y se humedeció los labios mientras la miraba. Ella no se movía tan solo lloraba, esperando que todo acabase rápidamente. Diego se rió y bajo con su boca hasta donde su mano había estado antes.
A Vanesa le asqueaba el contacto de boca pegajosa sobre su piel. Sentía que todo se revolvía en su estomago. Por un instante él, la miro a los ojos con los suyos brillosos por la lujuria. Luego le subió la falda, se desabrocho los vaqueros con rapidez casi frenética y lo último de lo que Nes fue consciente, fue de que él le bajo la ropa interior.
No percibió nada más. Se alejó de la realidad o por lo menos lo intento. No se dio cuenta de cuando él se vistió satisfecho y se echó a dormir en el sillón, pero en un momento se encontró con la espalda desnuda apoyada en la estantería de los CD´S. Vagamente recordaba haberse arrastrado hasta allí.
Quería huir, salir de ese lugar. Pero sentía las piernas entumecidas. Se quedo un rato en silencio escuchándose gimotear por lo bajo, para que Diego no se despertara. Poco a poco fue recuperándose y supo que lo mejor que podía hacer era largarse de allí.
Se seco las lágrimas con las manos y a gatas emprendió la búsqueda de lo que quedaba de su ropa. Recupero su falda y su campera, la cuales se puso. Tomó también los tacones, pero ni pensó en colocárselos. Todavía contra el suelo se dirigió hacia la entrada y sola allí se animo a erguirse.
Tan pronto como hubo atravesado la verja, inició una carrera desesperada. De vez en cuando, bajaba un poco la velocidad para fijarse si él no la seguía, y al ver que no era así volvía a emprender la marcha. ¿Cuántas cuadras había recorrido? No tenía ni la menor idea.
Frenó un momento jadeando, todo parecía desconocido a su alrededor. Le dolía la cabeza de tal forma que al intentar reemprender su huida se mareo y termino por vomitar a un lado de la calle. En otro momento eso le hubiera parecido de lo más asqueroso, pero como estaba ya nada le importaba más que no volver a Diego nunca más.
Se limitó a limpiarse la boca con el dorso de la mano. Miró a todos lados y al ver que estaba sola se permitió respirar con tranquilidad. Recordó los tacones y decidió ponérselos. Estaba cruzando la calle cuando unos faros aparecieron por una de las esquina, a su mente llegó la imagen del Corsa e intentó salir corriendo, pero los zapatos le jugaron en contra por lo que cayó de bruces contra el asfalto.
La moto se detuvo a centímetros del cuerpo de ella. Un joven se bajó y Vanesa sintió como el pánico aumentaba a medida que este se le acercaba. Se alivio algo cuando vio que el dueño de la moto era demasiado alto para ser Diego.
Mientras tanto el joven la miraba con pavor. No imaginaba que era lo esa chica podía estar haciendo en el suelo. Por eso comenzó a imaginarse lo peor. ¿Y si estaba muerta? ¿Cómo se las apañaría? Se acuclilló junto al cuerpo y corriendo el cabello de ella le busco el pulso en el cuello.
Vanesa se corrió ante el contactó. Él suspiro aliviado por ver señales de vida. Más tranquilo comenzó a fijarse en sus rasgos. De repente la reconoció.
¿Vanesa? la joven gimió a modo de respuesta ¡Vanesa! ¡Mi Dios! ¡¿Qué te paso?!
Nes comenzó a incorporarse con dificultad. Él la tomó de los hombros, a pesar de que ella se resistió, y le ayudo a sentarse.
Gracias… sus ojos húmedos amenazaban con desbordarse. Termino de pararse sin ayuda y él se incorporó a su lado.
Ella se sentía mareada por el golpe y no lograba reconocer a esa persona que si parecía conocerla. Cuando quiso caminar se tambaleó, por lo que el joven la agarro antes de que volviera a caer,
¿Te llevo? le propuso al ver que Nes intentaba ponerse en marcha de nuevo sin ningún éxito.
Ella le miró con cautela y un poco de pánico que se vislumbraba en su rostro.
No, gracias. Voy caminando trató de sonar natural, sin embargo el miedo le hizo temblar la voz.
Vamos, Nes… estaba sorprendido de su rechazo y de su mirada hostil, siendo que se conocían de pequeños. Intuía que no lo había reconocido. Soy Kevin, el amigo de Tony…
¿Kevin? el nombre brotó de sus labios como una pregunta.
Luego de que Vanesa se convenciera que ese joven era el Kevin que ella conocía desde hacía años, se subió la parte de atrás de la moto. Kevin podía sentir sus brazos apretándole con fuerza las costillas, pero no le importaba. Le preocupaba más su cercanía. Tantos años había luchado para verla solo como a una hermana menor, que no podía permitirse, que una noche, todo se fuera al carajo.
¿A dónde me llevas? la voz de Nes llegó amortiguada por el viento.
A tu casa…
No… ahí no. Por favor… sonaba extraña.
Kevin aminoro la marcha hasta acercarse al cordón de la vereda, y se volteo para mirarla. De los ojos color aceituna de ella caían pequeñas lágrimas que brillaban sobre su rostro.
¿Estas llorando?  el corazón se le había estrujado. Cuando la vio tirada en la calle creyó lo peor, mas al ver que se levantaba sin más concluyó que debía de estar borracha. Pero ahora al verla llorar, sus miedos volvieron a renacer ¿Qué te paso?
Nes se seco las lágrimas con la punta del pulgar y musito un imperceptible “nada”. La cabeza de él trabajaba al doble de velocidad tratando de averiguar la forma de saber lo sucedido.
Mira… dijo por fin Hagamos un trato. Yo te llevo a mi departamento y vos… me contas que te paso… Vanesa se mantuvo muda De lo contrario te llevo a tu casa y que se la arreglen tus padres.
Ella gimió ante la mención de sus padres. Se sentía irritada con Kevin por hacerle esto, pero prefería enfrentarse a él que a sus progenitores. Por lo que buscando valor logro pronunciar dos palabras: Trato hecho.
La moto cobro vida de nuevo y Vanesa se sujeto de la cintura de Kevin con miedo. Sabía que pronto debería afrontarse a un interrogatorio que le haría rememorar las últimas horas de horro que había vivido.
Aparcaron el estacionamiento privado de un edificio moderno, que tenia grades ventanales en la planta baja y que era de color gris platinado. Constaba con alrededor de diez pisos y se notaba que poseía gran lujo.
Si dependiese de él o sus padres, Kevin jamás podría permitirse vivir en un sitio así, pero su padrino se lo pagaba todo incluyendo los servicios. Flavio, no había tenido familia y siendo el mejor amigo de su padre había sido elegido como su padrino. Encariñándose hasta tal punto, que le regalaba todo lo que podía y estaba a su alcance, el cual era bastante amplio.
Kevin bajo del vehículo y le ayudo a hacerlo a Nes. Al encaminarse hacia la entrada este noto que ella temblaba, asique al tomo de los hombros y tras pasar por una recepción que se encontraba vacía se adentraron en los ascensores. Vanesa podía notar el calor de las mano de él contra su cuerpo, como esto le trajo malos recuerdos se aparto del delicadamente. Kevin el dejo tranquila mientras subía al tercer piso y entraban en su departamento. Su departamento a pesar de ser lujoso, no era más que un loft.
Cocina, comedor, living y dormitorio en una misma habitación de grandes proporciones. En una esquina la cocina bien equipada y del tamaño justo; a dos metros una mesa de roble redonda que era lo suficientemente grande para que se sentasen dos personas y contaba con su par de sillas a juego. En la otra punta, una cama de dos plazas moderna estaba paralela a un televisor de pantalla plana de pocas pulgadas.
Al entrar, Nes se dejó guiar por él hasta la cama y se sentó en la esquina. Kevin se acuclilló en frente mirando a esos ojos verdes que aún seguían húmedos.
Ya, ya… No llores… -le limpió las lágrimas con un pañuelo que saco del bolsillo de su pantalón. Dime que te sucedió
Nes sorbió por la nariz con fuerza y lo miró desorientada. Recordó la mano de Diego sobre su pie desnuda y sintió arcadas que tuvo que contener.
No quiero hablar aún… dijo con voz estrangulada Necesito…tomar un baño… Si puede ser…
Él le sonrió comprensivo y asintió. Se irguió de un salto y al hacerlo choco contra Vanesa que había intentado incorporarse al mismo tiempo. Kevin la tomó del brazo para que no cayera, pero su peso desfallecido lo arrastro sobre ella a la cama.
Cuando ella sintió el contacto de ambos cuerpos comenzó a gritar con desesperación y a removerse debajo de él para soltarse. A su diferencia, Kevin se sentía incomodo con el contacto, mas no porque le repugnara. Sino porque las vibraciones que este le hacía sentir por todo su ser. Vibraciones que lo hicieron suspirar y lo tentaron a posar sus labios en el cuello de ella.
Vanesa seguía moviéndose con histeria e intentaba quitárselo de encima rasguñándole los brazos desnudos de él. Kevin intentó a su vez levantarse, pero los estremecimientos de ella no se lo permitían, por lo que rodó sobre sí mismo y quedó tendido en la cama a su lado.
Lo siento se disculpó jadeando cuando pasaron los chillidos y ella gimoteaba por lo bajo. Su tono denotaba la preocupación y la angustia que le embargaba. No fue mi intención incomodarte.
Nes se obligó a recordar que quien estaba allí era Kevin y no Diego; y que él no pretendía hacerle daño alguno. Con esfuerzo se levantó de la cama mientras él se sentaba en el borde de ella.  Ambos se miraron en silencio durante un instante.
¿Me… harías un favor? ella se sentía avergonzada y culpable de todo lo que le había sucedido a pesar de saber que no debía sentirse así.
Lo que necesites… se apresuró a responder Kevin con seguridad.
No me presiones… Te lo diré todo… pero no me presiones el labio inferior le tembló al hablar y tuvo que luchar contra las lágrimas que intentaban salir.
¿Por qué no te das ese baño…? él cambio el tema con el propósito de mantenerla tranquila. Estaba ansioso y nervioso. Tenía que ponerse a hacer algo o explotaría. Yo prepararé té mientras.
Nes no contesto, solo se limito a dirigirse al baño con paso tambaleante. Abrió la puerta blanca junto a la cama e ingresó. No notó lo pulcramente blanco que estaba el baño. Se quitó la campera de jean arrojándola detrás de sí, desbrochó el botón de la pollera y dejó que se deslizara por sus piernas hasta caer al suelo.
Observó su rostro en el espejo sobre el lavabo. Vio sus ojos perdidos y rojos de tanto llorar, sus cabellos revueltos en una maraña rojiza... Un cardenal estaba tomando color en su mejilla. Se volteó con rabia para ya no mirarse. Terminó de quitarse la ropa interior y se metió en la ducha.
Abrió la llave dejando que le agua helada corriera por su piel causándole punzadas y escalofríos. Sintió su piel magullada y eso la asqueó. Cogió la esponja y se la restregó fuerte por todo su cuerpo añadiéndole jabón en un intento por limpiarse. Pero no salía, esa sensación de suciedad que tenía no se iba. Se apoyó contra el azulejo y se dejó resbalar hasta quedar ovillada en una esquina, con el agua mezclándose con su llanto silencioso.
Mientras tanto, Kevin daba vueltas en la cocina. Ya había cambiado varias veces su decisión sobre que té debería hacer. Finalmente se había quedado con el tilo, pues según su madre calmaba los nervios… que ambos, él y Nes, tenía de punta. 

7 feb. 2012

Capitulo 1


Desobedece…

Katy la miró de arriba abajo con los labios contorsionados en una mueca de espanto. Inspeccionó su vestuario con precaución una vez más y suspiro defraudada.
— Vengo de visitar a mi abuela —se excusó Vanesa. Katy sonrió.
— No está… mal —se volvió hacia su armario y comenzó a revolverlo en busca de algo—…pero esa remera… —volvió hacia ella arrugando la nariz—…es muy cursi.
En sus manos llevaba una musculosa blanca con dibujos en un negro brillante, que era algo escotada.
— Ponte esta… Katy la miró picaronamente y le tendió la remera Va a resaltar tu figura…
— No se… Vanesa se quedó pensativa.
— Nesi, Nesi… su amiga le apretó las mejillas entre sus manos y acerco su rostro al de ella. Va ir vos ya sabes quién…
Nes sintió como el calor le subía al rostro coloreándole los pómulos. A su mente acudió la imagen de un joven de cabello oscuro como la noche y ojos claros, que le recordaban a día nublado. De tanto observarlo sabía que sus cejas eran gruesas, sus labios finos y su sonrisa blanca, deslumbrante. Se sacudió la imagen de su cabeza tratando de volver a la realidad.
No… no sabía que Diego iba a ir también…
¿Y? Entonces, ¿qué me decís? balaceó la remera entre sus dedos, sonriendo tentadoramente.
¡Dame eso! Nes le arrancó la musculosa de las manos. Se sentía irritada por tener que reconocerle que tenía razón.
Se fue detrás del biombo, que su amiga tenía en la habitación, y de un tirón se sacó su sosa remera para cambiarla por la que le habían dado. Frente al espejo tuvo que reconocer que Katy volvía a tener razón, esa remera le marcaba su delgado abdomen y le daba un poco más de busto. Dio una vuelta y le sonrió a su imagen en el espejo.
Luego llamó a su madre para avisarle que se quedaría a dormir allí y decirle que no se preocupara. Patricia suspiró frustrada del otro lado de la línea pero no dijo nada. Cuando cortó, Nes y Katy rieron de la incredulidad de las madres.
Después de la infaltable elección de accesorios y maquillaje, partieron hacia la casa de Rino a las diez en punto. En el camino se encontraron con Pamela que iba abrazada a Emiliano. Katy y Vanesa se miraron sorprendidas, Pamela se puso roja y bajo la vista. Katy se carcajeó, Vanesa no podía creer lo que veía.
¿Qué es tan gracioso? preguntó Emi que aún estrechaba a su novia contra su cuerpo.
Nada… Nada… ella no podía parar de reír. Nes le pegó un codazo en el costado, que no le hizo ni un rasguño, pero de a poco comenzó a calmarse y a recuperar el aliento Emi. No entiendo que le viste.
¡Caterina! gritaron Emi y Nes al unísono, aunque el grito de él fue más un gruñido y el de ella un regaño.
¿Qué? dijo Katy sonriéndoles simpática. Solo digo la verdad. agregó y dándose la vuelta continuó el camino. Nes y los novios la siguieron unos pasos detrás hasta llegar a la casa de Rino.
La “fiesta”, fue una mezcla de alcohol, música fuerte y descontrol. Katy se pasó la noche entera colgada de Rino. Pame y Emi se quedaron en un rincón dándose de vez en cuando tiernos besos y mimos. Nes había logrado bailar con Diego en algún momento y por ello se sentía feliz.
Llegadas las tres de la madrugada la mayoría de los invitados se fueron marchando en reducidos grupos hacia el único boliche de la ciudad. Pasada una hora solo quedaban en la casa: Pamela y Emi, que había tomado una habitación prestada; Katy que encaramada al Rino le susurraba cosas al oído; y Nes sentada en el sillón junto a Diego charlando animadamente.
De un momento a otro Katy agarrando a su chico por la muñeca lo arrastro hacia el piso superior donde se encontraban las habitaciones. Al pasar junto a Nes, se corrió su cabello claro de la cara y le guiñó el ojo con complicidad, para luego desaparecer.
Nes miro su vaso con fernet con coca con expresión casi histérica. Podía sentir los ojos de Diego pegados a su rostro y el calor de su cuerpo a su lado. Diego se levanto con lentitud y fue a la mesa para servirse un a vaso de cerveza, lo que ayudo a que ella fuera relajándose una poco. Él tomó un trago y volvió a sentarse a su lado.
Te quedaste muda. dijo acercándose el vaso a los labios nuevamente. Nes levantó la vista y se encontró con su dulce mirada. De un saque vacio su vaso para darse el coraje que le faltaba.
No pasa nada sonrió con la alegría producida por el alcohol recién ingerido. Me aburro. ¿Qué hacemos?
Él se levanto de un salto dejando su vaso ya vacio sobre la mesa ratonera junto al sillón. Mientras le sonreía con picardía le tendió una mano a ella para ayudarla a ponerse en pie.
Vamos a dar una vuelta en mi coche… fue mas una afirmación que una propuesta, pero ella le tomo la mano aceptando la idea.
El Corsa plateado resplandecía bajo la luz de la Luna que delineaba sus contornos suaves y hacia más oscuros sus vidrios polarizados.
¡Wow! Nes se maravillo ante aquella vista. Te malcrían un poco tus viejos… los míos no me comprarían uno jamás… a gatas tengo una bici y en estos momento esta rejuntando tierra en el garaje —no sabía por qué había dicho aquello último y de repente se sintió avergonzada.
Dale subí la invitó mientras abría la puerta del copiloto como todo una caballero. Al cerrar la puerta le sonrió cálidamente antes de dar la vuelta y subirse de su lado.
Con el rápido movimiento aprendido por el hábito colocó la llave en la hendidura girándola para que el motor arrancara. Cuando Nes vio que el velocímetro pasaba de o a 120Km/h se abrochó el cinturón de seguridad y se enterró en el mullido asiento de cuero.
Bajaron del todo las ventanillas y el viento veraniego les pegaba en el rostro alborotándoles el cabello. Diego tomaba las calles vacías a gran velocidad y doblaba las esquinas en curvas peligrosas que hacían que Vanesa gritara y luego rompiera en carcajadas.
Luego de media hora de esas vueltas alocadas, Diego se estacionó junto a las costanera y de a poco ambos fueron recuperando la tranquilidad observando el reflejo de la luna sobre el rió rebosante debido a la lluvia torrencial de la última semana de otoño.
¿Volvemos? preguntó Vanesa aún riendo.
Como quieras… De seguro ya han acabado contestó el haciéndola reír otra vez—. Igual démosle un ratito mas… mientras me acompañas a casa para buscar más plata para ir al boliche.
No hay problema declaro ella pasándose por alto la costumbre que Diego tenía de no preguntar si no afirmar.
El motor se puso en marcha nuevamente y en pocos minutos había recorrido las calles hasta quedar delante de una casa de ladrillos vistos y tejas negras. La casa tenía dos plantas, verjas de hierro oscuro y mostraba su sobriedad por la ausencia de las distintivas flores que tenían la mayoría de las casas vecinas.
Nes pego un gritito cuando la puerta del copiloto se abrió, pues no se había percatado que el ya había bajado. Bajó del auto intentando de no trastabillar con el taco de su zapato y río tontamente cuando este se trabo en una pequeña hendidura. Diego no hizo más que sonreír y abrir la puerta de entrada con un giro de la llave.
Dentro todo estaba a oscuras, por lo que él tuvo que ir prendiendo las luces a medida que ingresaba en las habitaciones.  Nes lo siguió a través de la pequeña entrada hasta llegar a un living amueblado con elegantes sillones de madera con almohadones forrados de una imitación de cuero color oliva. Un LSD enorme colgaba de la pared y debajo un equipo de música que hubiera dejado al pequeño grabador que tenía en su dormitorio listo para ser arrojado a la basura.
Voy arriba y vuelvo enseguida. Ponte cómoda dijo desde el pie de la escalera.
Nes se sentó en el sillón y comprobó que era tan mullido como se veía. Paseo la vista por las paredes del cuarto analizando los cuadros colgados allí. Finalmente su mirada recayó en la estantería repleta de CD´S originales que había en una esquina. Reconoció artistas como AC/DC, Muse, Eminem y muchos más por el estilo, que supuso debían pertenecer a Diego. Y otros tales como Mercedes Sosa, Sabina… que le parecieron más adquisición de los padres de él.
No se percato de la presencia del joven hasta que este estuvo detrás del sillón y le hablo.
¿Te gusta alguna banda en particular? mientras decía eso saltó el respaldo de mueble y se sentó junto a ella.
Nes le miro durante unos segundos y sonrió.
Me gustan varias, pero… se corto cuando los de dedos de él le rosaron el rostro para acomodarle el cabello rojizo que le caía hacia delante. Un escalofrió la recorrió de arriba abajo ante aquel contacto, por lo que se obligo a respirar hondo y seguir conversando… no creí que hubiera más personas por aquí que les gustara Muse.
Eso es porque no habías hablado conmigo se jacto divertido. Dio un salto para ponerse de pie y tomando uno de los CD´S lo introdujo en el reproductor. Al instante, Supermassive Black Hole lleno el ambiente con sus golpes de batería. Esta es mi parte preferida comento cuando el cantante entono con voz aguda la letra de la canción.
Entretenida canto un poco y él, la acompaño haciendo como si tocara una guitarra invisible. Ambos se miraron uno al otro y en un segundo estuvieron desternillándose de la risa tirados en el sillón. Cuando se recuperaron sus rostros estaban tan cerca que se podía sentir la respiración del otro. Diego la miraba con los ojos oscurecidos, y de pronto, Nes comenzó a sentirse incomoda.
¿No es hora de volver? balbuceó intentando parecer tranquila. De segura nos están esperando.
No lo creo la contradijo al tiempo que ella se ponía de pie. Todavía deben estar ocupados se puso de piel el también, y acercándose a ella la tomo por la cintura. Nosotros también podemos encontrar algo que hacer.

5 feb. 2012

Agradecimientos y aclaraciones...

Bueno primero y principal mi mas grande agradecimiento a mis primeras siete seguidoras de este blog... Espero de todo corazón cumplir con sus expectativas... Sus comentarios me hacen bien y me llenan de alegría... Sigan así. Gracias además a dos personitas especiales: Dulce Cautiva por hacer propaganda en el club y por apoyar mi proyecto; y a mi amiga incondicional Tania Luna, a la que le dedico enteramente esta novela.... Te kiero muchisimo amiga... Tambien he de agradecer a la gente de Puertas y portadas que no solo ha hecho la portada de esta novela, sino también la de Pilar en el Amor... Estoy muy agradecida y satisfecha por sus trabajos, así que los recomiendo para todo aquel que necesite portadas...
Ha llegado el momento de las aclaraciones... jeje... Pues resulta ser que debo pedir perdón... la complicación ocasionada con el tema de la edad de la protagonista fue enteramente provocado por un error mio... Se debe a que el prólogo lleva escrito largo tiempo en mi computadora y en un principio Vanesa iba a tener 19, pero después de mucha meditación cambie de parecer y le quité algunos años para que fuera mas pequeña y agregarle asi al personaje un poco de ingenuidad. Bueno el erro en si estuvo que al revisar el texto antes de subirlo, me fije principalmente en los diálogos y en los verbos que usualmente llevan errores, pero me salté algunos párrafos por creerlos bien. He aprendido mi lección y de ahora en mas prestare mas atención al revisar.
Cave decir que agradezco a Dulce y Nina-Neko por hacerme consciente de mi falta y así poder corregirla y no confundir a nadie mas...

2 feb. 2012

Caperucita Roja. Prólogo...

La casa de la abuela.

¿Raúl? preguntó la anciana al sentir abrirse la puerta de su habitación.
No señora… respondió la menuda enfermera La vino a visitar su nieta.
Se volvió hacia Vanesa y le sonrió con amabilidad, para luego marcharse en silencio. Cuando Vanesa se quedo sola en esa habitación de muebles color crema se preparó mentalmente para pasar un mal rato.
¿Raúl? volvió a preguntar su abuela. Vanesa se acercó a donde ella estaba sentada en una mecedora.
No. Soy Vanesa le recordó. Tu nieta, ¿te acuerdas de mí, Nené?
Al escuchar su sobrenombre la anciana levantó la vista hasta cruzarla con la de su nieta. La comprensión relució en sus ojos claros.
Si, si como no le sonrió ampliamente. Acércate una silla, querida. Sentate con la abu…
Obediente, Vanesa fue junto a la cómoda para tomar la silla que allí estaba. Colgado de la pared por encima del abarrotado mueble, había un gran cuadro que mostraba un collage de fotografías familiares que había hecho Tony, su hermano, a Nené.
Ella fijó la vista en la esquina inferior, donde se la veía a ella de pequeña estampando un sonoro beso a una Nené ya encanecida pero feliz. Cuanto añoraba esos tiempos.
Lindo, ¿no?
Vanesa se sobresaltó.
Si… asintió y sonrió.
Ese Tony, siempre innovando. A su edad con suerte podíamos tener una fotito en blanco y negro… suspiró fascinada. … y ahora con las computadoras se puede hacer magia.
Su nieta se sentó frete a ella y le tomo una de arrugadas manos entre las de ella.
¿Cómo estas?
¿Yo? Nené se apuntó a si misa con la mano libre Bien. Muy bien. Me cuidan bien. ¿Y Raúl? ¿Cómo esta?
Su abuela se perdía nuevamente en su mundo.
No, Nené, no. El abuelo ya murió intentó explicarle y se desconcertó al ver como su abuela lloraba, pues esperaba que lo recordara. Ya hace mucho de eso. No llores. ¿No lo recuerdas? Fue hace como diez años.
Ya se, ya se se socó las lágrimas con un pañuelo que se saco de un bolsillo de su vestido floreado. No estoy bien, ¿verdad?
Sonrió con melancolía y Vanesa no supo que contestarle. Solo atino a arrodillarse y abrazarla. Se quedaron así calladas.
¿Cómo esta Pat? fue Nené quien rompió el silencio con su débil vocecita.
Mamá está bien. Se sigue ocupando de la casa y por las tardes sale a vender Avon. aún estaba enojada con ella. Porque Patricia la había obligado a visitar a su abuela.
Su problema no radicaba en Irene, sino en el hecho de que a Vanesa no le gustaba verla en ese estado de desmoronamiento. Vagando por el tiempo, viajando al pasado y volviendo al presente. Casi desconectada de la realidad.
Aterrada había visto a sus siete años como su abuela caía aplastada por el dolor. Su abuelo, Raúl, había muerto carbonizado dentro de su departamento en la ciudad. Vanesa había sido testigo de cómo la culpa y remordimiento llevaron a su jovial Nené a perder poco a poco la razón.
Nené no se pudo recomponer jamás, algo que Vanesa no podía perdonarle. Nunca pudo concebir que su abuela no luchara para seguir adelante por los seres que le querían, y que solo se dejara estar.
Se volvió a sentar en su silla, ahora mirándola con resentimiento.
Todo acto tiene su consecuencia, buenas o malas Irene miraba la pared extraviada en algún lejano horizonte. Los mías acarrearon las mas nefastas consecuencias.
Se volvió hacia su nieta con los ojos abnegados nuevamente en lágrimas.
Me equivoque… y muchas veces fue por egoísta. Pero puedo jurar que jamás quise daño alguno para ti continuó ahora mirando hacia el techo. ¿Qué daño podría querer hacerte si te amaba?...
Vanesa se levanto, ya no podía soportarlo más. Dejo la silla en su lugar y acaricio la fotografía con el pulgar. Al abrir la puerta escucho como Irene susurraba: “¡Cuídate, amor!”, pero no supo a quien iba dirigido.