19 dic. 2012

Para pensar...

Hola, seguidores!! Bueno aquí les traigo algo que escribí hace casi un mes cuando les pregunte si debía seguir o no la historia.

Como vistes, Caperucita Roja no termina muy concluyente... Diego no esta tras las rejas, como a muchos les hubiera gustado. Ahora les explico el por qué. Yo en un principio lo hice así con la intención de continuarle, pero mas tarde vinieron las dudas de si sería conveniente o no.
Tengo la intención de que el segundo libro, sería diferente. Se basaría en la nueva vida Nes como madre aun con el mismo "villano", por así decirlo, y con eso no quiero decir que volveríamos a ver a Diego sometiendo a Nes. No.
Vanesa ha cambiado, su hija la ha cambiado. Intenta ser mas madura y sale a buscar trabajo para mantener a Fara. Ha dejado de ser esa chica que temblaba solo al escuchar el nombre de Diego y esta dispuesta a defender a su hija con uñas y dientes, mientras que lucha porque se haga justicia y el asesino de Kevin las pague.
Contará con mas gente que durante el embarazo. A pesar que Pamela, Emiliano y Joako esten un poco ausentes debido a la universidad, seguirá recibiendo su cariño. Mara (la novia de Tony, quien jugara un papel importante como niñera de Fara), el mismo Tony, Sonia, sus casi suegro Julio y Susana, Juan Pablo y, por su puesto, Niqui, seguirán a su lado apoyándola.
Tengo la intención de que reaparezcan sus padres y se ve una nueva relación con ellos.
Pero sobre todo, pretendo cambiar el rol que Vanesa lleva en la historia, dejará de ser la niña sufrida o damisela en apuros, aquella que todo hacia bien. De repente, comenzara a luchar por su cuenta, a prescindir de la protección de otros y a cometer errores grosos por pura negligencia.
Ama a su niña con toda su alma, pero se encontrara muchas veces con que le cuesta lo indecible ser un buena madres. Ella es joven y por momentos añorará las fiestas, el descontrol o, al menos, la libertad de salir a comer con amigas sin tener que cargar con pañales, leche y chupetes.
En definitiva esta es mi propuesta. Quiero que el segundo libro no sea tan melodramático como el otro, pero tampoco color de rosa. Algo mas realista, que he visto que sucede muy a menudo con madres adolescentes.

Yo lo escribiré de todas formas, por diversión y para saber que guarda mi imaginación. Ustedes ya dirán si luego de leer esto, quieren saber como continua o si prefieren dejarle así. De todas formas, agradezco que hayan leído y comentado la primera parte. Muchas muchas gracias, la historia no tendría mucho sentido sin ustedes que me siguen.

17 dic. 2012

Epílogo


Mi faro
Lo vio y no podía creerlo. Ahí estaba, de pie frente a ella, con esa mirada celeste que la atravesaba. Le dedicó una sonrisa genuina, de esas de dientes blancos y comisuras elevadas. Y ella no pudo hacer mas que corresponderle de la misma forma.
— Ven aquí, bonita —su voz fue como un bálsamo para el alma de Nes, que dejo atrás todos los recuerdos dolorosos y corrió a enterrar su rostro en el pecho de su hombre.
Kevin le rodeo la cintura delgada con los brazos haciendo desaparecer el espacio entre sus cuerpos. Nes respiró su aroma a perfume de lavandería y elevó su mirada para no perderse ni un segundo de su rostro. Le besó las mejillas, el cuello, el pecho, por todos los lugares a los que llegaba. Estaba desbordada por la emoción de tenerlo a su lado otra vez. Nes miró de nuevo su rostro, él también la miraba acariciando mientras tanto sus caderas. Sin resistirse, tomó posesión de sus labios, disfrutando de su sabor, de su calor...
— No vuelvas a asustarme así —lo regañó ella al separarse—. Te amo.
— Yo más... —le dijo Kevin y ella pudo vislumbrar como su mirada se entristecía— No lo olvides.
— Jamás, estas aquí...
— No lo olvides y no dejes de sonreír jamás. Te amo, mi pequeña Caperucita —repitió él separándose de ella, que quedó totalmente desconcertada.

Nes se sentó en la cama. Una lágrima solitaria, que se había retrasado, recorrió su mejilla. Sabía que era un sueño desde un principio, pero era tan lindo verlo que se permitió disfrutar aunque luego doliera. Arrastró sus piernas contra su pecho y las abrazó. Como lo extrañaba. Apoyó el mentón sobre las rodillas de tal manera que su cabello rojizo formó una cortina entre ella y el mundo exterior.
De repente, sintió como abrían la barrera y le depositaban un beso en la mejilla, con dulzura, con paciencia, con cariño...
— Gracias por insistir en quedarte —abrazó a su amiga con fuerza.
— Para eso estoy —dijo Pame recostándola de nuevo en la cama y correspondiéndole al abrazo. Se quedaron en silencio por un rato, con Nes recostada sobre el hombro de ella, hasta que un berrido rompió el aire—. Madre e hija se ponen de acuerdo —soltó una carcajada que hizo que Nes sonriera.
Se desprendió del brazo de su amiga y salió de la cama. Caminó hasta la cuna blanca de mantillas verdes. En su interior la diminuta beba se retorcía por el llanto. Nes alzó a su hija, le acarició la pelusa rojiza que tenía por cabello, mientras se ubicaba en la butaca, instalada prácticamente junto a la cuna.
— Sh... Sh... Ma ya te da de comer —le canturreó sacando uno de sus pechos de dentro del pijama.
Apenas tuvo oportunidad, la niña se prendió férreamente del pezón que le ofrecía su madre. Nes se limitó a mirar a su hija alimentarse, sin poder sacarse las imágenes del sueño de la cabeza. Suspiró angustiada.
— Cuesta, lo sé —la consoló Pame desde su posición en la cama—. Pero mírala, ella te hará seguir adelante.
A Nes se le enterneció la mirada. Su hija había cerrado los ojos y volvía a dormirse sin dejar de succionar. Delineó su cuerpecito con un dedo cuidadoso y maternal. Por ella sería capaz de todo. Por esos ojos grises, empezaría por levantarse cada mañana y por ella viviría. Ella era la luz que la guiaba a través de su tormenta. Y aunque su tormenta fuera muy alta, ella era su faro.


Y bueno, este es el último pedacito de esta historia que me acompañado durante el último año... Espero que les haya gustado... Igualmente esta no es la última entrada ya sabrán de nuevo de mi...

11 dic. 2012

Capitulo 30


La última caricia
Tomó el sobre entre sus manos, que temblaban. Disfrutó de su textura, de la lentitud de abrirlo. Aunque estaba desesperada por saber cuál era su contenido, no quería apresurar ese momento en donde parecía que iba a volver a encontrarse con él. Kevin le había escrito esa carta, con la intención de dársela ese día, como una manera arcaica pero innovadora para decirle algo. ¿Cómo iba imaginar él que sería lo único que le quedaría como recuerdo de su amor?
Caperucita:
Pequeña, mi niña bonita, si estás leyendo esto significa que ya llegó el gran día. Ya no eres la única mujer en mi vida, lo lamento, pero de ahora en mas tendrás que compartirme con nuestra nena. El osito de peluche es tu premio de consolación.
De seguro que estaré en el pasillo como loco por verlas, porque no voy a ser lo suficientemente valiente para entrar en la sala de parto. Lo siento, espero que no estés enojada por eso. Te amo.
¿Te preguntaras por qué escribo esta carta como dos meses antes del día? Pues es que acabo de conocer a mi hija, y si porque me da igual lo que diga el ADN, ella es solo mía. Y tuya. Nuestra. (Que bien suena eso. Nuestra hija). Bah, te decía, acabo de conocer a nuestra hija y descubrí que te amo más de lo que creía, que estoy dispuesto a mandar todo al diablo por vos, por ustedes dos.
Quiero estar con ustedes toda mi vida, darles todo de mí, lo mejor y lo no tan mejor. Quiero verte sonreír cada día que te despiertes a mi lado, y que esa sonrisa sea por mí. Quiero que seas feliz. Quiero que las dos sean felices y que podamos darle a nuestra niña la vida que se merece.
Espero que estos meses que pasamos juntos hayan logrado convencerte de mi amor por vos, porque para la siguiente pregunta solo aceptaré una respuesta: si. Vanesa, bonita mía, ¿quieres casarte conmigo?
Si lo he hecho bien (cosa que espero con toda mi alma) estarás llorando y riendo a la vez, mientras asientes con la cabeza. Yo afuera estaré ansioso por entrar, besarte y prometerte que seré el mejor esposo y padre que pueda haber.
Porque, sabes amor, yo daría la vida por vos y nuestra hija.
Te ama.
Tu disque-héroe.
Nes, que había mantenido el llanto a raya para que no le enturbiara la vista, dejo que todo la desbordara. Se consumió en lágrimas, convulsionando, mientras presionaba la carta contra su pecho, como si eso hiciera que sintiera a Kevin más cerca.
Por un momento, dejó de llorar de tristeza y pasó a llorar de rabia. Lo odio, lo odio tanto. Por abandonarla cuando le repitió que no lo haría nunca. Por meterse en algo que ella le había dicho que no se metiera. Por dejarle la puta carta. De a poco fue remontándose al pasado y también lo odio, por alejarla cuando eran chicos. Si hubieran sido novios antes, no estaría muerto.
— ¡¿Quién mierda te mando a hacerte el héroe?! —le gritó reverberó en las paredes de la clínica alertando a las palomas que se habían posado en el alfeizar de la ventana.
Tomó el oso de peluche que la observaba con sus ojos de plástico y lo arrojó lejos de ella. Siguió estrujando la carta contra su pecho, mientras volvía a llorar de pena con la cabeza gacha. De pronto, levantó la mirada y fijó la vista en el osito caído sobre el suelo al otro lado de la habitación.
Teniendo cuidado con los puntos en su abdomen, se bajó de la cama y fue a recogerlo. Una sonrisa se extendió por su rostro cuando lo tuvo entre sus manos otra vez. Le acarició las orejas con cariño y lo acercó a su rostro para sentir el suave pelaje artificial sobre su mejilla. Olía a Kevin, a su perfume... Era como si él la acariciara, por una única y última vez.
***
— Mira que sonrisa más hermosa.
— No digas bobadas, Pame —Vanesa miró a su amiga, que estaba inclinada sobre el moisés de su hija, con una mueca de burla—. Aún está muy chiquita para sonreír.
— No, no, no —dijo Pamela haciéndole caritas a la beba—. Ella le está sonriendo a la tía, ¿verdad, princesa?
Vanesa sonrió desde la cama abrazada a su oso, el cual no dejaba que nadie más tocara. Aún sonriendo al ver a su hija y a su mejor amiga juntas, no podía cerrar ese agujero que tenía en el pecho. No sabía que es lo que haría en adelante. Saldría del hospital en horas, tendría que volver al departamento, pero no sabía si sería capaz de enfrentar el silencio, el vacio que habría allí.
Le dolía el cuerpo, la mente. Estaba agotada de llorar, de sufrir... Sobre todo estaba agotada de sentir. Se levantó de la cama y caminó al baño, donde se miró al espejo vigilando que su cabello no se hubiese revuelto. Se acomodó la musculosa, el short. Bajó la tapa del inodoro y se sentó sobre ella. Cerró los ojos, mientras apoyaba la cabeza contra la pared, intentado escuchar lo que le rodeaba.
Oía los murmullos de Pamela, los gorgoritos que hacia su hija. Mas allá los pasos de gente caminando por el pasillo o voces que traspasaban paredes desde habitaciones y consultorios cercanos. Aún más lejos, los autos en la calle, las bocinas, los motores... Todo seguía adelante, nada había parado su movimiento. Un corazón se había detenido y miles no. Un corazón renunciaba al amor de su vida y millones no. Un corazón daba los primeros latidos... Ese era el único corazón del cual Nes debía preocuparse ahora.
Su hija dependía total y exclusivamente de ella. De que ella la cuidara, de que ella estuviera a su lado. Esa había sido su promesa. Nes le había prometido que jamás la abandonaría, se lo había dicho cuando aún no se notaba en su vientre y lo había repetido como un mantra todo el embarazo. No quería decepcionarla, le importaba poco que la bebé no lo entendiese, Kevin si lo entendía y no habría querido que su decisión cambiara después de su muerte.
Se alzó con fuerzas renovabas. Sacó del bolsillo del short la carta de Kevin y la besó como otra promesa silenciosa. Estaba casada con el recuerdo de él y con su amor eterno....
— Al final no me has dicho como se llama mi sobrina —le recriminó Pamela cuando Nes salió del baño.
— Fara... —sonrió inundada de felicidad y paz interior— Su nombre es Fara.
Casada con el recuerdo y comprometida con el futuro. Su futuro, que era ella, su niña.


Despues de esto el epíligo... Y ya se termina... Espero que lo disfruten.

7 dic. 2012

Capítulo 29



Luz
La luz se colaba por la ventana a través de las finas cortinas, amanecía y todo parecía tan cálido. A Vanesa se le cerraban los parpados del sueño, pero no se atrevía a dormir. Temía que de hacerlo esa sensación tan dulce que la rodeaba desapareciera. Sacudió la cabeza para despejarse y miró a su lado, a la pequeña beba que descansaba en la cuna.
A pesar de haber nacido un mes antes, tenía el peso justo y ningún problema de salud. La veía tan chiquita, con su piel sonrosada y esa pelusa rojiza que era su cabello. Dormía tranquila, después de haber obtenido su ración de leche materna, sus labios estaban entreabiertos, sus manitos a cada lado de su cabeza y sus piernas atrapadas en las sabanas, cuidadosamente colocadas por Susana.
Aún no podía creer que fuera madre. Sentía deseos de tenerla en sus brazos a todas horas, pero no se atrevía a hacerlo sin supervisión. Temía por su torpeza, su inexperiencia. Estiró la mano con la intención de acariciar su cuerpecito, pero la retrajo rápidamente asustada de despertarla, de hacerla llorar y no saber cómo calmarla.
De repente, los nervios la invadieron y ya no quería estar sola. Susana, su marido y Juan Pablo se habían marchado a terminar con el entierro. Nes gimió triste. Qué ironía que el mismo día que su gran amor era enterrado, su niña saliera al mundo.
Tomo su celular de arriba de la mesa de noche que había del otro lado de la cama. Y decidió que era hora de avisarle a su familia que había tenido a su bebé. No había visto a ninguno de sus hermanos por allí por lo que supuso que Joako no había tenido tiempo o cabeza para darles la noticia. Les escribió un mensaje a ambos y luego marcó para llamar a otra persona.
— ¿Hola? —la voz soñolienta de Pamela, le hizo recordar que era demasiado temprano para llamar.
— Yo lo siento.
— ¿Vanesa? —preguntó su amiga más despierta— ¿Sucede algo? ¿Estás bien? ¿Están bien?
— Si, no te preocupes... Lamento haberte despertado —Vanesa desvió la vista de su hija y miró las sabanas de su cama, sabiendo que le debía una disculpa a su amiga—. Yo quería pedirte perdón por como te traté ayer.
— ¿Para eso llamas a esta hora, Nes? —escuchó el gruñido bajo que dejo escapar Pame— No hay nada que perdonar tontaina, sé que no era tu mejor día. Además para eso están las amigas, para soportar los malos días.
— Gracias... —a Vanesa se le aguaron los ojos, a pesar de que después de llorar al ver por primera vez a su niña había prometido no hacerlo de nuevo. Se secó las lágrimas de un manotazo— En realidad, te llamaba para avisarte que ya di a luz.
— ¡¿Qué?! —el gritó que atravesó la línea sorprendió a Nes— ¿Cuándo? Pero si todavía faltaba un mes...
— Fue anoche, me tuvieron que hacer una cesárea de emergencia —mientras explicaba escuchó movimientos del otro lado—. Igual estamos las dos bien y ella es preciosa... y.... —volvió a lagrimear— soy feliz.
— Claro que eres feliz, linda —los movimientos pararon y Nes pudo imaginar cómo su amiga sonreía—. Bueno, dime donde estas que ya voy para allá.
— No hace falta... Estoy bien —le aseguró mirando hacia la puerta, sabiendo que Camilo estaría en el pasillo, porque a pesar de que ella lo había mandado a casa, él había abandonado su día completo para  quedarse a su lado—. No vengas ahora, duerme un rato y ven en horario de visita...
— ¿Estás bien de verdad? —cuestionó ella suspirando resignada.
— Si, mañana me dan el alta y volveré a casa.
— Ok, nos vemos en unas horitas... —aunque reacia Pamela aceptó— Te quiero, mamacita.
— Yo también... —le lanzó un beso a través del celular y su amiga se lo devolvió antes de cortar.
Sonrió dejándose reposar en las almohadas y bostezó, la noche en vela no se cansaba de pasarle factura. Mientras ella seguía luchando contra sus parpados, la puerta se abrió y Niqui entró en la habitación.
— ¿Has dormido algo? —le preguntó sonriendo y se sentó en la silla junto a la cama.
— ¿La verdad? —Nes encogió de hombros— No puedo dejar de mirarla.
— Es bonita —reconoció él echándole una mirada a la niña—, igual que su madre.
Ella se sonrojó terriblemente, hacía tiempo que no recibía un piropo así. Kevin no era muy dado a eso, él solo le besaba o le acariciaba el rostro con devoción y con eso a Nes le alcazaba para ver que le quería. Con Niqui era todo tan distinto, no es que ella lo estuviera mirando como candidato ya, pero nunca había sido igual ni siquiera cuando había sido amigos. Con él, ella no paraba de reír y se sentía relajada.
— Bueno, supongo que te dejo tranquila.... —Camilo se puso de pie— Yo, pensé que dormías y venía a ver que estuviera bien.
— No —Nes se aferró a la mano de él con fuerza, aún así bajó la cabeza sonrojada—, no te vayas —lo susurro tan despacio que Niqui tuvo que hacer un esfuerzo por oírla.
Volvió a sentarse en silencio y mantuvo la mano de ella entre las suyas con cariño. Cuando Nes se animó a levantar la vista, se encontró con que él le sonreía y no apartaba sus ojos de ella.
— Gracias por estar a mi lado.
— Lo hago porque quiero, ya deja de agradecerme —Niqui negó riendo antes de levantar una de sus manos y rozarle la mejilla—. Me quedaré a tu lado siempre que quieras.
Nes asintió algo perturbada por su confesión, pero no dijo nada. Se acomodó en la cama de tal manera que pudiera ver a su hija con comodidad, a la vez que no soltara la mano de él. Niqui acercó más su silla y se deleitó contemplando la imagen que formaban madre e hija, sobre todo cuando la primera siguió los pasos de la segunda y cayó profundamente dormida.
Vanesa, para alegría de Niqui, durmió hasta cerca del mediodía cuando su amiga fue a visitarla antes de ingresar a su trabajo de verano. Pamela quedó deslumbrada por la niña y con ilusión prometió buscarlas al otro día cuando a les dieran el alta.
La siguiente vez que la puerta se abrió, Susana ingresó por ella y Niqui salió a comer, animado por ambas mujeres. Susi llevaba una sonrisa tierna en el rostro, pero bajo sus ojos se vislumbraban ojeras. Nes la admiraba. Pudiendo estar consumida por el dolor de su perdida, estaba allí ayudándola a ella.
— Hola... —Susi ocupó el lugar de Niqui.
— Hola, ¿ya esta todo? —preguntó Nes tratando de controlar el nudo que se le formaba en el pecho.
— Si —suspiró y Nes la coreó—. Tenemos que hablar —espero a que ella el prestara toda la atención y continuó—. Con Julio y Juampa, queremos que te quedes con el departamento, el auto y todo eso.
— ¡¿Qué?! —Vanesa la miró aturdida— Son muy generosos, pero yo no puedo...
— Son tuyos, yo nos los quiero y mi Kev hubiera querido que tu y su niña los tuviera —Susana sonrió mirando a la beba y Nes se sintió terriblemente desesperada.
— No, ella no es...
— Su hija. Si lo sabemos —ella le dedicó una mirada de comprensión—. Cuando Kev nos contó que estabas embarazada, nos lo contó todo, pero nos pidió que no dijéramos nada por ti —a Vanesa se transfiguró el rostro y ella viéndolo se le adelanto—. No lo hago por pena, Nes. Lo hago porque mi hijo te amo hasta dar su vida por tu causa, no te culpo. Pero si él la consideraba su hija, será mi nieta aún no estando Kevin. ¿Lo entiendes? —la joven asintió agradecida por su apoyo y Susana la abrazó con fuerza— No lo discutiremos mas, esas cosas te pertenecen.
— Esta bien —la voz de Vanesa se volvió trémula, todas las emociones, desde la ternura al amor, se arremolinaban en su interior.
— Para hacértelo más fácil, nosotros ya hemos quitados sus cosas del departamento —ella la besó en cada mejilla con amor materno.
— Gracias.
Susana se levantó para irse, pero antes de llegar a la puerta recordó algo. De su bolso sacó una bolsa de mediano tamaño y volvió a acercarse a Vanesa.
— Casi me olvido —le entregó la bolsa—. Esto lo encontramos entre sus ropas y tiene tu nombre, también es tuyo.
Tras decir eso se retiró. Sola, Nes miró que había dentro de la bolsa. De ella extrajo un osito de peluche color marrón, con la panza blanca y un moño rosa en su cuello. Sonrió enternecida. Había algo mas en el fondo de la bolsa. Algo fino y crujiente. Cuando metió la mano, Nes descubrió la textura lisa de un sobre.
Con el corazón acelerado, lo sacó tirando la bolsa a un lado. Era blanco, un sobre común de carta, que delante tenía su nombre garabateado con la inconfundible letra de Kevin. Contuvo el aliento en un sollozo, tenía una carta de él.



Llega el final de la historia dos caps mas y ya esta... Me costo  mucho esta capítulo, lo hice lo mejor que pude espero que lo disfruten. Besos

23 nov. 2012

De viaje...

Niñas hermosas preciosas... Lamento no haber publicado pero la verdad que este capitulo que me falta para conectar el final con lo que ya han leido me esta costando horrores... Jeje... Tengo que hacer consultas para poder informarme y poder hacer un capitulo creible... Otra cosa que esta atrasando el capitulo es que yo estoy en esto momentos de viaje. Participe en las Olimpiadas Argentinas de Filosofìa y ahora estoy en Villa La Angostura rindiendo la fase nacional despues de haber pasado dos examenes previos... Vuevo en domingo asì que ese dia me pondre manos a la obra. Gracias por esperarme...

10 nov. 2012

Capitulo 28


Nubes negras
Un temblor le recorrió la columna vertebral a Vanesa e inconscientemente escondió su cuerpo tras él de Niqui, agarrándose de su brazo. Él irguió su cuerpo por puro instinto y miró al recién llegado con mala cara.
— ¿Qué quieres? —preguntó ella animada por la protección de Niqui.
— Verte... —Dogo le sonrió de madera ladina, que hizo que a Nes le diera una arcada— Así que, ¿Quién es este pendejo? Tu novio de turno.
En sus manos, Nes pudo sentir como el cuerpo de Niqui se tensaba. Ella solo podía temblar. Tenía miedo. Miedo de que Diego le hiciera algo o que sus palabras alejaran a Niqui de su lado. Sobre todo miedo de saber que pasara lo que pasara, ya no tenía a Kevin para consolarla.
— No hablas... Bien, hablaré yo —la retó con una mirada y una sonrisa triunfante se extendió por su rostro al ver como Vanesa se encogía temblando. Luego se dignó a mirar a Camilo—. ¿Tú también caíste en su actuación de ratita muerta? ¿En serió crees que esta puta esta tan desvalida como se muestra?
Niqui apretó la mandíbula, sin decir palabra. Quitó su brazo de entre las manos de Nes y le rodeó la cintura para tenerla más cerca, para evitar que siguiera temblando. No tenía ni idea del quién era ese tipo, pero no le gustaba como la estaba tratando.
— ¡Ven aquí, Vanesa! —le ordenó Dogo, vigilando la mano de Niqui depositada en el vientre abultado de ella— Tu quita las manos de mi...
— No... —rogó Nes en un murmullo ahogado. No quería que nadie más supiera cual era su relación con él. Nadie tenía que enterarse de eso, no quería volver a humillarse. La beba era suya, no permitiría que nadie más supiera que su tesoro tenía algo que ver con Dogo. Para todos, el padre de ella sería Kevin, y para Nes también.
— ¿No? —Dogo notó el temor en el fondo verde de sus ojos y se regodeó por ello, pero aún así no dijo nada más del tema— Por lo que veo, no te cuesta mucho encontrar alguien para rellenar el vacío en tu cama... puta...
Los nudillos de Niqui se pusieron de un blanco casi transparente de tanto que apretaba los puños. Se adelantó un paso, decidido a golpear a ese tipejo, pero Nes lo sostuvo como pudo.
— Haber si dejas de hablarle así a ella, porque te la vas a ver fea —le advirtió Camilo, con una mirada fiera que Nes jamás le había visto.
— Como quieras machito... Yo solo digo verdades —Dogo se encogió de hombros con sorna y se apoyó tranquilamente sobre el poste de luz que había allí—. Si no fuera tal ligerita de piernas no estaría preñada...
Niqui no aguantó, se sacudió a Nes de un manotazo, salvó los tres metros que lo separaban del tipo para enterrar su puño certeramente en su mandíbula y luego se retiró hacia atrás para que no se la devolviera.
— Vuelve a decir algo así y la nariz no es lo único que te sangrara, hijo de puta —él estaba lo suficientemente enervado como para temblar y bufar con furia.
Dogo se sacó la sangre del rostro, un tanto sorprendido por el ataque. No había creído que aquel tipo tan gallito se animara a acercársele siquiera. La sangre le hervía y estaba dispuesto a vengarse de ese, ya lo había hecho con Kevin, no tendría problema de arreglárselas con otro mas. Lo observó distraerse cuando Nes se le colocó al lado otra vez y estuvo seguro de que esa era su oportunidad.
— ¡¿Qué haces tú aquí?! —Julio que venía caminando de la mano de su mujer como a media cuadra, le soltó y corrió a donde se encontraban.
Nes lo vio turbado y hasta enardecido. El semblante de que aquel hombre, que usualmente solía ser amable, estaba cruzado por odio. Un odio que parecía muy real... muy palpable aún de lejos.
— Julio —llamó la atención del padre de Kevin, quien se volteó a mirarle con una expresión más dulcificada—, ¿le conoces?
— ¿Si le conozco? —desapareció todo rastro de dulzura de su expresión— El asesino a mi hijo...
Los ojos verdes de Vanesa se abrieron al tope de su capacidad. Su primer pensamiento fue que la suerte le estaba jugando una broma demasiado macabra. Miró a Susana en busca de respuestas a la miles de preguntas que le saltaban en el interior de su cabeza. La mujer solo cerró los ojos en un sollozó. Eso bastó para que detonara.
Vanesa se alejó de al lado de Niqui y caminó con paso medido hacia Diego. Llegó al frente de él, temblando, pero por primera vez no de miedo. Si no de rabia, una rabia que comenzaba a desbordarse. Podía violarla y ella le tendría miedo para toda la vida, pero se había metido con su corazón, le había quitado lo único que ella había amado más que su propia vida, había destruido una vida completamente inocente y casi ajena al vínculo insano que ellos dos tenía. Eso, ella no era capaz de dejarlo pasar.
Lo miró a los ojos grises, que una vez había creído bonitos, mas esa vez solo le producían asco, y levantó su pierna con toda la fuerza que pudo golpeándole la entrepierna. Luego mientras él se quejaba comenzó a rasguñarlo y golpearlo con histeria.
— ¡Perra! —gritó Diego cogiéndola del cabello con fuerza y haciendo que ella gimiera del dolor.
— Suéltala —Niqui iba a separarlo por la fuerza.
— Mas te vale soltarla y retirarte de aquí si no quieres que te meta otra denuncia por agresión... —la amenaza de Julio surgió baja y entre dientes, pero con la suficiente furia para que algo de precaución rondara en la cabeza de Dogo.
— Yo solo vine a dar mi pésame, señor —se jactó irónicamente y se alejó caminando de allí, no sin antes murmurarle algo al oído de Nes—. Esta me la pagas, perra.
En cuanto, Diego estuvo fuera de vista Vanesa se dejo desmoronar y rompió en llanto otra vez. Susana se acercó a abrazarla, susurrando palabras de consuelo en su oído, intentando calmarla.
— ¿Qué sucedió aquí? —Joako había salido de la sala llamado por el revuelo y al ver a su amiga llorando dirigió una mirada asesina a Camilo— ¿Qué le hiciste?
— ¿Qué? —preguntó Niqui mas preocupado por Vanesa que por las acusaciones del joven.
— No ha sido él, Joako —Nes se soltó del abrazo de Susi y fue a apoyarse en él—. Ha aparecido Diego...
— Si, le ha dicho un montón de estupideces... —acotó Niqui.
— ¿Te ha hecho algo mas? —cuestionó Joako exaltado tomándola del rostro a su amiga.
— Solo me ha jalado del pelo, pero antes yo y Camilo lo hemos golpeado —le comentó a su amigo, para relajarlo—. Joako... —volvió a llorar con fuerzas—  Él me ha quitado a mi Kevin...
Joaquín la miró paralizado. Por supuesto, él ya lo sabía a eso, mas no creía que fuera el momento de revelarse. No quería agregarle más angustias ni contrariedades y, en su fondo más egoísta, tampoco quería ser culpado por no detenerlo. Eso era un peso que ya llevaba encima y que jamás le abandonaría.
— Tienes que calmarte, Vanesa —Susana salvó a Joaquín de dar una respuesta a la revelación de Nes—. No le hará bien a la niña.
— Estoy bien, Su —Nes respiró hondo y le sonrió, a la vez que separándose de su amigo acariciaba su abultado vientre con tranquilidad—. Volvamos adentro.
Todos asintieron sin discutir y se dirigieron a la puerta de la sala. Cuando, Nes, que iba a la cabecera iba a cruzar la puerta una puntada de dolor le cruzó el cuerpo partiendo desde su vientre y ella se dobló gimiendo. Su mente viajo a meses antes cuando tuvo la amenaza de aborto y su corazón retumbó asustado en su pecho, a la vez que un líquido bajaba mojando sus piernas.
— ¡Mi bebe! —chilló Nes mirando horrorizada a Susana.
— Tranquila, cariño —Susana esquivó a su marido y en segundo estuvo junto a la joven—. Solo has roto aguas...


Primero y principal la canción no esta directamente relacionada con el capitulo, pero yo creo que todo el amor que Vanesa sentía por Kevin le permitió enfrentar a Diego. Con esa visión si pega la canción... (uhhhh hice una rima... visión-canción jeje)
Otra cosa, ya queda poco... Faltan dos capítulos y el epílogo para llegar al final de esta historia que me acompaño por todo un año...
La tercera cosa por decir es que, en un principio, yo había pensado hacer una continuación de Caperucita (ya notaran por qué) pero ahora estoy indecisa... Asi que aquí les va una pregunta a responder cuando terminen de leerla toda: ¿lo continuó o se hará demasiado tedioso? ¿perderá un poco el sentido si la sigo? 
Bueno no sé en ustedes la respuesta...
Por lo pronto, disfruten el capítulo
Besos.

2 nov. 2012

Capitulo 27


Con el corazón en un puño
Vanesa no le veía ningún sentido a los velorios. ¿Qué motivo tenía el enfrentar a las personas a pasar horas en la misma habitación que una caja con el cuerpo del que había sido su ser querido? Le parecía una manera ridícula y vulgar de manifestar el dolor de una perdida. A la única que debería constarle ese dolor era a uno mismo. ¿Qué mierda importaba lo que los demás pensaran?
Parada en una esquina de la sala donde se llevaba a cabo el velorio, Nes no podía dejar de pensar, que la mitad de las personas que se había entrado por la puerta solo se acercaban movidos por el morbo y no por el sincero dolor de la muerte de Kevin.
Con un quejido angustiado, que dejaba escapar cada dos por tres cuando ya no aguantaba, apoyo su cabeza en el hombro de  Joako que había sido su pilar durante las horas que llevaba allí dentro. Su hermano se encontraba en lado opuesto de la sala, demasiado sobrepasado por su dolor y su culpa como para consolarla a ella. A Nes no le importaba, lo entendía y agradecía que tuviera a Mara acariciándolo, porque ella tampoco hubiera podido consolarlo a él.
Pamela y Emiliano, también habían pasado a verla, pero luego de un rato de recibir sus pésames, había insistido en que se fueran. No tenía ánimos de socializar y además, de nada le servía su presencia allí. Luego de que su amiga se fuera con mala cara, se dijo que había sido muy grosera, pero ya se disculparía más tarde, cuando el dolor fuera menos acaparador, si es que alguna vez llegaba a suceder eso.
Vanesa miró al cajón con los ojos húmedos. ¿Cómo haría para vivir sin él? Era la pregunta que le había paseado por la cabeza desde que había salido del hospital. Viendo que comenzaba a temblar de nuevo, presa del llanto, Joako pasó un brazo por los hombros de ella y la abrazó con fuerza.
— ¿Estás segura de que no quieres ir a casa? —le preguntó él y  suspiró resignado cuando ella volvió a negar con la cabeza como las últimas tres veces— Tienes que comer algo, descansar... Todo esto le va hacer daño al bebé.
— Nes... Tu amigo tiene razón —Susana, que hasta el momento, había estado a unos metros abrazada a su marido, se les había acercado. Julio había quedado sentado junto Juan Pablo, ambos amigos de apariencia fuerte estaban cogidos de las manos, como dos niños pequeños que no supieran que hacer.
— No quiero irme —dijo Vanesa terca, mirando a la que había sido su suegra por casi un mes.
— Al menos deja que te traiga algo para comer —rogó Susi y viendo que Nes pretendía renegar—. Es lo que querría mi Kev... —a Nes le temblaron los labios y Susana supo que había usado un chantaje algo extremo pero así logró que ella asintiera.
Susana se alejó y se llevó a su marido a comprar algo de comer. Vanesa la siguió con la vista sin saber cómo hacía para seguir en pie sabiendo que su único hijo se encontraba en el cajón que estaba en medio de la sala. Cuando volvió a romper a llorar, se preguntó cuando se le acabarían las lágrimas para derramar.
***
Camilo abrió la puerta con timidez. A ciencia cierta, no sabía qué hacía allí, pero al ver la foto del aquel joven en las paginas necrológicas, lo reconoció en seguida. No fue su nombre el que saltó dentro de su cabeza como una alarma, sino el de Vanesa.
Cuatro meses atrás, después de que se hubiera pasado el enojo que sentía su orgullo herido, por no saber que ella estaba embarazada, tuvo que admitir que Vanesa había tenido razón en cada palabra dicha o gritada aquel día. El había sido un cobarde.
Aquella noche no había podido dormir y, a pesar que en las siguiente si lo había logrado, no se sacaba de la cabeza que se había enamorado de Vanesa, embarazada o no. Pero nada podía hacer, Camilo había hecho las cosas muy mal. Había huido en vez de aclarar el tema tranquilamente con ella. Lo hecho, hecho estaba y nada podía cambiar el pasado, pero a lo mejor, si jugaba bien sus cartas, si lograría algo por el futuro. Con ese positivismo, Camilo entró en el salón.
Apabullado por tanta flor y lágrimas, él repasó el ambiente con la mirada sin moverse de al lado de la puerta. Descubrió a Vanesa, en una esquina, abrazada a un joven mientras lloraba. Aprovechando la distancia y que ella no había notado su presencia todavía, Niqui la observó.
Nes había cambiado mucho desde la última vez que él le había visto. El caballo rojizo le había crecido algunos centímetros y casi llegaba casi a rozarle la cintura. Las caderas se le habían redondeado y el vientre se le había abombado, de tal manera que ya ninguna ropa holgada podía ocultarla.
Cuando Vanesa levantó la cabeza del hombro Joako, Niqui pudo detallarle el rostro. Ella ya no estaba tan flaca, las mejillas se le habían rellenado y la hacían lucir aún más bella de lo que la recordaba. Sus ojos verdes, que en algún momento habían sido dos esmeraldas, estaban fríos y habían perdido ese brillo distintivo. Verlos hizo que Camilo tragara en seco.
Vanesa ser irguió por completó cuando su vista se topó con él. En ese momento, Camilo supo que o se acercaba y lo arriesgaba todo por todo o perdería su oportunidad. Por eso respirando hondo, se encaminó hacia ella.
— Hola —dijo deteniéndose a un metro de ella. Se llevó una mano a la nuca y la dejó allí sin saber que más decir.
— ¿Qué haces aquí? —aunque sonó algo brusca Niqui supo que detrás de esa pregunta solo había sorpresa.
— Yo... Lo lamento —arrastró la mano que tenía en la nuca hacia delante despeinándose—. Me enteré por los diarios y quería saber cómo estabas... Sé qué no me comporte muy bien la última vez que nos vimos y no estoy en condiciones de pedirte nada, pero quisiera hablar contigo.
— ¿Te parece este un buen momento? —le preguntó ella arrugando el entrecejo y mirándolo desde abajo, pues de la sorpresa ni siquiera había atinado a ponerse de pie.
— No, se que no lo es... —Niqui contuvo el aliento y se mordió la parte interna de la mejilla presa del nerviosismo— Yo... Solo serán cinco minutos y luego te dejaré en paz si así lo deseas. No seré capaz de hallar otra vez el valor para hacerlo, si no es ahora.
Joako miraba la conversación extrañado. No tenía idea de quién era ese chico, ni qué relación guardaba con Vanesa. Ella no le había dicho nada. Pero lo que si notaba era la tensión que había entre ellos. Con atención observó los gestos casi imperceptibles que hacía su amiga y antes de que ella dijera nada, él supo que decidiría.
— Joako, salgo un rato afuera a hablar con él —le informó Vanesa poniéndose de pie con dificultad—. De paso tomaré un poco de aire.
Él iba a ayudarle a caminar hasta la puerta, pero Niqui se le adelantó y pasó uno de sus brazos por la cintura de ella, apoyando sobre su cuerpo la mayor parte del peso de Vanesa. Aunque ella agradeció con un susurro la ayuda, el camino hacia afuera fue incomodo para ambos.
Al llegar a la vereda, Camilo se separó de Nes, al no encontrar mas excusas para seguir sosteniéndole. Vanesa se puso a escudriñar el ambiente, mirándolo a él de vez en cuando por el rabillo del ojo. Niqui por su lado, agachó la mirada a sus zapatillas y volvió subirla hacia ella repetidas veces. Hasta que al fin, metiéndose las manos en los bolsillos de su vaquero, se decidió a hablar.
— ¿Cómo has estado?
— Bien, gracias...
— Te ves muy bien —agregó él ante la escueta respuesta de ella—. ¿Sabes ya lo que va a ser? —sonrió y le señaló la barriga con el mentón.
Nes, que hasta ese momento había estado viéndolo de reojo, se volvió completamente hacia él con la mirada sombría.
— ¿Me sacaste solo para hablar de esto?
— No —Niqui sacudió la cabeza tragando ruidosamente—. Quería pedirte perdón, por mi comportamiento de la otra vez. Tenías razón en todo lo que me dijiste, aunque entonces me lo negara... Me hacía falta que alguien me lo dijera. Tendría que haberme quedado contigo aquella tarde...
— Eso ya no importa... —Vanesa desvió la vista hacia la vereda de en frente, donde un grupos de palomas grises picoteaba las migas que en el suelo había dejado caer un niño.
— A mi sí mi importa... —replicó él obstinado— porque podría haber hecho las cosas bien, pero decidí hacerlas mal. Quiero que me perdones. Necesito que me perdones —hizo una pausa y esperó hasta que ella clavó sus ojos verdes en él—. Nes, yo te sigo queriendo tanto como aquella vez —a la aludida se le agrandaron los ojos del espantó y estuvo a punto de marcharse, pero Camilo la detuvo con una seña de manos—. No me malinterpretes. No soy un desubicado que viene a declararse, justo cuando... —no fue capaz de decir la frase completa al ver que a ella se le nublaba la vista— ya sabes... No, se que para mí ya no hay oportunidad en eso. Solo quiero recuperar nuestra amistad... Te extraño... Extraño nuestras salidas, nuestras charlas. No quiero perderte completa por la estupidez que cometí. Por favor... —le rogó respirando rápidamente— di que me perdonas... ¿sí?
Nes lo miró fijo, procesando todo lo que él le había dicho. La extrañaba. Ella también lo había hecho, pero también le había dolido mucho su comportamiento. A su vez, era de buena persona reconocer los errores y pedir perdón. ¿Podría perdonarlo? Por un lado se dijo que no que había sido un canalla con ella, pero su lado más egoísta le decía que lo hiciera, que ahora lo necesitaba más que nunca. No iba a reemplazar a Kevin tan rápido, quizás nunca, pero lo quería como amigo.
Se relamió los labios, nerviosa y abrió la boca para hablar, pero otra voz interrumpió su respuesta.
— No me digas que ya tienes otro noviecito, putita...


Hola, aquí estoy... faltan alrededor de 4 caps para que esto termine... Bueno, no era eso lo que venía a explicar sino que por razón de que me voy de viaje de egresados no creo que publique hasta el próximo finde... Así que no habrá doble cap esta semana... Bueno nada mas... Besos y que espero que hayan disfrutado el cap...

28 oct. 2012

Capitulo 26


Cuestión de actitud
Lo primero de lo que fue consciente Vanesa fue del silencio, no del que había fuera... sino del silencio que había en su alma... Como si la tormenta se hubiese apagado, como si todo lo que la estaba volviendo loca se hubiese alejado. Se sentía bien, demasiado bien como para que lo sintiera normal o seguro. Se parecía demasiado a la calma que antecede al huracán. Pero acaso, ¿su huracán no había pasado ya por ahí? ¿Qué más podía sucederle ahora?
En cuanto mentalizó la pregunta supo la respuesta. Se arrepintió de todos sus pensamientos y deseos anteriores. Llevo sus manos al vientre para comprobar aliviada que todo seguía allí, que ese ser que era solo suyo seguía creciendo en su interior. Que no iba a dejarla. No podía dejarla, no en ese momento.
Abrió los ojos y lo supo, supo que se encontraba en un hospital y se sintió aún mas aliviada. Eso significaba que ella y su beba estaban en buenas manos. Que nada podía pasarles allí. La puerta del cuarto se abrió y Nes vio como una médica hacia acto de presencia.
— Veo que te has despertado —la mujer le sonrió—. Soy la Dra. Fernández. ¿Cómo te sientes, Vanesa?
— Bien —le costó encontrar su voz, hasta que al fin salió pastosa y ronca.
— Sabes porque estás aquí, ¿cierto? —Nes asintió sin querer escuchar su voz otra vez— Bien. ¿Qué es lo último que recuerdas?
— No quiero hablar de eso —dijo a media voz—. Lo recuerdo todo, pero prefiero no hablarlo.
— Comprendo, tu hermano me ha puesto al corriente —le comunicó la médica anotando cosas en su libreta—. Les has dado un buen susto a tus hermanos.
— ¿Están los dos aquí? —Nes no había pensado que Tony le avisaría a Sonia.
— Si y tienen ganas de verte, asique deja que te controle la presión y podrán entrar —le guiño un ojo y se puso a trabajar.
Viendo que todo estaba bien, pronto Sonia y Tony estuvieron abrazando a su hermana menor. Vanesa jamás había visto a sus hermanos tan tranquilos uno al lado del otro, por lo general no paraban de pelear; y Sonia jamás había visto a Nes tan triste, se le veía en los ojos, que ya no tenía ánimos y que si seguía respirando era gracias a su embarazo. Por primera vez tuvo miedo, miedo de perderla a ella, su pequeña niña... En los 18 años que llevaba compartiendo con ella, no había notado que la quería tanto ni la falta que le haría su rebelde hermana.
Sonia estaba sentada en una butaca junto a la cama y le tomaba a la mano a Vanesa, se la acariciaba con suavidad, dedicándole una sonrisa que intentaba ser consuelo. Tony no se atrevía a acercarse. La había abrazado a penas supo que estaba fuera de peligro, pero ya no se sentía lo suficientemente fuerte él como para darle ánimo a su hermana, cuando lo único que lograría seria deprimirla aún más. Estaba apoyado contra la pared, cerca de la puerta.
— Tony, ¿Por qué no le avisas a Nené que todo está bien? —Sonia miró a su hermano y este entendió que le daba la posibilidad de marcharse.
— ¿Se lo han dicho? —preguntó Nes cuando su hermano ya se había retirado.
— Si, llamó a tu teléfono para ver como estabas y tuvimos que contárselo —le acomodó los cabellos, esos que había envidiado en su adolescencia, porque a pesar de que también tenía los ojos verdes, solo Vanesa había heredado el cabello de su abuela materna—. Eres preciosa, ¿lo sabes? Cuando éramos chicas siempre estuve celosa de vos, de tu cabello, de tu sonrisa, de la soltura que tenias en todo, de que tenías amigos por todos lados... y de que te enamoraras... Ahora me arrepiento de ser tan tonta, de haberme alejado de ti por eso. Tendría que haberte aconsejado como lo haría cualquier hermana.
— Ya no importa —le aseguro abrazándola—. Ahora te necesito más.
— Lo sé y no me iré —le besó la frente—. Lo lamento tanto.
— ¿Dónde dejaste a la nena? —Nes cambio el tema, no quería hablar de él. No lo soportaba.
— Vanesa, en algún momento tendrás que hablarlo.
— Pero me duele... —se excusó ella como si fuera una niña pequeña.
— No puedo decirte que lo sé, que sé lo que se siente, porque no sería cierto. Tengo a todos los que quiero aquí —le dijo Sonia con sinceridad—. Lo qué si sé, es que no soporto verte así, que me duele tu dolor... y que no quiero perderte. Jamás había sentido tanto miedo como cuando Antonio me llamó diciéndome que te había traído al hospital... No te dejes vencer, si no lo haces por ti, hazlo por todos los que dependen de ti. Tu beba, Nené, Tony... Yo...
Vanesa observó a su hermana con un nudo formándose en su garganta. ¿Realmente era tan importante para ellos? Sintió que en su pecho el vacio que había sentido durante años se esfumaba. Por supuesto, que aun quedaba dentro de ella ese dolor, aunque momentáneamente aplacado, había generado la muerte de Kevin.
— ¿Cuándo nos podemos ir? —preguntó desviando la mirada para no demostrarle a Sonia lo destrozada que estaba por dentro, pero aún así busco su mano para apresarla entre las suyas.
— No lo sé, pero ya nos avisaran... —dejó que ella gobernara los silencios y las charlas, no quería presionarla.
Pasó alrededor de cuarenta minutos sin que ningún ruido más que los de sus respiraciones rompieran el silencio de la habitación. Vanesa, no hacía más que pensar en que haría en adelante. Se había recostado en la cama, pero no había soltado la mano de Sonia, que a pesar de sentir que se le acalambraba dejaba que su hermanita se la estrujara.
Cuando Sonia creyó que Nes se dormiría, la puerta de la habitación se abrió y Tony entró agarrado de la mano de una joven de cabellos negros hasta la barbilla con las puntas en un azul eléctrico. La joven, miraba hacia todos lados menos a la cama, como si se encontrara incomoda o desubicada estando en un lugar tan íntimo, pero Tony la había obligado a entrar con él.
— ¿Caperucita? —Antonio se acercó a su hermana sin dejar de sostener la mano de la chica— Ella es Mara, mi novia...
Vanesa levantó la vista de la almohada y miró a la joven. Era linda, siempre supo que su hermano encontraría una chica de buen ver como pareja. Sonrió desganada.
— Hola, Mara —Sonia extendió su mano sobre la cama y se la estrechó a su nueva cuñada—. Soy Sonia, la hermana mayor de estos dos...
— Antonio me ha contado sobre ustedes —dijo Mara con cordialidad y se vio interrumpida por la risa de Vanesa.
Tony y Sonia miraron a su hermana menor sin saber que era lo que sucedía. Nes al verse observada, se detuvo, también un poco desconcertaba por su arranque. Pero que la joven le llamara Antonio a su hermano, le dio risa. Nadie a excepción de sus padre le decían así, para todos él era Tony.
— Lo lamento —se disculpó sin mucha convicción—. Bienvenida a la familia Mara.
— Gracias...
Durante algunos minutos, hablaron de todo un poco. Nes, para entretenerse, les preguntó cómo se habían conocido y hacía cuanto que salían. Se enteró que Mara estudiaba veterinaria y que tenía tan solo un año más que ella, así como también que era hija única. Además, Nes combinó que se llevaría muy bien con ella.
— Fui a ver a Susana y a Julio... —soltó Tony de repente, en un momento en que las conversaciones habían cesado.
— ¿Cómo están? —preguntó Nes, que de pronto tenia la voz trémula.
— Eh... no muy bien, como es de esperarse —a él también se le había trasformado la voz; cada vez que hablaba de Kevin, se le hacía un nudo en el estomago—. Están preparando el velorio para pasado mañana.
Vanesa guardo silencio durante un momento. Sabía que Kevin estaba muerto, que no volvería, pero un velorio lo hacía aún más real y más doloroso. Se tendría que enfrentar a su cuerpo, a un Kevin tan frió y sin vida. Tragó en seco, pero ya había tomado una decisión.
— Quiero ir... —sentenció sin posibilidad de que alguien se lo negara.